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El desafío ambiental del Dieciocho

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¡Hola! Entramos en los descuentos de las Fiestas Patrias y en pocos días más el dicho “lo comido y lo bailado no me lo quita nadie”, será más popular a la hora de la resaca. Lo que tampoco nadie puede ignorar es lo que dejamos detrás nuestro. Durante el Dieciocho se calcula que producimos hasta 8 kilos de residuos por persona al día, seis o siete veces más que en una jornada normal.

Ante el desafío de frenar el consumo de plásticos de un solo uso, fondas y municipios comienzan a probar alternativas de reciclaje, compostaje y reutilización para que la celebración no termine convertida en una montaña de residuos. Este será el tema central en Señales de alerta.

En esta edición, además te traemos:

  • El sonar ciudadano que vigila nuestras costas: Chile tiene más de 8 mil kilómetros de costa y una capacidad institucional limitada para observar cada playa. REVAM, la Red de Varamientos de Fauna Marina en Chile, busca convertir miles de celulares en una red de observación ambiental mediante registros ciudadanos en iNaturalist. La herramienta ya reúne cientos de observaciones.
  • Un verano extremo, el desarrollo de El Niño y las proyecciones de temperaturas sobre lo normal ponen el foco en los próximos meses. El COGRID Nacional ya activó la preparación para la temporada estival ante cuatro amenazas principales: incendios forestales, calor extremo, precipitaciones estivales en el norte y floraciones algales nocivas. La advertencia chilena llega después de un agosto que fue el mes más cálido registrado globalmente y de un verano europeo marcado por temperaturas excepcionales.
  • De la Fosa de Atacama al espacio: dos científicas chilenas fueron reconocidas por investigaciones que exploran ambientes extremos. Valeria Cortés estudia la geología, biodiversidad y procesos del ecosistema profundo de la Fosa de Atacama, mientras Jenny Blamey investiga microorganismos extremófilos expuestos a condiciones espaciales. Dos fronteras aparentemente lejanas que convergen en una misma pregunta: cuáles son los límites de la vida.
  • En Futuro verde en marcha, dos buenas noticias. El transporte de carga cero emisiones: 43 países reafirmaron en Santiago el objetivo de que el 100% de las ventas de vehículos medianos y pesados sea de cero emisiones en 2040. Y el aumento de agua en la cordillera: la Región de Coquimbo llega a la primavera con una acumulación de nieve excepcional. La cobertura nival superó los 10 mil km² en agosto y el agua equivalente alcanzó cerca de 365 mm en estaciones de Elqui y Limarí, entre cinco y siete veces los máximos registrados en 2025.

Como Bonus track, te recomiendo la columna de Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace, sobre seguridad alimentaria.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos

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El sonar ciudadano para vigilar la fauna marina

Chile tiene más de 8 mil km de costa, una enorme diversidad de mamíferos, aves y reptiles marinos y una capacidad institucional necesariamente limitada para vigilar cada playa. La ciencia ciudadana puede convertir miles de celulares en una red de observación ambiental a lo largo de todo el país.

Tal como lo lees. Confieso que cuando fue lanzada el 26 de agosto la Red de Varamientos de Fauna Marina en Chile (REVAM) no lo vi así. Junto con celebrarlo, ahora lo veo como un sonar, igual que el de los submarinos, donde cada registro ciudadano ayuda a conformar un mapa en donde sea y en tiempo real.

El objetivo de la iniciativa impulsada por Oikonos y el Ministerio del Medio Ambiente, alojada en iNaturalist Chile, es construir una base de datos nacional de animales marinos varados o encontrados muertos mediante fotografías y ubicación geográfica.

¿Por qué importa? La escala del problema permite entender la utilidad de una herramienta de este tipo. Según Sernapesca, durante 2024 se registraron 1.535 eventos de varamiento que involucraron a 2.038 ejemplares. El 55,4% correspondió a lobos marinos –1.130 ejemplares– y otro 37,4% a pingüinos –763 ejemplares–, de los cuales 94% fueron pingüinos de Humboldt y de Magallanes. Estos números fueron muy inferiores a los extraordinarios registros de 2023, cuando la influenza aviar altamente patógena contribuyó a un aumento excepcional de los eventos.

Pero un varamiento no tiene una sola explicación. Puede estar asociado a enfermedad, hambre, toxinas producidas por floraciones algales, condiciones oceanográficas, contaminación, captura incidental, enmallamiento, interacción con embarcaciones o perturbaciones humanas.

Un estudio publicado en 2024 sobre varamientos de cetáceos en Chile encontró que, entre los casos individuales en que fue posible aproximarse a una causa, el enmallamiento en artes de pesca y las colisiones con embarcaciones fueron relevantes; sin embargo, en la mayoría de los registros históricos la causa permaneció indeterminada.

En un estudio sobre aves marinas varadas en la bahía de Coquimbo, se registraron 395 ejemplares muertos en un año, pertenecientes a 21 especies, y los autores plantearon que la mortalidad incidental asociada a la pesca podía ser un fenómeno crónico.

Más recientemente, una investigación publicada en 2026 analizó 504 varamientos de tortugas marinas en Chile entre 2009 y 2022 y encontró que más del 98% correspondía a tortugas verdes y oliváceas, principalmente en el norte del país, donde la interacción con pesquerías costeras aparece como un factor relevante de exposición.

También hay señales recientes que muestran por qué una red de observación puede ser útil. En Antofagasta, Sernapesca reportó que en lo que va de este año se han registrado 36 varamientos de pingüinos, nueve de ellos con lesiones atribuibles a aparejos de pesca, principalmente anzuelos e hilos.

En Los Muermos, en tanto, el servicio anunció en agosto una denuncia por una ballena encontrada muerta con cabos en la cola y el cuerpo. Y el 2 de septiembre, Sernapesca informó el operativo por una ballena jorobada juvenil de 9,85 metros varada muerta en Punta Teatinos.

Hay una precaución fundamental: los datos de REVAM no deben interpretarse automáticamente como una medida de abundancia o mortalidad real de una especie.

Es ciencia ciudadana y, por definición, existe sesgo de observación: habrá más registros en playas visitadas, zonas urbanas y lugares donde hay mayor cantidad de observadores. Un aumento de registros puede significar un aumento real de varamientos, pero también mayor vigilancia. La literatura científica chilena ya ha advertido explícitamente este problema al analizar tendencias históricas de cetáceos.

REVAM registra 958 observaciones de 79 especies aportadas por 298 ciudadanos, según la última actualización publicada por el Ministerio del Medio Ambiente el 2 de septiembre.

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Calor extremo de El Niño pone a Chile en alerta

Puede que caiga algo de agua durante las Fiestas Patrias en la zona central, no es seguro, pero si lo fuera sería un clásico. Lo que sí es seguro es que terminando las fiestas iniciaremos un proceso de aumento progresivo de la temperatura ambiental hasta llegar al calor extremo, tal como pasó en el verano europeo, donde agosto marcó el mes más caluroso del que se tenga registro. Lo grave es que prácticamente todo los años superan el anterior.

El desarrollo de El Niño –que la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) anticipa que se intensificará hacia el verano– está acompañado por una señal de temperaturas superiores a lo normal en buena parte del país. Ya en el pronóstico estacional difundido por la DMC, las máximas aparecían sobre lo normal desde Arica y Parinacota hasta Los Lagos, mientras Aysén y Magallanes presentaban una condición entre normal y sobre lo normal.

La señal adquiere especial importancia frente al calor extremo. El escenario que están monitoreando los organismos de emergencia contempla episodios con temperaturas superiores a 34 °C durante varios días y eventualmente registros sobre los 40 °C. La preparación incorpora además un sistema específico de alertas por calor extremo, que permite elevar la respuesta cuando las máximas pronosticadas alcanzan determinados umbrales.

  • La preocupación llegó esta semana al COGRID Nacional, que el 10 de septiembre reunió a más de 30 organismos para preparar la temporada estival. Senapred identificó cuatro amenazas principales: incendios forestales, calor extremo, precipitaciones estivales en el norte y eventuales floraciones algales nocivas en el centro-sur y sur. En materia de incendios, el Gobierno anunció la contratación de unas 10 mil personas a través de Conaf para labores de desmalezado, limpieza de vegetación y construcción de cortafuegos, con prioridad en 90 comunas consideradas de mayor riesgo.
  • El riesgo de incendios se explica por la combinación de variables meteorológicas –temperatura, humedad, viento y disponibilidad de combustible vegetal–, pero también por la intervención humana. Senapred señaló que 96,5% de los incendios forestales tiene origen en acciones humanas, mientras Conaf ya está reforzando la coordinación con Bomberos y otros actores para la temporada 2026-2027. El organismo mantiene además un monitoreo permanente de la ocurrencia y superficie afectada: al 12 de septiembre ya se contabilizaban incendios en el nuevo período estadístico 2026-2027, aunque todavía resulta prematuro proyectar cómo terminará la temporada.

Las advertencias chilenas llegan, además, después de un dato que vuelve a poner el verano en un contexto climático global excepcional. Agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado en el planeta, con una temperatura media de 16,96 °C, 0,85 °C sobre el promedio de 1991-2020. También fue, empatado con julio de 2023, el mes más cálido registrado para cualquier mes del calendario. La temperatura global estuvo 1,65 °C sobre la estimación del período preindustrial, siendo el primer mes desde noviembre de 2025 en superar nuevamente los 1,5 °C.

Y el dato no se limita a un mes aislado: junio-agosto de 2026 fue, empatado con 2024, el trimestre más cálido registrado a nivel mundial. En Europa, el verano fue el tercero más cálido de la serie, pero el comportamiento fue mucho más extremo en su zona occidental: entre junio y agosto, la temperatura media alcanzó 21,69 °C, 2,54 °C sobre el promedio, convirtiéndose en el verano más cálido registrado para esa región. Copernicus señala que el récord de 2026 superó el de 2003, hasta ahora asociado a una de las olas de calor más severas de Europa.

Aunque un verano global récord no permite predecir una temporada de calor o incendios récord en Chile, sí aporta contexto a una temporada que ya está siendo observada por los organismos nacionales bajo un escenario de temperaturas elevadas y mayor presión sobre los sistemas de prevención.

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Dos científicas chilenas llevan los límites de la vida desde el fondo del océano hasta el espacio

Hay dos lugares que parecen estar en extremos opuestos: una fosa oceánica a casi 8 mil metros bajo el Pacífico y el exterior de la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, ambos son hoy laboratorios para una misma pregunta: hasta dónde puede llegar la vida y cómo responde cuando las condiciones dejan de parecerse a las de la superficie terrestre.

Dos científicas chilenas acaban de ser reconocidas por investigaciones que exploran precisamente esas fronteras: la geofísica marina Valeria Cortés, por su trabajo en la Fosa de Atacama, y la microbióloga Jenny Blamey, por una investigación que lleva microorganismos extremófilos al espacio.

  • Cortés fue distinguida en la categoría Postdoctorado del Premio For Women in Science 2026, otorgado por L’Oréal Chile y Unesco, en colaboración con ANID. La investigadora del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) estudia la geología submarina, la deformación de la corteza y la acumulación de energía sísmica en la Fosa de Atacama, una de las zonas de mayor peligro sísmico de Chile. En enero de este año se convirtió, además, en la primera mujer en descender hasta los 7.680 metros de profundidad de la fosa, durante la expedición científica conjunta entre China y Chile.
  • Pero el descenso no fue solamente un hito personal. La expedición JCATE desplegó estaciones para estudiar simultáneamente biodiversidad hadal, procesos tectónicos, microbiología de ambientes extremos, transporte de carbono y ecosistemas quimiosintéticos. El IMO describe la campaña como uno de los conjuntos de datos más completos obtenidos hasta ahora en la Fosa de Atacama. Es decir, bajo la zona donde se encuentran las placas de Nazca y Sudamericana no hay únicamente una estructura geológica capaz de acumular y liberar enormes cantidades de energía: también existe un ecosistema profundo que recién comienza a ser comprendido.

Ese es uno de los aspectos que vuelve especialmente interesante el trabajo de Cortés para la conservación. A miles de metros de profundidad, en condiciones de presión extrema y ausencia de luz, se desarrollan comunidades biológicas cuya relación con la geología y con los procesos químicos del fondo marino todavía está siendo investigada.

La propia expedición buscó, entre otros objetivos, evidencias de cold seeps o filtraciones frías, ambientes donde microorganismos y otros organismos pueden sostener comunidades mediante procesos quimiosintéticos. La Fosa de Atacama aparece así como un laboratorio natural donde geología, riesgo sísmico, carbono y biodiversidad están conectados.

El reconocimiento a Cortés llega mientras esos resultados comienzan a ser procesados. Ella ha planteado que el premio es también una plataforma para mostrar el trabajo que se desarrolla en Chile en geociencias y para fortalecer su labor de divulgación científica. El financiamiento asociado a la distinción podrá destinarse, entre otras cosas, a equipamiento para trabajo de campo y desarrollo profesional.

La otra frontera está a cientos de miles de kilómetros de distancia. Jenny Blamey, investigadora de la Universidad de Santiago, recibió una medalla en el Johnson Space Center de la NASA por su trayectoria y contribución a la investigación espacial y astrobiológica. El reconocimiento le fue entregado por Carolynn Conley, científica que ingresó a la NASA en 1969, participó en el equipo de apoyo de la misión Apolo y posteriormente se convirtió en la primera mujer en desempeñarse como Flight Activities Officer.

Blamey lidera POLARIS, un proyecto que estudia qué ocurre con microorganismos extremófilos cuando son expuestos al ambiente espacial. La misión involucra a la USACH y Fundación Biociencia junto con instituciones estadounidenses, entre ellas, NASA, el Space Test Program, la Academia de la Fuerza Aérea y la Oficina de Investigación Científica de la Fuerza Aérea. Los organismos seleccionados proceden de ambientes extremos y fueron enviados a la Estación Espacial Internacional para estudiar su respuesta a condiciones como radiación y microgravedad.

Hay una conexión inesperada entre ambas investigaciones. Cortés baja hasta uno de los ambientes más extremos del planeta para estudiar qué ocurre allí; Blamey toma microorganismos capaces de vivir en ambientes extremos y los envía fuera de la Tierra para comprobar hasta dónde pueden resistir. En ambos casos, Chile aporta conocimiento y organismos para estudiar una pregunta que trasciende sus fronteras: cuáles son los límites físicos, químicos y biológicos de la vida.

Y esa pregunta también tiene una dimensión ambiental. La Fosa de Atacama forma parte de un océano profundo que cumple funciones en el ciclo del carbono y alberga biodiversidad todavía poco conocida. POLARIS, por su parte, busca comprender los mecanismos que permiten a ciertos organismos sobrevivir en condiciones hostiles, conocimiento que puede ser relevante para futuras misiones espaciales de larga duración y para la comprensión de la habitabilidad.

Dos investigaciones aparentemente lejanas terminan encontrándose en un mismo territorio científico: los lugares donde la vida parece imposible son, precisamente, los que pueden ayudar a entender mejor cómo funciona y cuáles son sus límites. En el fondo de la Fosa de Atacama y en el espacio exterior, dos científicas chilenas están ayudando a ampliar ese mapa.

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Señales de alerta
Los cambios en el clima, el agua y los ecosistemas que conviene mirar de cerca

El costo ambiental del Dieciocho: hasta 8 kilos de residuos por persona en un día

Como reza el dicho popular, “lo comido y lo bailado no me lo quita nadie”, sobre todo si es Fiestas Patrias. Es cierto, aunque tiene un pero: la basura que arrastramos tampoco la saca nadie. De acuerdo con el Ministerio del Medio Ambiente, durante estas celebraciones una persona puede llegar a generar hasta 8 kilos de residuos diarios, frente a los cerca de 1,2 kilos de un día habitual. Es decir, el volumen puede multiplicarse por seis o siete en una celebración que dura apenas unos días. El problema no está solo en cuánto se desecha, sino también en qué ocurre después con esos residuos.

Uno de los focos está en los plásticos de un solo uso, especialmente presentes en fondas y lugares donde se concentran comidas y bebidas. La nueva etapa de la Ley 21.368, que regula estos productos, comenzó a regir en febrero de 2026 y establece restricciones a la entrega de utensilios y otros productos desechables. El ministerio está reforzando durante estas Fiestas Patrias la información a fonderos para que conozcan las nuevas obligaciones y alternativas.

Pero el Dieciocho también ofrece un laboratorio para comprobar si la economía circular puede funcionar a gran escala. En la Gran Fonda de Chile del Parque O’Higgins, el municipio busca superar este año las 30 toneladas de residuos reciclados, después de que en 2025 se recuperaran cerca de 20 toneladas. El plan contempla un punto limpio, recuperación de alimentos, compostaje, reciclaje de aceite de cocina para transformarlo en biodiésel y el uso de parrillas a gas en los puestos.

El aceite de cocina es precisamente otro de los residuos que puede terminar en una cadena de valorización. En el Parque O’Higgins se implementará su recolección para transformarlo en biodiésel, mientras que los residuos orgánicos podrán ser destinados a compostaje. En Plaza Ñuñoa, una experiencia de economía circular permitió recuperar durante el último año 12 toneladas de residuos orgánicos para convertirlos en compost.

Hay incluso residuos que parecen menores, pero que forman parte del paisaje del Dieciocho. El ministerio recomienda, por ejemplo, utilizar volantines de papel en lugar de plástico, para evitar que estos últimos terminen abandonados en el entorno. Y en el caso de las botellas plásticas, la normativa establece desde 2025 obligaciones de incorporación de plástico recolectado y reciclado en Chile, porcentaje que aumentará progresivamente.

El desafío, entonces, no es convertir las Fiestas Patrias en una celebración sin residuos –algo poco realista–, sino evitar que una fiesta de pocos días termine dejando una huella que permanece mucho más tiempo. El Dieciocho también permite medir cuánto hemos avanzado desde la cultura de “usar y botar” hacia una en que los residuos tienen un segundo destino. La diferencia estará en lo que ocurra con las toneladas que se generen cuando las fondas cierren y la música se apague.

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Futuro verde en marcha

Transporte de carga cero emisiones: países refuerzan meta global al 2040

Gobiernos, empresas y organizaciones de 43 países reafirmaron en Santiago su compromiso de alcanzar el 100% de ventas de vehículos medianos y pesados de cero emisiones al 2040, con una meta intermedia de 30% para 2030. El Foro Global MOU 2026, realizado entre el 8 y 10 de septiembre en la Universidad de Chile y organizado por Calstart a través de Drive to Zero, reunió por primera vez en Latinoamérica a los firmantes del acuerdo, que representan el 44% del PIB mundial.

El encuentro puso el foco en que la transición ya no depende solo de la disponibilidad tecnológica: actualmente existen más de 1.000 modelos de buses y camiones de cero emisiones. El foro incluyó una exhibición de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento que ya operan en Chile, además de destacar los beneficios de esta transición para la calidad del aire, el clima y la seguridad energética.

La cordillera de Coquimbo acumula una reserva de nieve excepcional para esta primavera

La cordillera de la Región de Coquimbo registra este año una acumulación de nieve excepcional, con más de 10 mil km² de cobertura nival en agosto, más del doble de la mediana histórica de cerca de 5 mil km² para el período 2002-2025. A esto se suma que las estaciones de Llano de las Liebres, en Elqui, y Tascadero, en Limarí, registraron cerca de 365 mm de agua equivalente, entre cinco y siete veces los máximos observados en 2025.

El deshielo ya comenzó y se espera que esta reserva contribuya a elevar los caudales durante la primavera, aunque su comportamiento dependerá de factores como la temperatura, la radiación solar, el viento y la sublimación. El Centro Científico CEAZA monitorea su evolución mediante estaciones meteorológicas y datos satelitales.

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¿Quién pagará el costo de nuestra falta de adaptación?

Columna de Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.

La agricultura siempre ha dependido del clima. De que llueva cuando tiene que llover, de que exista agua durante los meses más secos, de que una helada no llegue cuando los cultivos están floreciendo y de que el calor no alcance temperaturas capaces de arruinar una cosecha. El problema es que esas certezas sobre las que durante generaciones aprendimos a producir nuestros alimentos están desapareciendo.

La crisis climática está haciendo que el clima sea más extremo e impredecible. Sequías prolongadas, lluvias intensas, inundaciones, olas de calor y condiciones favorables para la propagación de incendios forestales afectan cada vez con mayor intensidad a los territorios y, para la agricultura, estos fenómenos no son solo episodios extremos o aislados. Una inundación puede destruir cultivos y obras de riego; una lluvia concentrada puede erosionar suelos y cortar caminos; una ola de calor puede afectar cosechas y ganado; una sequía prolongada reduce el agua disponible y aumenta los costos de producción.

Y lo que ocurre en el campo no se queda en el campo.

Cuando se pierde una cosecha, se interrumpe un camino rural o disminuye la disponibilidad de agua, también pueden verse afectados el abastecimiento y los precios. Por eso, hablar de agricultura frente a la crisis climática es hablar necesariamente de seguridad alimentaria: de nuestra capacidad como sociedad de garantizar que todas las personas puedan acceder de manera estable a alimentos suficientes, seguros y nutritivos.

Chile tiene razones importantes para preocuparse. Según el último informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026, publicado por cinco organismos de la ONU, la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanza al 16% de la población nacional en el periodo 2023-2025: esto implica que cerca de 3,2 millones de personas deben reducir la cantidad o calidad de los alimentos que consumen por falta de recursos. El hambre tradicional ha retrocedido enormemente, pero eso no significa que el problema alimentario esté resuelto. Hoy, para millones de personas, la dificultad está en poder comer adecuadamente.

La crisis climática no crea por sí sola esa desigualdad, pero sí amenaza con profundizarla. Porque sus impactos tampoco se distribuyen de manera equitativa. Un pequeño productor tiene menos capacidad para absorber la pérdida de una temporada; una comunidad rural aislada enfrenta mayores dificultades cuando una ruta queda interrumpida; y los hogares con menores ingresos tienen mucho menos margen para enfrentar el aumento en el precio de los alimentos, que en Chile ya acumulan casi un 40% de alza en los últimos cinco años.

Por eso la adaptación climática no puede seguir siendo entendida como una política para algún futuro lejano. Es una necesidad del presente y, también, una política social. Preparar nuestros territorios para sequías, inundaciones, incendios y temperaturas extremas significa proteger suelos y cuencas, recuperar ecosistemas que regulan el agua, fortalecer la agricultura familiar y mejorar la infraestructura y capacidad de respuesta de las comunidades. Significa anticiparse en lugar de reconstruir una y otra vez después de cada desastre.

Los eventos extremos que hemos vivido recientemente en Chile debieran ser suficiente advertencia. No podemos evitar todos sus impactos, pero sí decidir cuánto nos preparamos para enfrentarlos. Y ahí el Estado tiene una responsabilidad insustituible: contar con políticas, regulación, planificación y recursos capaces de reducir y mitigar los riesgos antes de que una emergencia vuelva a ponerlos en evidencia.

Por eso preocupa que, precisamente cuando necesitamos fortalecer nuestra capacidad de adaptación, la protección ambiental parezca perder prioridad en la agenda política. En marzo, el Gobierno retiró de Contraloría 43 decretos ambientales que se encontraban en distintas etapas de tramitación y, casi cinco meses después, 35 de ellos continúan pendientes de reingreso. Por cierto, es necesario discutir y perfeccionar las políticas públicas; lo que no podemos permitirnos es postergar indefinidamente las herramientas necesarias para proteger ecosistemas, enfrentar la contaminación y preparar nuestros territorios para una crisis que ya está ocurriendo.

La protección ambiental no es un obstáculo para el desarrollo productivo, y en un país altamente vulnerable al cambio climático, es una de sus condiciones básicas. Sin agua disponible, suelos saludables, ecosistemas funcionales y territorios preparados, tampoco existe agricultura resiliente. Y sin una agricultura capaz de resistir un clima cada vez más extremo, nuestra seguridad alimentaria también se vuelve más frágil.

Este 9 de septiembre, Día Mundial de la Agricultura, reconocer a quienes producen nuestros alimentos debiera significar también asumir esa responsabilidad. La pregunta ya no es si Chile volverá a enfrentar sequías, incendios, inundaciones u olas de calor, sino qué tan preparado estará cuando ocurran.

Adaptarnos tiene un costo, pero no hacerlo tiene uno mucho mayor. Y cuando lo que está en juego es nuestra capacidad de producir y acceder a los alimentos, parece tremendamente injusto que ese costo termine pagándolo casi exclusivamente la ciudadanía. Algo acá tiene que cambiar.


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