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Las consecuencias de Lula para el clima global

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La reelección de Lula da Silva en Brasil abre un nuevo período para las políticas de protección de la Amazonía. La deforestación cayó un 41,8% entre agosto de 2025 y julio de 2026, mientras estudios advierten sobre la pérdida de capacidad del bosque para absorber carbono y regular las lluvias.


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¡Hola! Pensaba que en la edición de hoy traería solo un saludo, desearles un buen cierre del mes de octubre, avisarles que en Juego Limpio hemos tomado una semana de descanso y que regresaremos, como siempre, con más información y más atentos, durante la primera semana de noviembre.

Pero me arrepentí, será algo más que un saludo. En casa me preguntaron ¿por qué es un respiro para el clima global el triunfo de Lula? Acá les dejaré algunas de las razones.

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Lula y la Amazonía: una elección con consecuencias para el clima global

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva tiene una dimensión que excede ampliamente la política brasileña. Brasil concentra alrededor del 60% de la Amazonía y, por tanto, sus decisiones sobre deforestación, incendios, áreas protegidas y territorios indígenas tienen consecuencias sobre uno de los sistemas ecológicos más importantes del planeta.

  • La primera señal es concreta: entre agosto de 2025 y julio de 2026, la deforestación en la Amazonía Legal cayó a 3.335 km², un 41,8% menos que el período anterior y la cifra más baja desde que comenzó la serie del Prodes en 1988. Es, además, el quinto descenso anual consecutivo.

La importancia climática de esa caída está en que cada hectárea de bosque que permanece en pie cumple una función que va mucho más allá de almacenar carbono.

La Amazonía participa en el ciclo hidrológico continental mediante la evapotranspiración y el transporte de humedad. También influye sobre los patrones de precipitación de Sudamérica y almacena enormes cantidades de carbono en su vegetación y suelos. Un estudio publicado recientemente en Nature, basado en 15 años de mediciones atmosféricas de CO₂, encontró que la Amazonía está perdiendo capacidad para compensar sus propias emisiones.

  • Los autores estimaron un balance de carbono promedio de 0,32 ± 0,08 PgC por año, con los incendios como principal fuente de emisiones. Además, concluyeron que la deforestación y la degradación han reducido las precipitaciones anuales de la región en aproximadamente 8% durante los últimos 46 años y las precipitaciones del período seco en cerca de 20%.

Ese resultado permite entender por qué la política brasileña contra la deforestación es también una política climática.

Y la importancia climática de este resultado es enorme. La Amazonía no es solamente una reserva extraordinaria de biodiversidad: su vegetación almacena grandes cantidades de carbono y participa activamente en el ciclo regional del agua.

Un nuevo análisis del propio INPE, basado en 15 años de mediciones aéreas, concluyó que el desmonte y los incendios son los principales responsables de las emisiones de carbono en buena parte de los años estudiados, mientras que los extremos climáticos amplifican esos impactos. La degradación del bosque, además, reduce su capacidad de absorber carbono, altera las lluvias y prolonga las temporadas secas.

La continuidad de Lula también significa mantener políticas que han contribuido a reducir la presión sobre el bosque: fiscalización, monitoreo satelital, protección de unidades de conservación y territorios tradicionales y movilización de recursos para combatir la deforestación. En 2026, por ejemplo, el desmonte dentro de las unidades de conservación federales de la Amazonía cayó a 111 km², el nivel más bajo desde que existe esa serie y 82% inferior al máximo registrado en 2021. El Gobierno también creó cuatro nuevas reservas de desarrollo sostenible en Amazonas y un nuevo parque nacional en Rondônia.

Pero la elección no resuelve por sí sola el desafío amazónico. Brasil todavía debe convertir la reducción de la deforestación en una tendencia permanente y avanzar hacia el compromiso de eliminar la deforestación ilegal para 2030, mientras enfrenta presiones del agronegocio, la minería, la infraestructura y los incendios.

  • La diferencia es que, con Lula, la política brasileña mantiene como objetivo declarado combinar desarrollo y protección de los bosques, en un momento en que la evidencia científica muestra que conservar la Amazonía no es solamente una política de biodiversidad: es también una de las decisiones climáticas con mayor impacto que puede adoptar un país individual.

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