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En tiempo de crisis de confianza, una de las apuestas es a la comunicación

por 28 mayo, 2015

En tiempo de crisis de confianza, una de las apuestas es a la comunicación
No podemos estar buscando la solución a todos nuestros problemas en la comunicación. No es posible, ni tampoco efectivo. La misma comunicación que en el pasado era responsable y culpable de todos los males, hoy es usada por muchas instituciones, empresas o personajes como la única vía de solución a esta madeja de problemas. Craso error, la comunicación no lo arregla todo.
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Hoy en día, cuando la duda y la desconfianza se esparcen de modo incontenible sobre instituciones públicas, privadas, autoridades, empresas y grupos empresariales, cuando iconos tan potentes e intocables como la figura presidencial son cuestionados, es momento de detenernos, pensar y preguntarnos qué nos falta.

​A todo nivel se siente y exterioriza que estamos en presencia de una crisis de confianza y reputación. Una crisis que no se solucionará con dimisiones, renuncias, cambios de gabinete o más promesas. Misma crisis que no se arregla con cambiar la forma de comunicar o al interlocutor al que se le habla.

Por ello, en la situación que estamos hoy, no podemos estar buscando la solución a todos nuestros problemas en la comunicación. No es posible, ni tampoco efectivo. La misma comunicación que en el pasado era responsable y culpable de todos los males, hoy es usada por muchas instituciones, empresas o personajes como la única vía de solución a esta madeja de problemas. Craso error, la comunicación no lo arregla todo.

¿Qué falta? Nos faltan certezas, que podamos afirmar las cosas con propiedad, ​sin tener dudas, sin tener tejado de vidrio para poder asegurar cosas. Nos falta empatía, poder ponernos en el lugar del otro al momento de tomar una decisión. Nos falta humildad, reconocer que no somos capaces y necesitamos del otro. Nos falta transparencia, asumir que nuestro actuar es público​, ​aunque no lo queramos.

Nos falta ser éticos y no estéticos, hoy no basta con decir que hacemos las cosas bien, hay que hacerlas bien. Nos falta cumplir las expectativas, pues no se ha estado a la altura de que lo que se esperaba.

En este escenario, son muchos los que se están dando un festín con la presentación de soluciones de todo tipo. Unas más complejas que otras, pero todas con ​una misma visión y foco: solucionar la crisis pero no el problema de fondo.

Por ello, es momento de detenernos, mirar y volver a lo básico. Pudiendo estar de acuerdo o no con el mensajero, es válido tomar como punto de referencia el mensaje, y en este caso las palabras de la Presidenta, que se enmarcan en encontrar el diálogo, el reconocimiento y el respeto del otro.​ ​Asimismo, es necesario que entendamos que la gente “se ha dado cuenta”, que es consciente de su poder y lo hace sentir. Hoy no estamos en condiciones de subestimar al otro, tampoco en creer que las cosas se pueden contener eternamente, ni mucho menos ocultar. Hoy todo se sabe, más temprano que tarde, querámoslo o no y con consecuencias en algunos casos desastrosas.

Todas estas deudas y faltas, son expresadas por los consumidores, que son capaces de plasmar su descontento en distintas plataformas, medios e incluso en la calle, si no ven satisfechas sus demandas. A modo de ejemplo, las comunidades, al momento de sentirse no consideradas en una decisión, se han movilizado y detenido importantes proyectos energéticos e industriales. Los ciudadanos que sienten que el relato que ganó una elección, hoy no se condice con lo que sucede en la realidad, manifiestan su parecer en redes sociales, en el metro, en marchas, en todos lados.

No hay soluciones mágicas ni inmediatas. Hay que trabajar, de a poco, aunque con pasos firmes y seguros, sin prisa, pero sin caer en pausas constantes. Las herramientas pueden ser muchas, ​pero no nos sirven todas, por muy sofisticadas que parezcan.



Por ello, lo que se requiere hoy es eso, volver a los orígenes, a nuestra esencia. Mirar nuestro entorno, ver qué necesidades tiene cada uno y cómo ayudar a satisfacerlas. Entender que lo que quiere el otro no es tan complicado, si logro ponerme en su lugar. Dimensionar que si me quiero comunicar con alguien ​y hacerle llegar mis planteamientos, tengo que hablar el idioma que él habla. Asumir que siempre se puede dialogar con la contraparte. También, tener un poco más de paciencia, resiliencia y dejar que el tiempo haga su trabajo. Porque la reconstrucción de la confianza perdida es una tarea inagotable, permanente e infinita.

Hoy necesitamos entender que no es tan complicado, ni hay que buscar muy lejos. Hay que querer hacerlo y, lo más importante, hacerlo.

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