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La contaminación sigue la comida de las ballenas

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¡Hola! Esta semana, Juego Limpio vuelve a mirar el medioambiente desde lugares que a primera vista parecen muy distintos: un relleno sanitario observado desde el espacio, los fiordos donde se alimentan las ballenas, los nuevos centros de datos que llegan con la expansión de la inteligencia artificial y un océano que está cambiando en varias dimensiones al mismo tiempo.

La tecnología aparece como una herramienta para hacer visibles algunos de estos procesos. Los satélites permiten detectar fugas de metano que hasta hace poco eran prácticamente imposibles de localizar; nuevas técnicas hacen posible seguir contaminantes a través de las cadenas alimentarias; y los sistemas de refrigeración Zero-Water buscan reducir la presión de los data centers sobre un recurso cada vez más escaso. Pero también hay señales que no necesitan tecnología para advertirnos: el océano acumula calor, se acidifica y cambia sus ecosistemas, mientras una parte importante de sus aguas enfrenta simultáneamente varias presiones climáticas.

  • Metano, la alerta que llega desde Turquía: la COP31 tendrá como anfitrión a un país donde los satélites detectaron grandes fugas de metano en rellenos sanitarios. Chile también aparece en ese mapa, con tres instalaciones entre los mayores emisores detectados en 2025.
  • La contaminación sigue la comida: una investigación en los fiordos patagónicos muestra cómo el metilmercurio circula por la red alimentaria y genera distintas exposiciones en ballenas azules y jorobadas según lo que comen.
  • Data centers Zero-Water: la expansión de la inteligencia artificial aumenta la necesidad de refrigeración. Los nuevos sistemas buscan reducir a cero el agua utilizada para enfriar los servidores, un desafío especialmente relevante para Chile.
  • Señales de alerta | El océano cambia en varias dimensiones: el último informe de Copernicus advierte que cerca del 25% de los primeros 1.000 metros del océano enfrenta simultáneamente más de dos presiones climáticas, entre ellas, calentamiento, acidificación y pérdida de oxígeno.
  • Futuro verde en marcha: ciencia, hidrógeno verde y arte se encuentran esta semana, porque la chilena Daniela Quiñones vuelve a ser finalista de los Nature Awards for Inspiring Women in Science; Chile, la UE y Alemania profundizan su cooperación para impulsar proyectos de hidrógeno renovable; y Puerto Varas prepara una nueva edición de FAVsur, dedicada este año a la relación entre arte, ciencia y agua.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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La alerta de metano que llega de Turquía hasta los rellenos sanitarios de Chile

Hay algo inquietante en la historia que se está conociendo desde hace un par de días en Turquía: el metano de un relleno sanitario puede verse desde el espacio.

En las afueras de Estambul, el vertedero de Silivri recibe unas 10.000 toneladas de residuos cada día. Durante años, los habitantes de localidades cercanas han convivido con el olor de la descomposición de residuos orgánicos. Ahora, las imágenes satelitales permiten ver algo que a simple vista es invisible: una enorme pluma de metano escapando desde el relleno. El análisis realizado por investigadores de UCLA a partir de datos de Carbon Mapper estima una emisión promedio de 7,4 toneladas de metano por hora, una de las tasas más altas registradas en un relleno sanitario en el mundo.

  • La noticia llega justo cuando Turquía se prepara para recibir la COP31, que se realizará en Antalya en noviembre. Y ahí aparece la paradoja. El país anfitrión ha colocado la reducción del metano y la política de residuos cero entre las prioridades de su agenda climática. Sin embargo, Turquía alberga algunos de los grandes “superemisores” de metano identificados mediante satélites. En Silivri, además, existe un sistema que captura biogás y utiliza parte del metano para generar energía: el operador señala que extrae unos 6.000 metros cúbicos por hora. El problema es que una parte del gas sigue escapando.

La escena turca sirve para entender por qué esta tecnología está cambiando la manera de mirar la basura. El metano es invisible, pero sus emisiones pueden ser localizadas desde el espacio. Una investigación publicada en Nature analizó 151 sitios de disposición de residuos en seis continentes mediante 1.447 observaciones satelitales de alta resolución.

Los investigadores encontraron que las estimaciones obtenidas desde el espacio no guardaban una correlación general con las emisiones reportadas o modeladas a escala de cada instalación. Vale decir que todavía existe una incertidumbre importante entre lo que calculamos que emite un relleno y lo que efectivamente podemos observar.

Y aquí la historia deja de ser turca. Chile aparece en ese mismo mapa mundial. El análisis de UCLA basado en datos de Carbon Mapper ubicó tres rellenos sanitarios chilenos entre los 10 sitios con mayores tasas de emisión detectadas durante 2025: Loma Los Colorados, en Tiltil, con 5,5 toneladas de metano por hora; Santa Marta, en Talagante, con 5,2; y CEMARC, en Penco, con 5,0 toneladas por hora. Los tres aparecen en los lugares 5, 6 y 9, respectivamente, de ese listado global.

El dato, sin embargo, necesita una precisión: No significa que esos tres rellenos estén emitiendo exactamente esa cantidad durante cada hora del año. Son tasas obtenidas a partir de observaciones satelitales y sirven para identificar grandes fuentes puntuales. La propia investigación científica advierte que las emisiones pueden variar considerablemente en el tiempo y que los satélites no observan todas las condiciones. De hecho, el estudio de Nature concluye que hacen falta mediciones repetidas y complementarias en terreno para entender mejor las emisiones de cada instalación.

  • Afortunadamente en Chile no hemos perdido demasiado tiempo, ya que estamos haciendo justamente eso. Desde 2025, el grupo canadiense FluxLab, con apoyo de Global Methane Hub que lidera el chileno Marcelo Mena, comenzó a medir las emisiones de metano de rellenos sanitarios chilenos directamente en terreno. El estudio piloto cubrió cinco rellenos durante dos semanas.
  • En 2026 comenzó una nueva etapa de cooperación entre Chile y Canadá que contempla campañas estacionales durante un año en tres instalaciones, combinando mediciones desde vehículos con observaciones satelitales. La idea es contrastar ambas aproximaciones y obtener una imagen más precisa de dónde y cuánto metano está escapando.

La razón para mirar con atención estos escapes está en lo que ocurre dentro de la basura. Cuando los residuos orgánicos –restos de comida, principalmente– quedan enterrados y se descomponen sin oxígeno, generan metano. Y cuanto más eficiente sea la separación de esos residuos antes de que lleguen al relleno, menor será la cantidad de gas que habrá que capturar después. Una investigación publicada en Nature Climate Change, que estudió 102 rellenos de altas emisiones mediante cinco años de observaciones satelitales, concluyó que mejorar la gestión de los rellenos y desviar los residuos orgánicos hacia compostaje y biodigestión podría reducir hasta 80% las emisiones de metano de los sitios analizados.

Por eso, la imagen de un satélite apuntando a un relleno sanitario es mucho más que una curiosidad tecnológica. Permite convertir una emisión invisible en un punto concreto sobre un mapa.

Turquía llega a la COP31 hablando de residuos cero, al tiempo que sus satélites muestran algunas de sus mayores fugas; Chile, mientras tanto, aparece con tres rellenos entre los grandes emisores detectados globalmente y comienza a contrastar esas señales desde tierra. La pregunta que queda abierta es clave: ¿qué pasaría si miráramos sistemáticamente desde el espacio todos los grandes rellenos sanitarios de nuestro país?

La respuesta podría cambiar la manera en que medimos, fiscalizamos y gestionamos nuestra basura.

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La contaminación sigue la comida de las ballenas en La Patagonia

En los fiordos de la Patagonia chilena, una ballena azul y una jorobada pueden alimentarse en las mismas aguas y, sin embargo, estar expuestas de manera diferente a los contaminantes. Una investigación publicada en agosto de 2026 en Environmental Pollution analizó el metilmercurio y ocho elementos traza en una red alimentaria que incluye ballenas, krill, zooplancton y langostinos. El estudio concluye que las diferencias en las estrategias de alimentación de ambas especies determinan buena parte de sus niveles de exposición.

Para reconstruir ese recorrido, los investigadores combinaron el análisis de contaminantes con isótopos estables de carbono, nitrógeno y azufre, que permiten identificar la posición de los animales dentro de la red alimentaria y reconstruir su dieta. El trabajo se realizó en el golfo Corcovado y los canales Moraleda y Puyuhuapi, entre los 43° y 45° de latitud sur, una zona de alta productividad que durante el verano concentra eufáusidos o krill, zooplancton, langostinos y pequeños peces. Las muestras permitieron seguir los contaminantes desde las presas hasta los grandes cetáceos.

La diferencia comienza en la alimentación. La ballena azul ocupa una posición trófica más baja y se alimenta principalmente de eufáusidos, mientras la jorobada tiene una dieta más amplia que incorpora presas situadas en niveles superiores, como langostinos y pequeños peces. Esa diferencia se refleja en el metilmercurio: el estudio encontró que este contaminante aumenta con la posición trófica y que las jorobadas acumulan concentraciones mayores que las azules. En otras palabras, el contaminante no se distribuye al azar: sigue la estructura de la cadena alimentaria.

Pero aparece una paradoja. Que las ballenas azules tengan menores concentraciones de metilmercurio en sus tejidos no significa que ingieran menos contaminantes. Debido a su enorme demanda energética, pueden consumir alrededor de 16 toneladas de presas al día, frente a unas nueve toneladas estimadas para las jorobadas. Por eso, las azules presentan una ingesta diaria absoluta mayor de varios elementos traza, aunque no necesariamente de aquellos que se biomagnifican con mayor intensidad.

El estudio encontró, de hecho, comportamientos diferentes entre los elementos analizados: el metilmercurio y el selenio mostraron biomagnificación, mientras cadmio, litio y manganeso evidenciaron dilución trófica.

La imagen que emerge es, por tanto, más compleja que la de un océano simplemente “contaminado”. La contaminación sigue la comida: entra en la red alimentaria, pasa de un organismo a otro y adquiere trayectorias distintas dependiendo de la dieta y posición trófica de cada especie.

Una ballena azul y una jorobada pueden compartir el mismo paisaje marino, pero no necesariamente la misma exposición. Y seguir esas diferencias mediante biopsias y análisis isotópicos ofrece una herramienta para construir una línea de monitoreo de los grandes cetáceos y, al mismo tiempo, observar cómo están cambiando las redes alimentarias de los fiordos patagónicos.

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Data centers “Zero Water”: la nueva carrera tecnológica que llega a Chile

Un centro de datos es, en esencia, una enorme máquina que transforma electricidad en capacidad de procesamiento y calor. Ese calor debe ser disipado y, durante años, una de las formas más eficientes de hacerlo ha sido mediante sistemas que utilizan agua y la pierden por evaporación. Los llamados data centers Zero-Water buscan cambiar esa ecuación mediante refrigeración líquida en circuitos cerrados, sistemas secos y tecnologías que permiten reducir prácticamente a cero el consumo de agua fresca destinado al enfriamiento.

La tecnología cobra importancia con la expansión de la inteligencia artificial (IA), cuyos servidores concentran cada vez más potencia y generan más calor. Microsoft anunció que sus nuevos diseños para centros de datos utilizarán refrigeración sin evaporación y estima que cada instalación podrá evitar el consumo de más de 125 millones de litros de agua al año. Pero el cambio tiene una contrapartida: dependiendo del sistema y del clima, reducir el uso de agua puede aumentar la demanda eléctrica necesaria para disipar el calor.

La discusión resulta especialmente relevante para Chile. El país se está convirtiendo en un polo de infraestructura digital y, al mismo tiempo, enfrenta un escenario de estrés hídrico en buena parte de la zona central. Un estudio de Colliers, actualizado en septiembre de 2026, contabiliza 36 centros de datos operativos, 255 MW de capacidad instalada y 34 nuevos desarrollos o ampliaciones. Más de 120 MW están actualmente en construcción, mientras otros proyectos previstos hacia 2031 agregarían 367,8 MW.

Entre los proyectos destacan la futura región de infraestructura de Amazon Web Services, con una inversión superior a US$ 4.000 millones en 15 años; los campus de EdgeConneX y Scala Data Centers, además de nuevas instalaciones de ODATA y Cirion. Algunas iniciativas ya están incorporando el problema hídrico desde el diseño: Scala, por ejemplo, señala que sus nuevas instalaciones en Chile están concebidas para operar con WUE cero, es decir, sin consumo de agua para refrigeración.

  • El contraste con la infraestructura existente muestra por qué la discusión importa. El centro de datos de Google en Quilicura consumió unos 461 millones de litros de agua durante 2024, según los datos ambientales de la compañía. Google sostiene que ese consumo fue compensado mediante proyectos de gestión hídrica.
  • El debate también llegó a los tribunales: el Segundo Tribunal Ambiental ordenó retrotraer parte de la evaluación ambiental de un proyecto de Google en Cerrillos para incorporar adecuadamente los efectos del cambio climático sobre el componente hídrico y el acuífero Santiago Central.

La tecnología Zero-Water puede reducir una de las principales presiones sobre el agua, pero no elimina la huella energética ni otros impactos asociados a estas instalaciones. En un país donde la infraestructura digital seguirá creciendo, la discusión sobre los nuevos data centers también es una sobre qué tan compatible puede ser la inteligencia artificial con los límites físicos del territorio.

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Señales de alerta

El océano ya no cambia solo: las presiones del clima empiezan a encontrarse

Durante mucho tiempo, el cambio climático en el océano se contó principalmente a través de una cifra: cuánto estaba aumentando su temperatura. El 10º Informe sobre el Estado del Océano de Copernicus (OSR10) muestra que esa mirada ya no es suficiente. El océano se está calentando, sube el nivel del mar, aumenta su acidez y están cambiando los organismos que sostienen las redes alimentarias. Y lo más relevante es que estas transformaciones comienzan a superponerse.

  • El dato más significativo es que alrededor del 25% de los primeros 1.000 metros del océano está sometido actualmente a más de dos factores de estrés climático simultáneos. El calor puede coincidir en una misma zona con cambios en la salinidad, acidificación o pérdida de oxígeno, generando condiciones más complejas para los ecosistemas marinos.
  • El calentamiento ya es evidente: el océano absorbe cerca del 90% del exceso de calor generado por las actividades humanas y su temperatura superficial aumentó unos 0,12 °C por década entre 1982 y 2025. En 2025, además, alcanzó su máximo histórico de contenido de calor. A esto se suma un nivel del mar que aumentó 3,8 milímetros por año entre 1999 y 2025 y una acidificación que se incrementó aproximadamente 17% desde 1985.

Los cambios también alcanzan la vida marina. Cerca del 5% del océano global experimentó durante las últimas tres décadas modificaciones persistentes en los patrones estacionales del fitoplancton, organismos que están en la base de las redes alimentarias. Si cambia su distribución o productividad, también pueden cambiar las condiciones para otras especies y, eventualmente, para actividades como la pesca.

El informe muestra que estas transformaciones ya tienen expresiones extremas en distintas regiones. En el Mediterráneo y el mar Negro, 2024 registró olas de calor marinas que en algunos casos duraron más de 30 días y alcanzaron temperaturas 4,6 °C sobre el promedio. En el Ártico, en tanto, la temperatura aumentó unos 4,2 °C entre 1982 y 2024, mientras la cobertura de hielo se redujo 17%.

El océano está cambiando en varias dimensiones a la vez y, en una cuarta parte de sus primeros 1.000 metros, esas presiones ya se están superponiendo.

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Futuro verde en marcha

Daniela Quiñones, la chilena que vuelve a destacar entre las mujeres que inspiran la ciencia ambiental

La bióloga ambiental y educadora chilena Daniela Quiñones Cortés fue seleccionada por segundo año consecutivo entre las cinco mujeres que integran el shortlist mundial de los Nature Awards for Inspiring Women in Science 2026, en la categoría Science Outreach. Con ello, se convierte en la única mujer chilena en haber alcanzado esta distinción internacional en dos ediciones consecutivas del premio organizado por la revista Nature.

Quiñones creció en Maipú y fue la primera persona de su familia en llegar a la universidad. Es bióloga ambiental de la Universidad de Chile, magíster en Educación y doctora en Ciencias Aplicadas. Lleva 13 años dedicada a la educación y desde hace cinco años lidera el Área Educativa de Fundación Ingeniosas, organización que busca acercar la ciencia y la tecnología a niñas y adolescentes de contextos vulnerables en Chile, Argentina, Perú y Colombia. También fundó GirlScienceDate, una comunidad latinoamericana de mujeres científicas.

El reconocimiento destaca precisamente ese trabajo de divulgación y acercamiento de la ciencia a nuevas generaciones. “Este reconocimiento no nació de recursos ni de plataformas grandes. Nació del trabajo sostenido, del equipo de Fundación Ingeniosas, y de cada niña que alguna vez participó en un taller y se fue sintiéndose un poco más capaz”, expresa Quiñones. La ceremonia de los premios se realizará el 3 de noviembre en Londres, donde se conocerá la ganadora de la categoría.

Chile, la UE y Alemania profundizan cooperación para llevar el hidrógeno verde a la etapa de inversión

Chile, la Unión Europea y Alemania firmaron una Declaración Conjunta de Intenciones para profundizar la cooperación en hidrógeno renovable, combustibles limpios alternativos y tecnologías Power-to-X (PtX). El acuerdo busca pasar de la etapa de desarrollo de condiciones habilitantes a una fase centrada en estructurar, financiar y escalar proyectos, fortaleciendo además la transferencia tecnológica, el acceso a mercados y la creación de cadenas de valor entre Chile y Europa (H2 News).

La nueva etapa se construye sobre una cooperación desarrollada entre 2023 y 2026, que incluyó apoyo a la modernización del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, asesoría financiera para proyectos de hidrógeno y amoníaco verde y aportes a la taxonomía de Chile y a un sistema de certificación compatible con estándares europeos.

También se desarrollaron pilotos de monitoreo satelital de turberas en Magallanes, movilidad limpia en Santiago y energías renovables en la Antártica. Ahora, el objetivo es llevar ese trabajo hacia proyectos concretos e inversiones, con participación de actores públicos y privados chilenos, europeos y especialmente alemanes.

FAVsur pone al agua en el centro del arte y la reflexión ambiental

El 2º Festival de Artes Verdes FAVsur se realizará desde el 22 al 25 de octubre en Puerto Varas, bajo el lema “Habitantes del Agua”, con una programación gratuita que reúne exposiciones, cine, conversaciones, talleres, experiencias inmersivas y mediaciones ecoartísticas. Esta segunda edición propone mirar el agua como fuente de vida y espacio de convivencia entre especies, culturas y ecosistemas, utilizando las artes y la educación como herramientas para abordar los desafíos ecológicos actuales.

La programación contempla la exposición central Habitantes del Agua, una sala VR, diálogos con artistas, científicos, investigadores y comunidades, cine, videoarte, talleres de creación y ciencia, además de un laboratorio de proyectos artísticos y un encuentro de agentes creativos y sostenibles. El festival también llevará actividades de mediación ecoartística a zonas rurales mediante el cine y el stop motion.

Con sedes en espacios como el Centro de Arte Molino Machmar, Casa Cine, Club Alemán Tropera y Hotel Bellavista, FAVsur busca generar un espacio de encuentro entre arte, ecología, educación y territorio desde el sur de Chile.


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