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Agnieszka Bozanic, psicóloga y fundadora de GeroActivismo: “Chile es un país profundamente viejista”

por 6 junio, 2021

Agnieszka Bozanic, psicóloga y fundadora de GeroActivismo: “Chile es un país profundamente viejista”
Esta joven activista contra el edadismo vive y estudia en Barcelona, donde descubrió el concepto y lo transformó en causa al tomar conciencia de que en Chile se maltrata y no se respeta a las personas mayores, porque nadie quiere serlo. Comenta que a sus 71 años, el presidente Piñera habla de “nuestros abuelos”, cuando él debería incluirse en el grupo. Esta conducta no es sólo de él; es común a todas las autoridades, y representa muy bien el estereotipo negativo con que cargan los grandes, cuestión contradictoria con la mayor expectativa de vida.
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Pelar habas. Esa actividad une a la psicóloga chilena de origen croata Agnieszka Bozanic (34) con Asunción, la Peli, su abuela paterna, quien hoy a los 83 años tiene sordera y está “cursando una demencia”. Ese vínculo determina en parte importante que se haya especializado en psicogerontología y que haya creado una fundación que se llama GeroActivismo para combatir el “viejismo” que se vive en Chile. Otro dato casi “profético” de su biografía es que nació un primero de octubre, fecha en que se conmemora a las personas mayores en el mundo. 

Este compromiso anti edadismo, centrado sobre todo en las personas mayores, surgió en Barcelona, donde ha hecho sus estudios de postgrado y donde permanece hasta hoy terminando un doctorado en medicina e investigación translacional y donde nacerá su primera hija, Estela, ya que ahora mismo tiene 7 meses de embarazo. El año pasado, en revista Paula, dijo que en esa ciudad española, tomó conciencia de cuán viejista es la sociedad chilena. Habló de cómo las mujeres de más de 70 años lucen sus cuerpos en la playa sin complejos, cosa que en Chile no se ve, y de discotecas para personas mayores. 

Ella, dice, no está para discotecas dado su embarazo, así es que en entrevista para Piensa en Grandes, dice que se limita a escuchar “Don´t Stop Me Now”, de Queen, para revivir sus tiempos de carrete. “Me amparo en esos recuerdos para el futuro”, dice. Un futuro que será bien largo, porque Agnieszka sueña con vivir 100 años y trabaja en consecuencia.

“Me imagino un Chile inclusivo para todas las edades, sobre todo para las y los más grandes. Y como la discriminación ha sido el motor de mi vida en los últimos años, espero que la nueva constitución de alguna forma pueda traducirse en eso: un Chile en donde no las discrimine por entrar al grupo de los 60 o 65 años, a que vivamos en un país que permita el desarrollo de todos y todas, independientemente de la edad que se tenga, con una mejor calidad de vida para las personas mayores. Durante años, la sociedad chilena ha pensado que está mal envejecer, lo que es una paradoja, porque todas las políticas públicas en salud apuntan siempre a la mayor longevidad de los y las ciudadanas".

-¿Tienen conciencia las personas mayores de la discriminación de que son víctimas, de que Chile es un país viejista?

-Para mí fue evidente al vivir en Barcelona que en Chile las personas mayores sufren en una constante discriminación y violación de sus derechos humanos. Por eso fundé GeroActivismo, para que los mayores puedan identificar esa constante exclusión que padecen y que tiene muchas consecuencias físicas, sociales, psicológicas y económicas. Los grandes en Chile desconocen cuáles son sus derechos, los que están ratificados por la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos de las Personas Mayores, que Chile ratificó en 2017.

-Una cuestión llamativa es que las autoridades en Chile, el presidente Piñera, por ejemplo, que ya tiene 71 años, cuando habla de los adultos mayores no se incluya en el grupo. No sea empático y se sienta orgulloso miembro de la tercera edad. Y no es el único que actúa así. ¿A qué atribuyes este doble estándar? 

-Esa es una conducta muy extendida en todas las autoridades, lo vemos en muchos parlamentarios y parlamentarias. Nadie quiere incluirse ni ser catalogado como persona mayor. Esto debido a que ser mayor en el imaginario social de Chile es una condición que está rodeada de estereotipos negativos. Ser viejo es algo malo, se asocia a pobreza, a deterioro, a enfermedad; por eso, los otros son los viejos, yo no. A eso me refiero cuando digo que Chile es viejista desde lo estructural, desde los cimientos, cuestión que quedó en evidencia ahora en pandemia. Las medidas restrictivas más extremas las padecieron los mayores de 75 años. Para obtener permisos de circulación tenías que bajarlos de internet, cuando las estadísticas indican que sólo el 54% de los mayores en Chile tienen internet o usan teléfonos inteligentes, porcentaje que es mucho más bajo entre las personas mayores con escasos recursos. Chile no es un país amable para envejecer y se perpetúan estereotipos, pese a que el 84% de los mayores de 65 son autovalentes, capaces, no están enfermos ni presentan dependencia, sino que todo lo contrario. 

Agnieszka no se anda con chicas para responsabilizar en importante medida a los medios de comunicación por el trato discriminatorio que padecen los grandes en Chile. Señala: “Los periodistas y comunicadores tienen gran responsabilidad en perpetuar estereotipos y actitudes y conductas discriminaciones hacia las y los mayores”.

Yo no soy tu abuelita

-¿Cuáles serían los principales errores que cometemos los periodistas y los medios? 

-Uf, ¿por dónde partimos? –dice, sin ironía, pero con harta franqueza. Añade: -Hace unos meses, nosotros como Fundación GeroActivismo hicimos una guía de comunicación responsable hacia las personas mayores, justamente porque con ocasión de la pandemia vimos tratamientos en televisión de una tremenda violencia simbólica hacia ellas. El mal uso de conceptos, como “el abuelito”, cuando no todos las personas mayores abuelas, ni todas los abuelos son adultos mayores. Está, además, ese trato que apela a una falsa empatía, a un cariño compasivo, como partiendo de la base de que las personas mayores son objetos de caridad y sobreprotección. Nunca o casi nunca se ven historias o noticias que tengan que ver con los grandes empoderados, vitales, bien. Eso es muy terrible, porque supone además que lo positivo no es noticia. El fin de semana de las elecciones me tocó escuchar a una reportera decir algo así respecto de un votante: “Vamos a hablar con este señor de 80 años, que está completamente lúcido”. Realmente los comunicadores en Chile no son agentes de cambio: son perpetuadores del prejuicio y la discriminación, sin pensar que todos, por más jóvenes que seamos, vamos a llegar esa etapa y nadie merece ese trato.

Aprovechamos de comentarle a Anieszka que a propósito de lo visto con ocasión de la partida de proceso de vacunación en marzo pasado, Hogar de Cristo decidió publicar sus principios para avanzar en una comunicación que no discrime no sólo a las personas mayores, sino a las que viven en calle, son pobres, deben dejar la educación, tienen problemas de consumo o padecen discapacidad mental, entre otros grupos con los que trabaja la Fundación. Se llama, eso sí, “Yo no soy tu abuelita: Glosario para comunicar sin discriminar”, y está disponible en hogardecristo.cl para todo el que quiera entender que el lenguaje no es trivial y que –tal como dice Anieszka, perpetúa estigmas y discriminaciones. 

-Los resultados de las recientes elecciones han demonizado a los viejos en política. Que se vayan para la casa, parece ser la orden. ¿Qué te parecen en términos etarios y de conciencia del edadismo los resultados de la asamblea constituyente? 

-Los números indican que los 155 miembros electos tienen un promedio de 45 años de edad, hay pocos representantes de las personas mayores y tampoco sabemos si esos pocos llevan la bandera de lucha de las demandas específicas de las personas grandes, porque una cosa es ser mayor y otra, estar sensibilizado con las demandas particulares  de ese segmento. En GeroActivismo, hicimos el análisis de 100 candidatos en tres distritos de la región metropolitana. Y sólo una de ellos tenía conocimiento del contenido de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos de las Personas Mayores. Desgraciadamente, aunque fue electa, perdió su cupo por la ley de paridad. Me refiero a la abogada María Soledad Cisterna, mujer con discapacidad visual, que es premio Nacional de Derechos Humanos. De manera, que, aunque haya constituyentes de más edad, no me queda tan claro que hoy esté presente en la mesa constituyente. 

-¿Qué significa enarbolar la bandera de las personas mayores?

-Hacer mucho más que alusiones tangenciales a las pensiones. Muchos piensan que tocando ese tema se abordan todos los problemas de las personas mayores. No es así. Claro que es importante, en todas las encuestas los temas de preocupación de las personas, al margen de la edad, aparecen en primer lugar la salud y las pensiones. Pero temas como vivienda, transporte público, educación, son muy relevantes también. El Transantiago, por ejemplo, es un sistema completamente viejista. Vino a desmembrar relaciones de amistades, a imponer prácticas complejas sin preparación, como la carga de la tarjeta BIP. Este no es solo un problema de este gobierno, sino de todos los anteriores también: No ver a la persona mayor como un sujeto de derecho.  

Agnieszka está partiendo su vida adulta. Está a punto de ser mamá. Sufre por su abuela Peli, pero se la juega por ella y por los mayores de Chile. Antes de despedirnos, dice: “La edad biológica es mucho más relevante que la cronológica, es decir, cómo estamos cognitiva, física y nutricionalmente, además de otros determinantes sociales. Cómo vivimos es cómo envejecemos. Hay que tener claro que no es lo mismo ser mujer mayor que hombre mayor, o vivir en La Pintana o en Vitacura. Sabemos que Chile es un país desigual y eso se ve reflejado en los cuerpos de las personas mayores, en su salud. En Chile nadie siente la vejez propia, no se nos permite vivirla en libertad y dignidad, y esto se debe a que desde que tenemos uso de razón empezamos a interiorizar estereotipos negativos profundamente arraigados sobre el ser mayor”.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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