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Belém: la cumbre donde el clima se mide en verdad, dinero y justicia

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¡Hola! Llegamos a Belém con la sensación de estar ante un punto de inflexión. No solo porque la COP30 marca una década desde el Acuerdo de París, sino también porque el planeta ya superó el aumento de los 1,5 °C y el margen de maniobra se vuelve mínimo. Esta edición especial de Juego Limpio busca mirar más allá del ritual diplomático y entender qué está realmente en juego: la credibilidad de un sistema multilateral que promete acción, pero que aún tropieza en la ejecución.

  • En el primero de nuestros artículos, relatamos cómo el anfitrión, Brasil, asumió un protagonismo inédito. Lula da Silva inauguró la conferencia con un mensaje claro: “La Amazonía no necesita promesas, necesita acción”. Su frase marcó el tono de una cumbre donde se decidirá si los países son capaces de traducir diagnósticos en políticas concretas. Desde la adopción de la agenda provisional hasta la disputa por incluir temas como comercio y transición justa, el pulso político de las negociaciones ya anticipa jornadas intensas.
  • En el segundo artículo, “Menos líderes mundiales pero una meta ambiciosa”, hemos querido mostrar el giro estructural de esta COP: menos jefes de Estado y más técnicos. En el corazón de la Amazonía, los reflectores apuntan a los equipos que deben convertir los compromisos en políticas reales. En contraste con las ausencias notorias como las de Estados Unidos e India–, destacó la presencia de Gabriel Boric, quien llamó a “poner la ciencia y la evidencia en el centro de las decisiones”.
  • En “NDC: las brújulas del clima global y el compromiso de Chile” exploramos el núcleo técnico y político de esta COP30: la actualización de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional. Chile presentó su nueva NDC con un enfoque que mezcla neutralidad de carbono, justicia socioecológica y adaptación territorial. Es, quizá, uno de los compromisos más completos del sur global, pero también una prueba de fuego: ¿podemos, siendo un país emergente, avanzar sin los recursos que prometen –y no entregan– las economías desarrolladas?
  • En los últimos dos temas pondremos foco en el corazón de la cumbre: el financiamiento climático. Y en la gran deuda, de la que hasta ahora nadie ha querido hablar: la batalla por los minerales críticos para la transición energética. Respecto del corazón de la COP30, haremos un zoom al intento por movilizar 1,3 billones de dólares anuales para 2035. Y en cuanto al dilema por la minería, nos detenemos en un debate inédito: por primera vez, la COP aborda la minería como un tema climático. El cobre, el litio, el cobalto y el níquel son esenciales para la energía limpia, pero su extracción plantea dilemas éticos y ambientales que los países productores –como Chile y Brasil– exigen poner sobre la mesa. La discusión promete abrir un nuevo frente: cómo asegurar que la transición no repita los errores extractivistas del pasado.
  • Finalmente, en “Breves medioambientales que sí importan”, presentamos tres historias que atraviesan la cumbre desde ángulos menos institucionales: el funeral simbólico a los combustibles fósiles en las calles de Belém; el estudio de Maldita.es sobre la desinformación climática en redes sociales; y el llamado de la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, a impulsar un tratado global contra el metano. Tres piezas distintas, pero unidas por una misma urgencia: desmontar la inercia que impide actuar.

Esta edición especial de Juego Limpio nace con una convicción: el clima no se juega solo en las cifras, sino también en las decisiones que se postergan o se enfrentan.

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Belém inaugura la COP30 con una agenda cargada de tensiones, promesas y urgencias climáticas

Tras semanas de expectación y una inédita Cumbre de Líderes organizada directamente por el país anfitrión, Brasil, la COP30 dio oficialmente el puntapié inicial. La cita, que reúne a casi 200 países bajo el Acuerdo de París, se abre en medio de discursos encendidos, promesas de acción inmediata y una agenda provisional que anticipa negociaciones intensas durante las próximas dos semanas.

“Esta será la COP de la verdad”, declaró Luiz Inácio Lula da Silva el jueves pasado, en un tono que mezcló esperanza y advertencia. “Es el momento de tomarse en serio las advertencias de la ciencia y decidir si tendremos el coraje de transformar el mundo”, agregó. Su mensaje resonó con fuerza, pero también dejó la vara alta: ¿será esta COP capaz de cerrar la brecha entre la retórica y la acción?

El debate comenzó, como siempre, por lo esencial: la adopción de la agenda provisional, ese documento técnico que define qué temas se discutirán y cuáles quedarán fuera del radar político. Pero este año la disputa tiene más carga simbólica que nunca. Sin consenso sobre la agenda, no hay negociación posible, y lo que logre entrar en ella marcará el rumbo de toda la conferencia.

La versión final publicada ayer por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) confirma que la COP30 estará dominada por cuatro grandes ejes: la implementación del primer balance global del Acuerdo de París (global stocktake), la financiación climática –especialmente el nuevo fondo para pérdidas y daños–, la revisión de los programas de mitigación y transición justa, y el espinoso debate sobre comercio y cooperación internacional frente a medidas unilaterales con impacto climático.

Entre los puntos más esperados figura la aplicación de la Decisión 1/CMA.5, que recoge los resultados del primer stocktake y exige a los países ajustar sus compromisos nacionales para mantener viva la meta de 1,5 °C. En paralelo, se discutirá el programa de transición justa de Emiratos Árabes Unidos, que busca garantizar que el abandono de los combustibles fósiles no deje atrás a trabajadores ni comunidades. No faltarán las tensiones: mientras Europa presiona por mecanismos de financiamiento robustos y verificables, países en desarrollo insisten en que los compromisos deben ir acompañados de recursos reales y tecnología accesible.

Otro eje caliente será el nuevo Fondo para Pérdidas y Daños, aprobado el año pasado en Dubái, que ahora enfrenta su prueba de fuego: pasar del papel al desembolso efectivo. Los países más vulnerables, encabezados por el bloque africano y las islas del Pacífico, demandan que este fondo opere bajo reglas claras, con aportes garantizados de las economías históricamente más contaminantes.

También llega a la mesa un tema inesperado: la inclusión de un subpunto sobre “medidas comerciales unilaterales relacionadas con el cambio climático”, impulsado por China y Brasil, en respuesta a los impuestos fronterizos europeos al carbono. El asunto promete ser una de las batallas diplomáticas de la COP, pues toca directamente la relación entre política climática y competitividad económica.

Por otra parte, la agenda reserva un espacio clave para la tecnología y la transparencia: el seguimiento del artículo 13 del Acuerdo de París –que exige reportes periódicos de emisiones y apoyo financiero– y la revisión de las funciones del Centro y Red de Tecnología Climática, que coordina la transferencia tecnológica a los países del sur global.

El desafío, como resumió un negociador latinoamericano al llegar a Belém, “no será acordar diagnósticos, sino traducirlos en acción política, en dinero y en resultados”.

Con una agenda más amplia y cargada que nunca –que va desde adaptación y financiamiento hasta comercio, cooperación y justicia climática–, la COP30 se instala como una bisagra en la historia de las negociaciones. Belém, ciudad amazónica y símbolo de lo que el mundo tiene aún por salvar, será testigo de si la comunidad internacional decide dar el salto o seguir en el pantano de la retórica.

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Menos líderes mundiales pero una meta ambiciosa: pasar del discurso a la implementación

En el corazón de la Amazonía, bajo un calor húmedo que parece recordar de qué va todo esto, comenzó oficialmente la COP30. Por primera vez, la conferencia climática más importante del planeta se celebra en el bioma más vital y uno de los más amenazados del mundo. Pero a diferencia de años anteriores, el tono es distinto. No se espera una gran declaración final, así como tampoco hubo una cumbre repleta de jefes de Estado posando para la foto. La verdadera expectativa está puesta en algo más difícil y menos glamoroso: la implementación.

La Cumbre de Líderes, celebrada los días 6 y 7 de noviembre, dio el puntapié político. Participaron cerca de 60 mandatarios –15 menos que el año pasado y menos de la mitad de los que acudieron a Dubái en 2023–, reflejo de un fenómeno que se repite: la asistencia de presidentes y primeros ministros cae año a año, junto con la fe en los procesos multilaterales.

¿Por qué esta desafección? En parte, porque el foco se ha desplazado: el tiempo de las fotos y los discursos grandilocuentes parece agotado. Hoy la atención se concentra en los negociadores y técnicos, en los detalles de cómo se traducirá la acción climática en políticas nacionales. “Esta es la COP de la implementación, no de los titulares”, repitieron varios delegados en el curso de los primeros días de la COP30.

Entre las ausencias más notorias estuvieron las de Estados Unidos, India y Rusia. La administración estadounidense, tras su nueva retirada del Acuerdo de París, se convirtió en el gran fantasma de la cumbre. China, el principal emisor de gases de efecto invernadero, envió al viceprimer ministro Ding Xuexiang, quien insistió en que los países desarrollados deben “cumplir con su responsabilidad histórica” y garantizar apoyo financiero y tecnológico a los países del sur global.

Boric y la transición energética

Aunque en Chile y en ambiente electoral, previo a los comicios presidenciales y parlamentarios de este domingo, las declaraciones del Presidente Boric fueron criticadas, fundamentalmente por la derecha, a raíz de sus críticas contra Trump, lo cierto es que los dichos del Mandatario no fueron en absoluto materia de controversia en el plano internacional, por el contrario, contaron con el apoyo transversal de la mayoría de los jefes de Estado presentes y de los delegados nacionales.

¿Qué dijo en concreto Gabriel Boric? Pidió “poner a la ciencia y la evidencia científica en el centro de las decisiones”. Formando parte de la sesión temática sobre Transición Energética, el Presidente abordó temas cruciales, por ejemplo, la necesidad de ampliar el uso de combustibles sostenibles para reducir la demanda de combustibles fósiles como complemento a la electrificación; el rol de las redes y el almacenamiento como parte esencial para lograr el objetivo de triplicar la capacidad global de energía renovable; y duplicar la tasa promedio anual global de mejoras en la eficiencia energética para 2030. Además, abordó la urgente necesidad de tratar la pobreza y la injusticia energética.

Fue en este punto donde sostuvo que América Latina tiene un enorme potencial en energías renovables, pero también una deuda social y ambiental que debemos saldar, enfoque que resonó especialmente entre las delegaciones del sur global.

Lula y el tono de una presidencia ambiciosa

Brasil, anfitrión de la COP30, asumió un rol protagónico desde el inicio. Lula da Silva inauguró la cumbre con un mensaje directo: “No hay tiempo para discursos, ni para falsos compromisos. La Amazonía no necesita promesas, necesita acción”. El mandatario brasileño –que busca reposicionar a su país como potencia ambiental– propuso un pacto global para detener la deforestación y duplicar los fondos de adaptación antes de 2030.

La presidencia brasileña también introdujo un cambio estructural en la dinámica del evento: por primera vez, la Cumbre de Líderes fue organizada por el país anfitrión y no por la Secretaría de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). La jugada no fue menor. Permitió a Brasil imprimir su propio sello político y centrar la discusión en la Amazonía como símbolo del equilibrio climático global.

La COP30 coincide con el décimo aniversario del Acuerdo de París, aquel pacto que prometía mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 °C, e idealmente en 1,5 °C. Pero las cifras no acompañan el optimismo. Incluso si los países cumplen todos sus compromisos actuales, el planeta se encamina a un calentamiento de entre 2,3 °C y 2,5 °C hacia finales de siglo.

América Latina llega a la COP30 con heridas abiertas. Sequías históricas, huracanes más violentos –como Melissa, que devastó Jamaica–, incendios en la Amazonía y retrocesos en materia de transición energética marcan el panorama.

Los países latinoamericanos esperan que la COP30 no sea solo una vitrina, sino también una oportunidad para consolidar una agenda común: exigir más financiamiento, justicia climática y un papel activo en la transición energética global.

Ahora con las cámaras apagadas y los líderes de regreso en sus países, comienza la parte más ardua. En Belém, las negociaciones se concentrarán en la implementación de los planes climáticos nacionales (NDC).

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NDC: las brújulas del clima global y los nuevos compromisos de Chile

En Belém, mientras la COP30 avanza entre discursos, promesas y tensiones, una palabra resuena como eco en los pasillos de negociación: ambición, ambición y ambición. ¿Pero cómo se mide la ambición climática? Se hace a través de las NDC, siglas en inglés para Nationally Determined Contributions (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional), y que son los compromisos que cada país presenta ante Naciones Unidas para reducir sus emisiones y adaptarse al cambio climático. En esencia, son la medida concreta de la ambición climática global.

Pero ¿por qué son tan importantes? Porque el Acuerdo de París de 2015 no impuso cuotas obligatorias, sino que estableció un mecanismo progresivo de “ajuste hacia arriba”: cada cinco años, los países deben revisar y fortalecer sus metas. La idea es simple: que nadie retroceda, que todos avancen. Pero hasta la fecha no ha funcionado como se esperaba.

Diez años después del Acuerdo de París, el planeta ya superó los 1,5 °C de aumento promedio en 2024 y, según el Balance Global de la COP28, los compromisos actuales siguen siendo insuficientes. En ese contexto, la actualización de las NDC es mucho más que un trámite diplomático: es la oportunidad –quizás la última– para reencaminar el rumbo.

Chile y su nueva NDC: una hoja de ruta hacia la transición socioecológica justa

Chile presentó este año su actualización 2025 de la NDC, aprobada por el Presidente Gabriel Boric en agosto, como un compromiso de Estado y no solo de Gobierno. El documento, de más de 60 páginas, combina la ambición climática con una mirada social, territorial y participativa.

¿Qué propone concretamente?

  1. Neutralidad de carbono a 2050: Chile mantiene su meta de alcanzar emisiones netas cero para mitad de siglo, pero esta vez establece presupuestos sectoriales de carbono para energía, transporte, minería, agricultura y construcción, con mecanismos vinculantes bajo la Ley Marco de Cambio Climático.
  2. Transición socioecológica justa: el nuevo Pilar Social se transforma en una Estrategia Nacional de Transición Socioecológica Justa (ENTSEJ), que busca que la descarbonización no deje a nadie atrás. Incluye medidas de reconversión laboral, monitoreo de impactos sociales y fortalecimiento del trabajo decente en sectores en transición.
  3. Adaptación basada en la ciencia y el territorio: Chile adopta el marco del Objetivo Mundial de Adaptación aprobado en Dubái, con metas en seguridad hídrica, salud, biodiversidad y resiliencia urbana. Se incorporan instrumentos subnacionales obligatorios: todos los municipios deberán contar con un plan comunal de acción climática antes de 2030.
  4. Mitigación en ecosistemas clave: se refuerzan compromisos en bosques, humedales y océanos, incluyendo un programa nacional para restaurar ecosistemas degradados y conservar carbono azul, vital para la absorción de CO₂.
  5. Gobernanza multinivel y participación ciudadana: la NDC fue elaborada tras un proceso participativo de 16 talleres regionales y cuatro encuentros multiactor. Este enfoque busca que la acción climática se construya “desde abajo”, articulando municipios, comunidades y sector privado.

Las NDC son, en el fondo, el núcleo político de esta COP30. No habrá una gran declaración final ni un nuevo tratado, pero sí un escrutinio riguroso sobre la implementación real de los compromisos.

Las preguntas que sobrevuelan Belém son directas:

  • ¿Cuántos países lograrán presentar NDC más ambiciosas y verificables antes de 2026?
  • ¿Cómo se financiará la transición en los países del sur global?
  • ¿Serán suficientes las nuevas metas para frenar la curva ascendente de las emisiones?

Según la ONU, apenas 72 de 198 países han presentado su actualización y la mayoría carece de planes detallados de financiamiento y transparencia. En ese escenario, Chile aparece como un caso de estudio: un país emergente que, pese a su baja contribución al total global (0,1 %), busca liderar por consistencia y no por tamaño.

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De Bakú a Belém: el mapa del dinero climático

El financiamiento climático vuelve a ocupar el centro de la escena en la COP30. A un año del histórico acuerdo alcanzado en Bakú, Azerbaiyán, los países llegan a Belém con una hoja de ruta ambiciosa: movilizar 1,3 billones de dólares anuales para 2035, destinados a la acción climática en los países en desarrollo. El compromiso, bautizado como la Hoja de Ruta de Bakú a Belém, pretende transformar el modo en que el mundo financia la transición verde.

El acuerdo de 2024 triplicó la meta original de 100 mil millones de dólares anuales fijada en el Acuerdo de París, una cifra que tardó siete años en concretarse. Ahora, los países desarrollados asumieron el compromiso de “tomar la iniciativa” en movilizar 300 mil millones anuales, mientras que el resto de los actores –bancos de desarrollo, sector privado y cooperación Sur-Sur– deberán aportar el resto.

Pero ¿cómo se construye una hoja de ruta de semejante escala? El documento publicado en el marco de la Cumbre de Líderes define cinco frentes de acción, conocidos como los “5R”: en conjunto, buscan orientar el esfuerzo mundial para que los flujos financieros acompañen el ritmo y la urgencia de la crisis climática.

  1. Reponer implica fortalecer los fondos existentes, como el Fondo Verde para el Clima, y promover fuentes concesionales y de bajo costo.
  2. Reequilibrar se centra en crear espacio fiscal y abordar la sostenibilidad de la deuda, promoviendo mecanismos como canjes de deuda por acción climática y cláusulas de resiliencia.
  3. Redirigir busca transformar las finanzas privadas, reduciendo el costo de capital en países en desarrollo.
  4. Renovar apunta a mejorar la coordinación institucional y la capacidad de gestión de proyectos climáticos.
  5. Remodelar llama a una reforma profunda de la arquitectura financiera internacional, para garantizar flujos de capital más equitativos.

Entre las propuestas más innovadoras se incluyen impuestos globales al carbono, al transporte aéreo y marítimo, y a transacciones financieras internacionales, así como la creación de un fondo para canjes de deuda y nuevas emisiones de Derechos Especiales de Giro (DEG) orientadas al clima.

¿De dónde saldrá el dinero? La hoja de ruta prevé una mezcla de fuentes públicas y privadas para alcanzar los 1,3 billones:

  • 80 mil millones en financiamiento bilateral.
  • 300 mil millones de bancos de desarrollo y fondos multilaterales.
  • 40 mil millones de cooperación Sur-Sur.
  • 650 mil millones del sector privado.
  • 230 mil millones de fuentes innovadoras.

En otras palabras, más de la mitad de los recursos deberá provenir del sector financiero privado. Esa dependencia marca el mayor desafío del plan: generar condiciones estables, confiables y rentables para las inversiones verdes en países del Sur Global.

A pesar del tono de urgencia del documento, las dudas persisten. No hay todavía un mecanismo claro de seguimiento que permita verificar el avance hacia la meta de 1,3 billones.

Según la experta mexicana Sandra Guzmán, directora del Grupo de Financiamiento de América Latina y el Caribe (GFLAC), el texto “presenta elementos positivos como la diversidad de instrumentos financieros y la inclusión de temas críticos como la adaptación, pero mantiene un mensaje débil respecto a las obligaciones de los países desarrollados y un tratamiento insuficiente del problema de la deuda”.

La crítica no es menor. Muchos países vulnerables enfrentan una trampa de deuda climática: deben endeudarse más para financiar la adaptación, lo que limita su capacidad de invertir en desarrollo sostenible.

La pregunta que sobrevuela la COP30 es tan vieja como urgente: ¿quién debe pagar por la crisis que el mundo enfrenta? El principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” sigue siendo el eje moral y político de la negociación. Los países en desarrollo reclaman que los compromisos financieros sean nuevos, adicionales y no condicionados, mientras que las economías desarrolladas buscan incluir al sector privado y a las economías emergentes como China o Arabia Saudita dentro del esfuerzo colectivo.

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La batalla por los minerales críticos: el costo oculto de la transición energética

Por primera vez en tres décadas de negociaciones climáticas, la COP podría mirar de frente un tema que hasta ahora se mantenía fuera de la conversación oficial: la minería y los minerales críticos para la transición energética. En Belém, se comienza a inundar el ambiente para que los negociadores se preparen para discutir lo que muchos consideran la gran laguna del Acuerdo de París: cómo garantizar que la demanda global de cobre, litio, cobalto, níquel y grafito –los pilares de la energía limpia– no repita los errores extractivistas del pasado.

El desafío no es menor. Según estimaciones del Banco Mundial, la producción de estos minerales deberá aumentar hasta 500% para 2050 si el mundo quiere cumplir con sus metas de descarbonización. Pero mientras las turbinas eólicas y los autos eléctricos se presentan como símbolos del futuro verde, las minas que los hacen posibles están generando conflictos, contaminación y deforestación en los países que los proveen.

¿Puede haber una transición energética sin justicia minera? Esa es la pregunta que podría definir el tono de la COP30, una cumbre que aspira a ser la “COP de la implementación”, pero que ahora enfrenta un dilema estructural: cómo equilibrar el crecimiento de las energías limpias con la sostenibilidad social y ambiental de los territorios donde nacen sus materias primas.

Una discusión inédita

En las negociaciones preparatorias rumbo a Belém, diplomáticos de América Latina, África y Asia –agrupados en el G77 + China– solicitaron formalmente incluir el tema de los minerales críticos en la agenda climática. Argumentaron que la minería debe entenderse no solo como una actividad económica, sino también como un componente esencial de la transición energética global.

“Estamos ante una paradoja”, explicó un negociador latinoamericano: “Los países del sur aportamos los minerales para salvar el clima, pero pagamos el costo ambiental y social de su extracción”.

  • Brasil, anfitrión de la COP30, ha tomado la iniciativa. La presidencia brasileña considera prioritario alcanzar “resultados concretos” en el Programa de Trabajo para una Transición Justa, un espacio que busca asegurar que el cambio hacia energías limpias respete los derechos humanos, promueva el desarrollo sostenible y no deje atrás a las comunidades locales.

Los metales estratégicos como el cobre chileno, el litio también chileno, boliviano y argentino, el níquel indonesio o el cobalto congoleño son esenciales para fabricar paneles solares, baterías y autos eléctricos. Pero detrás de esa promesa verde se esconde un dilema.

La creciente demanda de minerales está alimentando nuevas olas de deforestación, desplazamientos de comunidades y expansión de proyectos en zonas de alta biodiversidad. De hecho, más de la mitad de las reservas de minerales para la transición energética se encuentra en tierras indígenas o cerca de ellas, según datos del Instituto de Gobernanza de Recursos Naturales.

El caso de Indonesia ilustra el riesgo: el país ha abierto nuevas centrales de carbón para alimentar su industria del níquel, una contradicción que evidencia cómo la urgencia por abastecer la transición puede, irónicamente, alimentar las emisiones.

“Sin reglas claras, la minería puede convertirse en el talón de Aquiles de la transición energética”, advirtió Antonio Hill, asesor del Instituto de Gobernanza de Recursos Naturales. “Si se logra incluir el tema en Belém, se subsanaría una laguna evidente en la agenda climática global”, agregó.

  • La demanda de regulación no proviene solo de los gobiernos. Más de 200 organizaciones de la sociedad civil han firmado una carta abierta instando a los países a abordar los minerales de transición en la COP30, adoptando los principios de la ONU sobre cadenas de suministro transparentes, sostenibles y equitativas.

Las conversaciones en Belém apuntan a un punto de convergencia: la creación de un marco internacional de gobernanza de los minerales críticos, que establezca estándares ambientales, laborales y de transparencia.

Los negociadores analizan vincular este debate con el Programa de Trabajo para una Transición Justa, para asegurar que las decisiones sobre energía limpia consideren todo su ciclo de vida, desde la mina hasta el reciclaje.

Sin embargo, el consenso no será fácil. Los países industrializados temen que abrir el debate sobre minería retrase las metas de transición, mientras que los países productores exigen garantías de valor agregado local, transferencia tecnológica y justicia económica.

Todo indica que la COP30 será la primera en abordar la minería como un asunto climático, una discusión largamente postergada que hoy se vuelve inevitable.

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Breves medioambientales que sí importan

CAF invertirá USD 40 mil millones en desarrollo sostenible para América Latina

CAF anunció una inversión histórica de USD 40 mil millones para América Latina y el Caribe hasta 2030, destinada a impulsar el desarrollo sostenible, la acción climática y la transición energética. El plan contempla financiamiento para energías limpias, movilidad sostenible, seguridad hídrica, prosperidad agrícola y conservación de ecosistemas clave como la Amazonía, la Patagonia, los páramos y los manglares. El anuncio, realizado en la COP30 en Belén y la Cumbre Celac-UE en Santa Marta, posiciona a CAF como actor central en la triple transición verde, digital y social que promueve la Unión Europea.

El presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, destacó que la entidad ya alcanzó en 2024 el 40% de aprobaciones verdes, meta prevista originalmente para 2026, y que proyecta elevar esa proporción al 50% en 2030. La estrategia busca combinar financiamiento de proyectos, políticas públicas sostenibles e instrumentos innovadores, como canjes de deuda por naturaleza y préstamos ligados a sostenibilidad, con un fuerte enfoque en la colaboración con gobiernos subnacionales para que los recursos lleguen a las comunidades de toda la región.

El funeral de los combustibles fósiles

Este sábado 15 de noviembre, las calles de Belém se convertirán en escenario simbólico de un “funeral a los combustibles fósiles, una performance colectiva que busca marcar el fin de la era del carbón, el gas y el petróleo. La acción –organizada por la Alianza Potencia Energética Latinoamérica, la Escuela de Teatro y Danza de la UFPAAuto do Círio, la Cúpula de los Pueblos y más de un centenar de organizaciones– forma parte del Bloque de Transición Energética de la Marcha Global y pretende enviar un mensaje contundente en plena COP30: los combustibles fósiles no están muertos, pero deben desaparecer.

Como reza el obituario publicado en El País, “cada vez que arden, atrapan calor en el planeta (…). Puede que este no sea su funeral real, pero es hora de empezar a planificar su retiro”.

Un aluvión digital: millones de vistas a la desinformación climática

Un año después de las devastadoras inundaciones de Valencia, los videos con desinformación sobre el evento –incluidas teorías que niegan el cambio climático– han acumulado al menos 13 millones de visualizaciones en YouTube y 8,3 millones en TikTok, según el estudio “Al diablo con la verdad” de Maldita.es y AI Forensics.

La investigación advierte que la mayoría de estos contenidos siguen disponibles sin advertencias ni etiquetas, pese a su comprobada falsedad, y denuncia la falta de control de las plataformas digitales ante un fenómeno que convierte la crisis climática en un terreno fértil para la manipulación informativa.

Proponen tratado global para frenar el metano

En su discurso en la COP30 de Belém, la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, llamó a crear un tratado global legalmente vinculante sobre el metano, el gas responsable de un calentamiento 80 veces mayor que el del dióxido de carbono. “El mundo debe activar el freno del metano; es nuestro freno de emergencia”, advirtió, señalando que su reducción es clave para detener e incluso revertir el aumento de la temperatura global.

Aunque 159 países y la Unión Europea se han sumado al Compromiso Global sobre el Metano desde la COP26 –que busca recortar un 30% de las emisiones para 2030–, los niveles actuales siguen alarmantemente altos, lo que refuerza la necesidad de pasar del compromiso político a una acción jurídica efectiva y urgente.

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