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Rosenblut, el inquieto

por 2 julio, 2015

Rosenblut, el inquieto
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La próxima declaración del ex presidente de Enersis ante la Fiscalía Nacional, en la que deberá responder a una batería de preguntas sobre financiamiento irregular de la política, podría llevar a Jorge Rosenblut a intentar exculparse –al menos en lo que se refiere al conglomerado eléctrico– diciendo que “las decisiones se tomaban en España”. También podría decir que eran otros los que las ejecutaban –jamás él–, como lo demostraría el hecho de que no existe un solo contrato de asesoría en el que aparezca su firma.

¿Por qué es muy probable que no haya un solo contrato firmado de su puño y letra? La respuesta está en el modus operandi empleado por Jorge Rosenblut, según el cual, una vez que este tenía la intención de facilitar un contrato a una empresa o persona concreta, hacía lo siguiente:

1.- Estructuraba una serie de argumentos en pro de la contratación de los servicios de esa empresa o persona. Alababa sus grandes redes, su influencia, la visión y la contribución que haría al grupo.

2.- Daba todas esas razones –y con ellas mostraba su interés– al responsable de la gerencia donde podía encajar el contrato en cuestión (por ejemplo, la Gerencia de Proyectos).

3.- Sugería al gerente que se reuniera con la persona, le pidiera una propuesta y la evaluara con calma. Esa reunión, a la que, por razones obvias, no podía negarse el ejecutivo sin desairar a su presidente, la organizaba Rosenblut con la contraparte.

4.- El entonces presidente de Endesa Chile hacía el seguimiento del resultado de la reunión con ambas partes. Y de no encontrar una negativa del gerente, Jorge Rosenblut le animaba a que pusiera en marcha el procedimiento interno para la obtención de las autorizaciones, con lo que lograba tres cosas: 1) que se contratara a la empresa o personas en las que él tenía un interés directo; 2) que los honorarios de la asesoría se imputaran a un centro de costo distinto al suyo; y 3) que su firma no apareciera en ningún contrato. En resumen, lograba su objetivo, evitando cualquier indicio documental que lo vinculara a él.

El procedimiento de autorización establecía que el área demandante del servicio a contratar debía emitir una solicitud razonada, en la que se pedía al entonces gerente general de Enersis, Ignacio Antoñanzas, que diera el visto bueno a la contratación. Recibida esa primera autorización de Antoñanzas, la solicitud pasaba al consejero delegado de Endesa, Andrea Brentan, y, finalmente, este la remitía a su contraparte en Roma.

Ninguna de las personas que formaban parte de ese circuito de autorización conocía, ni era consciente, de las motivaciones que habían llevado a Jorge Rosenblut a dedicar su tiempo a ‘vender’ al proveedor y a convencer al gerente –que era quien figuraba como solicitante de la autorización de la contratación y firmaba el contrato–, ni tampoco si los honorarios que se pagaban al proveedor eran coherentes y proporcionados respecto del resultado obtenido.

Eso es lo que hasta el día de hoy resienten los ejecutivos que vivieron bajo la era de Rosenblut. Si bien él hacía las veces de recaudador en los períodos de campañas presidenciales, “la verdad es que el tipo nunca se quedaba quieto”, dicen ahora. Durante los años que mediaban entre elección y elección se dedicaba a tejer sus redes.

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