Incendios e inundaciones: una misma lección climática
¡Hola! Bienvenidos a Juego Limpio. Esta semana quiero comenzar invitándote a regresar conmigo a Juan Fernández. En esta tercera entrega —de cuatro capítulos— de la bitácora de mi viaje al archipiélago para investigar sus áreas marinas protegidas, la historia deja por un momento los mapas, la ciencia y las políticas de conservación para detenerse en quienes han hecho posible que ese patrimonio natural siga existiendo.
A veces, las respuestas más valiosas sobre cómo enfrentar la crisis climática no provienen de una tecnología nueva ni de un gran acuerdo internacional, sino de comunidades que llevan generaciones aprendiendo a convivir con la naturaleza.
En esta edición también recorreremos otros escenarios donde la ciencia y las personas intentan comprender y responder a los desafíos ambientales de nuestro tiempo.
En esta edición encontrarás:
La lección que el océano guarda en Juan Fernández. En la tercera entrega de la bitácora de viaje conoceremos a los pescadores que, mucho antes de que existieran palabras como sustentabilidad o economía circular, ya habían comprendido que cuidar el mar era también cuidar su propia supervivencia.
De Chile a España: dos desastres, una misma crisis climática. Mientras los ríos atmosféricos provocaron inundaciones en Chile, Europa enfrentó incendios históricos. La ciencia explica por qué ambos fenómenos forman parte de una misma transformación del sistema climático y qué nos dice esa evidencia sobre la necesidad de anticiparnos, más que reaccionar.
La nueva frontera de la transición energética. La demanda mundial de minerales para fabricar tecnologías limpias abre una pregunta incómoda: ¿cómo avanzar hacia la descarbonización sin comprometer ecosistemas prácticamente intactos? Revisamos un estudio de la Universidad de Chile sobre los riesgos de la minería submarina.
Futuro verde en marcha. Tres historias que muestran que las soluciones también existen: el reconocimiento internacional a Peñalolén por su liderazgo climático; la recuperación de bosques submarinos gracias al trabajo conjunto de pescadores y científicos; y un innovador proyecto chileno que estudiará cómo proteger los ecosistemas antárticos frente a la contaminación lumínica y el cambio climático.
¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!
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Bitácora III: la lección que el océano guarda en Juan Fernández

Wilson González y Alberto Vergara. Foto: Héctor Cossio.
La intención inicial era concentrar el trabajo de campo en lo que dura una estadía exprés de cuatro días. Es el tiempo que normalmente el buque que abastece de provisiones al archipiélago Juan Fernández permanece en la isla Robinson Crusoe. Luego regresa a Valparaíso, donde el ciclo se reinicia, una y otra vez. Digo normalmente, porque en una isla oceánica el tiempo no lo marca el reloj, sino las condiciones climáticas.
Mientras miles de chilenos, especialmente del centro y norte del país, experimentaban la fuerza imbatible de la naturaleza, en mi caso los temporales jugaron a mi favor. Las intensas lluvias y las fuertes marejadas impidieron que el buque Antonio zarpara de regreso al continente. Mi viaje de cuatro días terminó convirtiéndose en una estadía de dieciséis.
El resultado de la investigación, por la que vine a Juan Fernández, dará sus frutos en algunas semanas, cuando haya logrado sistematizar toda la información. Antes, sin embargo, volveré en el relato a Alberto, el pescador artesanal que, como más tarde descubriré, es uno de los tantos trabajadores del mar que mantienen viva una tradición de más de cien años: el cuidado consciente de su entorno, mucho antes de que conceptos como sostenibilidad, sustentabilidad, economía circular o huella de carbono inundaran el discurso ambiental.
… Alberto Vergara es un sobreviviente.
Cuando recién entrábamos a la bahía de Cumberland, el primer día, señaló con la mano un punto del mar, a unos doscientos metros de la costa.
—Ahí aparecí yo. Estuve no sé cuánto tiempo aturdido. El cielo estaba negro y el olor a petróleo era insoportable. Me aferré a una madera y traté de llegar a la orilla, pero ya no tenía fuerzas. “Ya está”, me dije, “esto ha sido todo”. Y me dejé llevar. Fue ahí cuando escuché algo. Era la voz del Chito (Chamorro), que me encontró. Ellos me rescataron.
Los habitantes de la isla están llenos de historias. Esta, la del tsunami de 2010, es una de las más tristes. Juan Fernández fue una de las comunas más golpeadas por la catástrofe y, tratándose de una comunidad pequeña, cada una de las vidas que se perdieron dejó una huella imborrable. A dieciséis años de aquella madrugada del 27 de febrero, apenas la mitad de la isla ha sido reconstruida.
Alberto vive hoy en el sector de Lord Anson, cerro arriba. Por esa calle —que lleva el nombre del almirante de la Marina Real británica que, como tantos otros navegantes, salvó su vida y la de buena parte de su tripulación gracias a la isla en 1741— se llega a un pequeño conjunto de viviendas construidas por el Estado. Allí, rodeados de bosque, comenzamos a hablar del mar.
Me habló de las clásicas trampas para langostas, construidas con listones de eucalipto de la misma manera desde hace varias generaciones; de don Wilson, el más veterano de los pescadores activos de la isla, con quien, a sus 83 años, sale cada mañana a pescar; de las especies que comenzaron a recuperarse tras la creación de la primera área marina protegida, en 2015; del desastre que dejó la pesca industrial con redes de arrastre sobre los montes submarinos. Pero, por encima de todas esas historias, lo que más me impactó fue su convicción.
Hoy los pescadores de Robinson Crusoe, Alejandro Selkirk e Islas Desventuradas cuentan con mucha más información. Están conectados con el mundo mediante Starlink y WOM, e integran organizaciones sociales que participan activamente en el modelo de gestión de las áreas marinas protegidas.
La convicción a la que me refiero, sin embargo, no proviene de la seguridad que le brindan los datos ambientales a los que hoy acceden, de las charlas sobre biodiversidad impartidas por organizaciones con buenas intenciones, de los acuerdos alcanzados en los comités de administración, ni siquiera de la tradición centenaria de no sobreexplotar los recursos pesqueros. Proviene de algo mucho más profundo, mucho más elemental: de saberse parte de la naturaleza, de comprender que su propia existencia depende del equilibrio de ese ecosistema.
Podría pensarse en una relación semejante a la de los pueblos originarios. Sin embargo, los habitantes de Juan Fernández no son indígenas. La comunidad que hoy vive en Robinson Crusoe está conformada, en su mayoría, por descendientes de los hombres y mujeres que llegaron como trabajadores del aristócrata suizo Alfredo von Rodt, quien arrendó el archipiélago al Estado chileno para impulsar su colonización a fines del siglo XIX. Con el tiempo hicieron del mar y del bosque su hogar. Chilenos comunes que se hicieron isleños. Visto así, se trata de conciencia y de voluntad.
En el cuidado que los pescadores tienen por los recursos del mar y por los bosques endémicos de esta Reserva Mundial de la Biósfera opera también una conciencia colectiva que trasciende los límites naturales de la isla.
En Julio Chamorro, presidente del Consejo Local de Gestión de la Red de Áreas Marinas Protegidas del Archipiélago Juan Fernández e Islas Desventuradas, esa cultura de conservación adquiere una dimensión estratégica.
—Sabemos que la flota albacorera y la pesca industrial están presionando al Gobierno de Kast para que no se concrete la última área protegida y así puedan volver a venir a pescar acá. Pero la biomasa que hoy escasea en el litoral viene hasta aquí a reproducirse, y las especies juveniles crecen porque estas aguas están protegidas. Si eso se altera, ya no habrá nada más que pescar. Ni aquí ni allá.
Don Wilson, el más veterano de los pescadores, quien siendo apenas un niño tomó por primera vez el mando de una chalupa —la clásica embarcación fernandeciana—, lo resume en seco, pero con la misma claridad de las aguas en las que ha pescado durante setenta años.
—Para cuidar lo que te da de comer no hay que ser ecologista ni político. Hay que pensar con la cabeza.
En esos dieciséis días, en pleno invierno y sin turistas, comprendí que el verdadero paisaje de Juan Fernández no era el mar ni sus bosques, sino la forma en que sus habitantes habían aprendido a vivir con ellos.
De Chile a España: dos desastres, una misma crisis climática
Mientras Chile enfrentaba ríos atmosféricos que provocaron inundaciones, aluviones y pérdidas humanas desde el norte chico hasta la zona centro-sur, al otro lado del Atlántico España y Francia combatían algunos de los incendios forestales más devastadores de su historia reciente.
A primera vista parecen tragedias distintas: aquí el exceso de agua, allá el calor y el fuego. Sin embargo, la ciencia muestra que ambas forman parte de un mismo fenómeno: una atmósfera más cálida está intensificando los eventos extremos y poniendo a prueba la capacidad de adaptación de los países. Los desastres ya no pueden entenderse como emergencias aisladas, sino como distintas expresiones de una crisis climática que modifica el comportamiento del sistema terrestre.
- En Chile, los últimos temporales estuvieron asociados al paso de sucesivos ríos atmosféricos, enormes corredores de vapor de agua que transportan humedad desde el océano Pacífico hacia el continente. Aunque se trata de fenómenos naturales, una investigación publicada esta semana en Geophysical Research Letters, desarrollada por científicos de la Universidad Adolfo Ibáñez, la Universidad de Chile, la Universidad de O’Higgins y el Data Observatory, explica por qué algunos de estos sistemas desencadenan lluvias excepcionalmente intensas.
El estudio demuestra que, cuando la humedad transportada por estos ríos interactúa con la cordillera de los Andes bajo determinadas condiciones atmosféricas, la precipitación puede amplificarse considerablemente, aumentando el riesgo de inundaciones y deslizamientos. Comprender estos mecanismos, concluyen los autores, es fundamental para mejorar la preparación frente a eventos extremos.
Pero la investigación también deja entrever una pregunta incómoda: si hoy es posible anticipar con varios días de anticipación la llegada de ríos atmosféricos intensos y comprender mejor los factores que multiplican sus efectos, ¿por qué el país continúa enfrentando cada invierno pérdidas humanas, viviendas destruidas e infraestructura colapsada?
Chile figura desde hace años entre las naciones más vulnerables al cambio climático y cuenta con abundante evidencia científica sobre el aumento del riesgo de eventos extremos. Sin embargo, la planificación territorial, la protección de cuencas, la gestión de zonas inundables y la adaptación de infraestructura crítica siguen avanzando a un ritmo mucho menor que el de las amenazas climáticas.
- La prevención continúa siendo el eslabón más débil de la respuesta. Y no solo es más débil sino también está en peligro como cuando para buscar una solución al problema habitacional, autoridades del nivel central proponen rellenar humedales y poner en su lugar casas.
En Europa, la otra cara de esta crisis se expresa a través del fuego.
España y Francia enfrentan una de las temporadas de incendios forestales más severas de las últimas décadas, impulsada por sucesivas olas de calor, una sequía prolongada y vegetación extremadamente seca. Solo en Francia, el fuego ha consumido más de 116.000 hectáreas, mientras que entre ambos países cientos de miles de personas han debido abandonar sus hogares ante el avance de las llamas.
- La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que junio de 2026 fue el más cálido jamás registrado en Europa occidental, un récord que se suma a una sucesión de veranos cada vez más extremos. El servicio europeo Copernicus ha documentado que las olas de calor son hoy más frecuentes, más prolongadas y más intensas que hace apenas unas décadas, una tendencia que la comunidad científica atribuye al calentamiento global de origen humano.
Las altas temperaturas no encienden los incendios por sí solas, pero crean las condiciones para que cualquier foco se propague con una velocidad y una intensidad cada vez mayores.
Lo ocurrido este invierno en Chile y este verano en Europa refleja dos manifestaciones de un mismo sistema climático alterado. Una atmósfera más cálida puede retener aproximadamente un 7 % más de vapor de agua por cada grado Celsius de aumento de temperatura, según el principio físico de Clausius-Clapeyron, favoreciendo precipitaciones más intensas cuando esa humedad se condensa.
Al mismo tiempo, el aumento de la temperatura incrementa la evaporación, seca los suelos y la vegetación y prolonga las condiciones propicias para incendios forestales. La evidencia científica muestra que el cambio climático no se traduce únicamente en un aumento de la temperatura media del planeta, sino en una intensificación de los extremos.
Las inundaciones que golpearon a Chile y los incendios que hoy devastan Europa no son fenómenos aislados. Son expresiones de una misma crisis que exige dejar atrás la lógica de la respuesta a la emergencia para avanzar hacia políticas de adaptación capaces de anticipar un clima que ya cambió.
La paradoja ambiental y el desafío energético: salvar el planeta sin poner en riesgo el fondo del mar
Mientras el mundo acelera la transición hacia energías limpias para enfrentar la crisis climática, una nueva amenaza comienza a tomar forma en uno de los últimos territorios prácticamente intactos del planeta.
A miles de metros de profundidad, frente al litoral chileno y en otras zonas del océano, se extienden ecosistemas que han permanecido estables durante millones de años. Allí, donde la oscuridad es permanente y la vida avanza a un ritmo extremadamente lento, también descansan cobre, níquel, cobalto, manganeso y tierras raras: los mismos minerales que hoy demanda la fabricación de baterías, vehículos eléctricos y turbinas eólicas.
La pregunta que inquieta, ya no es solo cómo abandonar los combustibles fósiles, sino cuál será el costo ambiental de obtener los minerales necesarios para hacerlo.
Esa es la paradoja que analiza un estudio publicado en la revista Minerals por investigadores de la Universidad de Chile. La revisión, liderada por Fernanda Espínola, candidata a doctora en Ingeniería de Minas, concluye que la minería submarina todavía presenta demasiadas incertidumbres para ser considerada una alternativa sostenible de abastecimiento.
- Aunque el interés internacional por estos depósitos crece al ritmo de la electromovilidad y las tecnologías limpias, la evidencia científica disponible sigue siendo insuficiente para comprender las consecuencias de intervenir ecosistemas que apenas comenzamos a conocer.
Los riesgos descritos por la investigación son múltiples. Veamos:
- La extracción de minerales desde el fondo marino podría destruir hábitats que tardaron millones de años en formarse, generar contaminación acústica y lumínica, remover enormes volúmenes de sedimentos y alterar procesos físicos y geoquímicos esenciales para el funcionamiento de estos ecosistemas.
- El estudio advierte que el problema trasciende la pérdida de especies visibles: también podría modificarse el soporte biológico y químico que mantiene el equilibrio de ambientes cuya capacidad de recuperación sigue siendo una incógnita. En palabras de Espínola, el verdadero desafío es comprender los efectos acumulativos y de largo plazo antes de intervenir territorios que la ciencia conoce de manera limitada.
El trabajo también pone el foco sobre un aspecto que suele quedar relegado en el debate. Mientras el desarrollo tecnológico para explotar estos minerales avanza rápidamente, el conocimiento sobre sus impactos sociales, económicos y ambientales lo hace con mucha menor velocidad.
Una revisión bibliométrica realizada previamente por el mismo equipo muestra que la mayor parte de la investigación internacional se ha concentrado en resolver desafíos de ingeniería, dejando rezagadas las preguntas sobre gobernanza, regulación y consecuencias para las comunidades y los ecosistemas. Para los autores, avanzar hacia una explotación comercial en esas condiciones supone tomar decisiones con información todavía incompleta.
Para Chile, uno de los principales países mineros del mundo, la discusión adquiere un significado especial. Existen antecedentes que indican potencial geológico de minerales en áreas de la Zona Económica Exclusiva nacional, pero el estudio insiste en separar el potencial de la posibilidad real de explotación.
La recomendación es clara: fortalecer la investigación científica, construir regulaciones robustas y aplicar un enfoque precautorio antes de abrir una nueva frontera extractiva. Porque la transición energética enfrenta hoy un desafío tan complejo como inevitable: reducir la dependencia de los combustibles fósiles sin trasladar la presión ambiental hacia el último gran ecosistema que permanece casi intacto en la Tierra.
Futuro verde en marcha
Peñalolén vuelve a liderar la acción climática urbana
Peñalolén fue reconocida como la comuna ganadora en Chile del One Planet City Challenge 2026, iniciativa de WWF que evalúa y promueve las estrategias climáticas de gobiernos locales en línea con los objetivos del Acuerdo de París. El reconocimiento destaca su trabajo sostenido en reducción de emisiones, resiliencia urbana y planificación sostenible, con iniciativas como la protección de la Quebrada de Macul, la educación ambiental, el reciclaje inclusivo y proyectos de eficiencia energética. La comuna ya había obtenido este reconocimiento en 2022 y, en 2024, recibió el premio mundial All Stars de WWF por su liderazgo climático. En la edición 2026, las ciudades ganadoras a nivel global fueron Makati (Filipinas) y París (Francia).

Foto: Paulina Abramovich
Pescadores y científicos devuelven la vida a los bosques submarinos
Un reportaje de la periodista Barinia Montoya, publicado por Mongabay Latam, muestra cómo pescadores artesanales de la Región de Valparaíso, junto a científicos, lograron recuperar bosques submarinos de algas sin erradicar al erizo negro, cuya proliferación había transformado extensas áreas del fondo marino en verdaderos “desiertos submarinos”. La estrategia consistió en crear refugios marinos donde, al disminuir la presión pesquera, regresaron los depredadores naturales del erizo y se restableció el equilibrio ecológico. La experiencia, respaldada por investigaciones de la Universidad Católica del Norte, el Núcleo Milenio MASH y Oceana, se ha convertido en un referente de restauración marina basado en el funcionamiento natural de los ecosistemas y comienza a inspirar iniciativas similares en otras zonas del país.
Ciencia chilena busca anticipar los impactos de la contaminación lumínica en la Antártica
Un equipo de investigadores chilenos puso en marcha DIPOLE, el primer programa que estudiará cómo la contaminación lumínica y el calentamiento global interactúan para afectar los ecosistemas costeros de la Antártica. Liderada por la Universidad Andrés Bello y financiada por ANID, la iniciativa busca generar evidencia científica para comprender estos impactos antes de que sean irreversibles y fortalecer las políticas de conservación del continente blanco en el marco del Sistema del Tratado Antártico.
Bonus track: Pingüino de Humboldt, acorralado.
El pingüino de Humboldt enfrenta una de las mayores amenazas para su supervivencia. Un reportaje publicado por la prestigiosa revista Audubon, firmado por la periodista chilena Muriel Alarcón, revela que las principales colonias reproductivas del norte-centro de Chile perdieron un 63 % de sus nidos activos en apenas cuatro años, según un estudio liderado por el biólogo Alejandro Simeone.
La captura incidental en redes de pesca, la sobrepesca, el cambio climático y la influenza aviar conforman una combinación de presiones que acelera el declive de esta emblemática especie del Pacífico, mientras científicos, pescadores y organizaciones de conservación buscan evitar su desaparición.
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