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Economía solidaria de mercado

por 18 junio, 2018

Economía solidaria de mercado
No cabe sino preguntarse por los efectos que esta modernización tendrá sobre nosotros: ¿podrá llegar a ser irremediablemente catastrófico para una parte no menor de la población?, ¿es deseable un avance de esta envergadura?, ¿surgirán voces que busquen limitar este tipo de innovación?
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De un tiempo a esta parte, es ya un lugar común afirmar que la tecnología ha modificado fuertemente el mundo laboral y empresarial, recibiendo con sensaciones encontradas el proceso de robotización de sus procesos productivos. Es claro también que esto recién comienza y que el fenómeno guardará especial relevancia en los próximos años, modificando con aún mayor fuerza e intensidad a la economía, la empresa y el trabajo.

La implementación de tecnologías en el mundo del derecho, por ejemplo, ya prevé serias reestructuraciones para los abogados, quienes -en un porcentaje no menor- podrán ser reemplazados por verdaderas máquinas leguleyas, capaces de buscar velozmente jurisprudencia y relacionarla con actuales contiendas. Para qué hablar de ciertos trabajos de menor calificación, cuya función podrá “fácilmente” ser sustituida por un artefacto inteligente que haga de la mecanización un proceso simple y expedito. Hay también quienes sostienen que estos avances permitirán abrir el apetito y eliminar a la política -y a sus personajes-, siendo fácilmente reemplazables por máquinas de consenso.

Frente a este proceso de modernización aparentemente irreversible, en el que los paradigmas desde los cuales observamos la realidad se verán profundamente modificados, no cabe sino preguntarse por los efectos que esta modernización tendrá sobre nosotros: ¿podrá llegar a ser irremediablemente catastrófico para una parte no menor de la población?, ¿es deseable un avance de esta envergadura?, ¿surgirán voces que busquen limitar este tipo de innovación?

Por una parte, pareciera que aún sabemos poco de este fenómeno y que nuestra capacidad de reacción frente a él será tardía. Por otra, es cierto que la manera de entendernos, de relacionamos y en la que decidimos organizarnos no es fruto de la espontaneidad, sino que responde a decisiones concretas y a acuerdos sociales anclados en una época determinada. Por lo mismo, no sería correcto pensar que este fenómeno pasará por encima nuestro y que apenas podremos resistirnos a él. Sin ir más lejos, es el mundo empresarial el que corre con mayor ventaja para anticiparse a esta evolución.

En consecuencia, ¿será este el momento para reducir jornadas de trabajo y promover una cultura laboral más acorde con la promoción de la familia y el desarrollo de la persona en todos aquellos espacios extralaborales? ¿No será tiempo para que las empresas salgan del ojo de la lupa y empiecen a jugar en cancha propia, proponiendo un nuevo modelo y asumiendo un rol social preponderante? En otras palabras, ¿no serán estos avances un llamado de atención y una oportunidad para centrar el foco en las personas y no en la mera producción de bienes y servicios?

Una inevitable superación de la economía social de mercado podrá ser fuertemente promovida, precisamente, desde la empresa, situándola como un actor relevante en el destino de las sociedades. Es más, el principal desafío que podrá asumir desde ya consiste no solo en comprender lo relevante de incorporar al desarrollo a los grupos más desprotegidos, sino que también el de compatibilizar los avances tecnológicos con la dignidad humana por sobre cualquier actividad u objeto, haciendo propia la tarea de humanizar la empresa y el mundo que la rodea.

Pienso en empresarios guiados no solo por criterios de eficiencia sino por criterios morales no exigibles por ley; departamentos de responsabilidad social que sean parte del corazón de las empresas y no oficinas relegadas y establecidas solo para cumplir con el checklist; o bien, junto al Estado, promover tanto una sociedad civil vigorosa como diversas alternativas de organización empresarial, tales como las cooperativas o las empresas B, impulsando una agenda solidaria de mercado, en que la tecnología, la dignidad de la persona y la solidaridad jueguen un rol preponderante hacia el futuro. Así, entendiendo el rol de la modernización, antes que un problema, será una gran oportunidad para una nueva economía solidaria.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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