Publicidad
Mac Margolis: «Brasil renuncia a pretensión de austeridad fiscal»

Mac Margolis: «Brasil renuncia a pretensión de austeridad fiscal»

Publicidad


El Mostrador Fuente Preferida

*Columna publicada en Bloomberg View.

No hubo discurso de despedida, tampoco portazos en el palacio. Cuando finalmente sucedió el viernes por la tarde, la salida de Joaquim Levy como ministro de Hacienda de Brasil fue el resultado de una reflexión sobre el anticlímax. Durante meses, la charla de pasillo en Brasilia y en los medios de comunicación se había centrado en el cuándo, no en sí es que, el economista más importante del país renunciaría.

El lunes, Levy –quien asumió el cargo en enero pasado – entregó formalmente el puesto a Nelson Barbosa, quien como ministro de planificación protegió durante un largo tiempo los esfuerzos del jefe de Hacienda para instaurar la austeridad. No obstante, la postura de Levy se había vuelto precaria desde agosto, cuando la presidenta Dilma Rousseff pasó por encima de él para enviar al congreso el presupuesto del año 2016 con un enorme déficit de US$8.100 millones.

La defensa de nuevos ingresos fiscales para un gobierno conocido por el abandono fiscal, la prédica de la parsimonia a los legisladores acostumbrados a la corrupción, el hablar sobre reformas estructurales a una clase política obsesionada con su propia supervivencia: con cada batalla, Levy perdió un poco más de ventaja política, y Brasil, un poco más de su reputación internacional.

Auge y caída

¿Qué puede lograr Barbosa que Levy nunca pudo? El nuevo ministro de Hacienda asume el cargo justo cuando la mayor economía de Latinoamérica se encuentra atrapada en la peor recesión en un cuarto de siglo. Al ritmo actual, Brasil está camino a registrar otra década perdida, con un producto interno bruto per cápita en 2018 que se prevé será un 5 por ciento más bajo que el del año 2010, según me dijo el economista Armando Castelar Pinheiro de la Fundación Getúlio Vargas.

Barbosa cuenta con una gran ventaja en el cargo: la afinidad ideológica. Levy, un conservador economista formado en la Universidad de Chicago, siempre fue un elemento extraño en el gabinete de Rousseff, donde el dinero fácil y el estímulo de los consumidores superaron la moderación.

A juzgar por el desplome del lunes que sufrió la divisa brasileña junto a las acciones, será mucho más difícil ganarse la confianza de los inversores. A su favor, Barbosa se comprometió rápidamente a luchar por el equilibrio fiscal y eliminar los trucos contables tales como el obligar a los bancos estatales a cubrir el déficit presupuestario. Un Tribunal de Cuentas Federal dictaminó este año que esos juegos de manos violaron la Ley de Responsabilidad Fiscal de Brasil, llevando a los legisladores de oposición a solicitar el juicio político de Rousseff.

Barbosa también se comprometió a adoptar reformas estructurales olvidadas, como la mejora del absurdo sistema de pensiones de Brasil, que roba a los jóvenes para permitir que hombres y mujeres se jubilen con edades promedio de 54 y 52 años, respectivamente. Debido a que la preservación de esas generosas pensiones sigue siendo una prioridad de la izquierda brasileña, la misma que sacó a Levy de su cargo, esta no será una tarea fácil.

No hace mucho, Brasil era la mejor apuesta de la región. Contaba con una economía en crecimiento que ayudó a los pobres y absorbió el capital extranjero. Cuando las cosas cambiaron, en lugar de apuntar hacia las reformas, las autoridades brasileñas respondieron con una especie de juego político de dos caras: Levy fue enviado al extranjero como el superministro que podía salvar la economía en crisis de Brasil, a pesar de que su competencia en el palacio brasileño ejercía presión para salvar a Brasil de Levy.

Como resultado, en menos de un año, Levy pasó de ser un paladín de probidad económica a facilitador de un gobierno con un mal hábito. Ahora Barbosa debe ser tanto Levy como su complemento, y convencer a los inversores de que es serio acerca de frenar el gasto al mismo tiempo que promete a los brasileños afectados por la crisis que no pagarán las consecuencias. ¿A quién traicionará?

Esta columna no refleja necesariamente la opinión de la dirección editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Publicidad