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PAÍS

¿Qué es desconexión social?: “Venderle veneno a tus vecinos”

por 5 septiembre, 2021

¿Qué es desconexión social?: “Venderle veneno a tus vecinos”
El ex capellán del Hogar de Cristo, hoy capellán de la Universidad Alberto Hurtado, Pablo Walker, analiza qué ha pasado con el narco en las poblaciones durante la pandemia como contexto del próximo lanzamiento de “Constitución y Pobreza”. El documento construido por distintas organizaciones, desde Techo al Hogar de Cristo, incluye propuestas con las necesidades de los más vulnerables, que deberían estar consideradas en la nueva carta magna.
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-Desgraciadamente, la pandemia ha sido una oportunidad para la expansión del narco en los territorios más vulnerables, porque los carabineros han estado distraídos en otro tipo de tareas. Porque no se ha perseguido nunca a los peces gordos, sino que a los que venden papelillos, y porque este virus, el COVID-19, ha sido una oportunidad para el crecimiento de la narco-beneficencia, una ocasión para el posicionamiento y la credibilidad de esta lacra bajo una falsa acción caritativa. Esto ha requerido que las organizaciones sociales en la poblaciones estén muy alertas a de dónde vienen los fondos de ayuda. Pero, sin duda, ha habido un ensanchamiento en los territorios del radio de acción y penetración del narco, donde urge también hacer un doble click en casos de corrupción de autoridades locales.  

El sacerdote jesuita Pablo Walker (55) no lo manda a decir con nadie, porque él, desde que dejó la capellanía general del Hogar de Cristo en 2018 y desde antes, ha estado más presente que nunca en los territorios, ahora como párroco en la Capilla Jesús Pastor de La Granja, además de capellán de la Universidad Alberto Hurtado. Durante el estallido social, se le vio acompañando protestas junto a los pobladores, saturados de décadas de abuso, angustia y abandono. 

“Las tres A, de las que hablaron los Círculos Territoriales a fines de 2019, convocados para entender los porqué de la explosión del 19 de octubre. Los Círculos Territoriales fueron una iniciativa de las organizaciones sociales, que tienen fuerte presencia territorial y trabajan con las poblaciones más vulnerables: Techo-Chile,  Fondo Esperanza, que trabaja con mujeres jefas de hogar, y Hogar de Cristo”, precisa el director ejecutivo de esta última fundación, Juan Cristóbal Romero. 

Él y Pablo Walker conversaron sobre la urgencia de que la realidad de “los nadies” –los excluidos por pobreza; discapacidad; diferencias raciales, de clase, de género, de edad, de ingresos, de educación, entre otros factores– tenga presencia y sea considerada en el contexto de la nueva constitución que aspiramos a que nos contenga e interprete a todos. Ambos fueron los invitados al programa Hora de Conversar del Hogar de Cristo, que se transmite vía streaming. 

En el encuentro el jesuita Walker ahondó en uno de sus objetos de lucha. Dijo: 

“Viviendo en una población y siendo vecino de la parte de abajo, donde habitan nuestros compatriotas más carenciados, donde se sufre el flagelo de las adicciones que son la única salida para sostener una vida desastrosa, difícil, dominada por problemas gravísimos de salud mental que no han sido atendidos por el Estado como correspondería en derecho, observo también a quienes están en el negocio de la droga, vendiéndole veneno a sus hermanos, con una especie de desconexión psíquica y social de lo que su actividad económica significa para los demás. El mismo que saluda con cariño al cura es el que ofrece ponerse con las camisetas y los completos para el bingo a beneficio de las ollas comunes. El mismo que le pide al cura que lo ayude a mantener alejados a sus hijos de esa cochinada es el que se la vende a sus vecinos. Imagínate el nivel de descohesión social. Cuesta entender cómo opera esa disociación que hace que algunos se compren las zapatillas y la ropa de marca, el auto de alta gama, a costa de la adicción y la miseria de sus vecinos. Hay algo de la autoestima dañada, menoscabada, durante años de ver en la televisión, el cine y la publicidad la abundancia y sentir si no hago algo, moriré como nací, siendo pobre, un ser de segunda categoría. En ese sentimiento de frustración se cuela un negocio ilícito, desregulado, capaz de unos niveles asombrosos de ganancia económica, pero con una capacidad corruptora infinita. No sólo de las instituciones, sino de las personas, a las que cercena en lo psíquico y espiritual, haciendo que se desconecten de su humanidad, legitimando hasta el homicidio. Veo a niños, abuelas, mujeres, madres de familia, satisfechas de que no serán ninguneadas nunca más porque tienen armas, droga y dinero. Todo esto gracias a un Estado deficitario, que no vio cuál podía ser el resultado de un modelo que les ha dicho a todos que si no tienen dinero, no son nadie”.

-Frente a ese panorama desolador, suena imposible hablar de cohesión social, ¿o no?

-Creo que el estallido social más la posterior situación sanitaria y económica que generó la pandemia permite ver lo que denunció tan claramente en su tiempo el padre Hurtado, cuando dijo que el pobre es Cristo y que en el encuentro cotidiano con la persona que ha sufrido la injusticia y la pobreza hay fuentes de lucidez para percibir no sólo las flores que germinan, sino también las espigas que están corroyendo la amistad cívica, la cohesión social. Por eso, no fue sorpresivo para los trabajadores sociales de las distintas organizaciones que están cerca del que ha sido esquilmado, burlado, frustrado en sus derechos, el ¡basta ya! del estallido social. Nosotros, como Hogar de Cristo, sabíamos ya en 2015 que había un malestar latente y por eso lanzamos la campaña de socios “Indígnate, Involúcrate”.

Interviene Juan Cristóbal Romero: 

-Sí, una campaña que molestó a muchos porque afirmaba que “la pobreza es la mayor vulneración de los derechos humanos”. Y tal como dice Pablo, en los Círculos Territoriales, donde participaron 25 mil personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, mujeres en su mayoría, una de las valoraciones más bajas respecto a las emociones que despertó el estallido social, fue la sorpresa. La sorpresa era la penúltima emoción, a diferencia de lo que les pasaba a muchos otros sectores, más privilegiados, que no entendían el descontento, que no vieron venir algo así, que se sorprendieron. Por eso es tan importante reflexionar sobre esto. 

-Por eso cómo no vamos a recibir como una buena noticia que de todo esto haya nacido la posibilidad de escribir un nuevo pacto social que nos represente en una constitución escrita por todos, donde el dinero no haga la diferencia y tú seas reconocido no por lo que tienes en el bolsillo, sino por quién eres –remata Walker. 

Cuando la violencia se hace crónica

“Esperanza” es la palabra que surgió en las respuestas de los Círculos Territoriales, iniciativa que, ahora, junto a más instituciones vinculadas a la Compañía de Jesús –Súmate, Emplea, Techo-Chile y Fundación Vivienda, Fondo Esperanza, Infocap, Espacio Mandela, Servicio Jesuita a Migrantes, Centro Vives de la Universidad Alberto Hurtado, Comunidad Jesuita de Tirúa y el Hogar de Cristo–, ha sido un insumo clave en la construcción del documento “Constitución y Pobreza” que busca visibilizar entre los constituyentes la realidad de los grupos más vulnerables –mujeres, niños, niñas y adolescentes, personas mayores, personas en situación de calle, personas privadas de libertad, personas con discapacidad, personas migrantes y pueblo mapuche– y entregar propuestas. El documento será presentado a la Convención Constituyente en los próximos días e irá precedido de un seminario donde se darán a conocer las propuestas para estos segmentos poblacionales excluidos.

-Los Círculos Territoriales fueron un ejercicio de escucha y de dignidad. Para los más pobres, el proceso constituyente provoca mucho más esperanza que miedo. A diferencia de los sectores acomodados, entre los más excluidos, el estallido social es la consecuencia natural de una larga situación de  injusticia y desigualdad que no puede seguir siendo normalizada. Y, mirando el otro lado de la moneda, es lógico que los que están en situación de privilegio sientan temor, desconfianza y rechazo frente a lo sucedido –sostiene el sacerdote Pablo Walker, mientras Juan Cristóbal Romero, complementa, mirando hacia el futuro: “La falta de cohesión social que explica el estallido social  encuentra unidad en el anhelo de que esta nueva constitución dé frutos en términos de igualdad y justicia, que nos haga a todos partícipes de este sueño común que es Chile”. 

-Quizás la pregunta sea de qué hablamos cuando hablamos de cohesión social. ¿Cómo define este concepto cada uno?

Responde Pablo Walker: 

-La cohesión social para mí es el sentido de pertenencia a un origen y a un destino común. Es lo que  permite estar juntos a los que somos diversos en las buenas y en las malas, en la clasificación a un Mundial y en las catástrofes. Es sentir propios tanto la fiesta como el drama. Y eso se va horadando cuando la experiencia cotidiana de compartir la fiesta y la tragedia se van haciendo cada vez más lejanas, porque cuando hace un calor insoportable, algunos tienen aire acondicionado, porque cuando falta agua para regar el campo y mantener al ganado de subsistencia, algunos se duchan más de media hora dos veces al día. Hay en el contraste entre tu vida tan cómoda y la mía tan adversa, mucha rabia acumulada, que explotó ese 18 de octubre. Ahora, con la pandemia hemos constatado la segregación territorial, educacional, sanitaria, habitacional… y el resurgir de las ollas comunes. A mí me toca estar en la población Yungay, donde hay una frente a la otra. Una de ellas tiene el lema: “Sólo el pobre ayuda al pobre”. Es evidente que hoy existe una conflictividad entre las clases sociales. El padre Hurtado, con mucha honestidad, lo reconocía así. Hoy hace falta esa honestidad básica para reconocer de dónde surge ese antagonismo y cómo solucionarlo. Alberto Hurtado hablaba de justicia, no de caridad, porque entendía cómo son las cosas.  

Juan Cristóbal Romero habla de dos países divididos y opuestos. “Uno es ese donde no operan ni el estado ni los derechos. Donde el síntoma más evidente de la anomia es la desigualdad, no sólo económica, sino  de oportunidades, de trato, de seguridad. Es ahí, donde el Estado no está resguardando debidamente los derechos de los ciudadanos, donde, como dice Pablo, entra el narcotráfico que finalmente es una cultura que permite suplir carencias no satisfechas”. 

Interviene Pablo Walker, destacando el rol de las organizaciones de la sociedad civil organizada. “Los Círculos Territoriales son puro reconocimiento y satisfacen ese anhelo de que tu voz sea escuchada. Siento que hay un deber ético frente a la rabia, incluso frente al delito o la violencia. Creo que en vez de mal aplacarlos con la policía, en un real Estado de Derecho hay que preguntarse por qué llegamos a esto. No se solucionan los problemas atacando sus efectos, sino resolviendo sus causas, tal como decía el padre Hurtado”. 

El director ejecutivo del Hogar de Cristo agrega: “Para mí la Convención Constituyente está satisfaciendo en  cierta medida esa necesidad de pertenencia y participación.  Las principales expectativas que tienen los más excluidos es verse representados en las decisiones, más allá de lo que resulte. Hay en la Convención personas que encarnan ciertos anhelos históricos, como los representantes de los pueblos originarios o personas que vienen de estratos socioeconómicos que tradicionalmente no han tenido voz ni participación. Ese sólo hecho va a resultar en un texto con un nivel de adhesión alto que no va a quebrará expectativas. También el proceso está sirviendo para que todos comprendamos los alcances de una constitución. La constitución no es una política pública, no hace la tarea de un municipio. La constitución fija los grandes marcos jurídicos de reconocimiento de derechos y tiene un efecto simbólico muy, muy potente, en el sentido que establecerá nuestro marco de convivencia para los próximos años”.

-¿Qué expectativas tienes tú, Pablo?

-Hay un riesgo de que sea un bluf, siempre lo hay. Los grupos de privilegio tienen reacciones de sospecha, de preocupación, pero intentando seguirle el tranco a Jesús, creo que la esperanza de los pobres es sagrada y es posible. Ahí me quedo. 

-¿Y cómo ves el tema de la violencia? 

-Ciertamente no es el camino. Pero la violencia es un síntoma y la lucidez que nos debería dar el  humanismo 2.0 que necesitamos hoy como país nos obliga a ver los síntomas. Es lo mismo que pasa cuando tu hijo te grita y te tira los platos, tú tienes dos alternativas: decir eso no se hace y castigarlo o sentarte a conversar con él y descubrir la historia de su ira. Eso no te denigra como autoridad; te fortalece y crea cohesión intergeneracional, en el caso de tu hijo, y social y entre clases, aplicada al país. Juan Pablo II hablaba de una violencia invisible que es la acumulación de negligencias, de mezquindad, de no mirar el conjunto sino solo a tu grupo de pertenencia. De eso hay que librarse. 

-Hay sectores donde el síntoma de la violencia parece estar volviéndose crónico, como en la macrozona del conflicto mapuche. ¿Qué piensan que se puede hacer ahí?

-Los problemas políticos no se resuelven solamente  con carabineros. Ahí hace falta el oficio del político, del filósofo, de todos los involucrados. Ahí se requiere  de una inteligencia concordante con el nivel del conflicto para que el síntoma no se cronifique –responde el párroco de la Jesús Pastor de La Granja. 

Por su parte, el director ejecutivo del Hogar de Cristo, coincide y agrega: 

-Comparto con Pablo que el fenómeno que está ocurriendo La Araucanía y Arauco es tan complejo que requiere de una inteligencia mayor. Allí conviven causas contemporáneas e históricas, reconocimientos pasados con fenómenos contingentes, como el narcotráfico. Solemos quedarnos con respuestas simples, maniqueas, dicotómicas, cuando sabemos que esto es mucho más complejo y, a estas alturas, debería tener otro tipo de respuestas. Nuestro documento Constitución y Pobreza propone algunas.   

Reformar las conciencias

-Juan Cristóbal, ¿cómo crees que entienden la solidaridad los socios del Hogar de Cristo hoy, porque para muchos detrás de esas acciones caritativas lo que hay es una suerte de alivio de conciencia? 

-Eso ha ido cambiando. Hoy las personas, nuestros socios, tienen muchas formas de aproximarse a la solidaridad y al anhelo de justicia. Convivimos con varias culturas, algunas creen en una suerte de caridad condescendiente y otras en una solidaridad mucho más orientada hacia la justicia, donde la pobreza se entiende como la más grave vulneración de los derechos humanos. Creo que esta última postura es la que ha ganado terreno. En el diálogo con los más jóvenes aprecio una mayor conciencia de la vulneración de derechos que hay tras la pobreza. La propia visión del Hogar de Cristo también ha evolucionado respecto de lo que era hace 20 años. Se hablaba de mitigar el dolor de la pobreza, por ejemplo, hoy sabemos que la única manera se superarla es a través de la restitución de derechos.   

Pablo Walker agrega: “No es lo mismo la caridad condescendiente del que chorrea algo de su bienestar a los pobres, por así decirlo, que la caridad cristiana, que es gratuita, no busca aplacar culpas, entiende que hay gestos que no se explican por un deuda o una culpa, sino por humanidad y que son necesarios para vivir mejor todos”.   

Y Juan Cristóbal retruca: “El padre Hurtado tiene una frase que para mí es clave y hoy cobra distintas dimensiones. Se refiere a que las reformas sociales estructurales necesitan reformas de conciencia. Esto último el Estado no puede exigirlo, pero creo que organizaciones de la sociedad civil, como el Hogar de Cristo, sí estamos llamadas a acelerar esas reformas de conciencia respecto de los grandes dolores de nuestro país: la desigualdad, la pobreza, la violencia. Una sociedad que desconfía, que no se involucra, que no adhiera los valores porque no se siente parte de un proyecto común, requiere una reforma  de conciencia. Sin ella no vamos a resolver los profundos conflictos que están en la raíz de los desafíos que tiene Chile hoy”. 

 

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