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Es más que economía Opinión

Es más que economía

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Fernando Alessandri
Por : Fernando Alessandri Licenciado en Historia y Comunicación Social, Periodista, Global MBA de IESE
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Me  parece que es hora de reinventarse y empezar a remar juntos, pensando antes de actuar, dejando atrás lo que fue, como dice el refrán, “agua pasada no mueve molino» y sería bueno dejar de tratar de imponerse sobre los demás porque sí y aprender a dejar que te impongan teorías absurdas, aunque sean populares, sin tener que recurrir a romperlo todo o a la coacción como método de control de masas. Estamos atrapados por repetir lo que siempre se ha hecho, en vez de tratar de enfrentar nuestra problemática ecológica, social, política y nacional, sin ver salidas diferentes a los problemas de siempre y, como es de público conocimiento, Einstein le llamó a eso una estupidez.


Cuando nos vuelve a rondar el 11 de septiembre, los invito a reflexionar acerca de la estética de retén oficinista y lógica de última línea que aniquiló el barrio El Golf. Sin ser urbanista, me atrevo a compararlo con dinamitar La Recoleta, algo que ni los K sugerirían hacer. También pensemos en Karadima y sus defensores, en que todavía no caen Errázuriz ni Ezzati, en que el ex alcalde Zalaquett se autodenomine estadista y se dedique con la parentela a facilitar permisos para negocios de Tragamonedas, en la nefasta Ley de Pesca vigente, en lo importante de la inclusión versus el esnobismo del «gentrification» y en lo absurdo de ser genuflexivo en el día a día, sin patrón Oro.

Párrafo aparte merece lo complejo de tener una lógica de mercachifle figuretti en La Moneda y los errores que de ahí han entorpecido el buen gobierno, como los bingos, recomendaciones del ministro de Economía de sacar la plata del país, echarle la culpa de todo lo poluto a Enap y hacer del material particulado en suspensión un gran tabú que se arreglaría con restricción vehicular y calor eléctrico. Esto último, parece lobby de los broncopulmonares más que una política pública para ser tomada en serio.

Por duro que sea lo que describo, no quiere decir ni por un segundo que hay santos en la “moralina” subsidiada que llevó al Golpe de Estado que nos sigue dividiendo. Para nada.

El miedo y lo del mono 100 son cómplices de todas las anteriores y no hay escape que lo haga desaparecer; salvo, quizás, el atreverse a decir, pensar, sentir y hacer: integrados.

Es evidente que el experimento chileno de “Friednochet”, fracasó.

La falta de carcajada general y las caras de culo en los que circulan en los autos más caros del taco, son la mejor evidencia de ello.

Aún hay patria, ciudadanos, y aunque la contienda sea desigual y no le sirvan «chupilca del diablo», atrévase a ser, más que parecer, porque la muerte lo va a llevar igual.

O cambiamos o se nos viene complicada la cosa y hasta aquí no vamos tan bien.

Colaborar es mucho mejor que competir.

Cambio y fuera. Que el avión no se caiga, me entiende, general… Que el avión no se caiga.

Me  parece que es hora de reinventarse y empezar a remar juntos, pensando antes de actuar, dejando atrás lo que fue, como dice el refrán, “agua pasada no mueve molino» y sería bueno dejar de tratar de imponerse sobre los demás porque sí y aprender a dejar que te impongan teorías absurdas, aunque sean populares, sin tener que recurrir a romperlo todo o a la coacción como método de control de masas.

Estamos atrapados por repetir lo que siempre se ha hecho, en vez de tratar de enfrentar nuestra problemática ecológica, social, política y nacional, sin ver salidas diferentes a los problemas de siempre y, como es de público conocimiento, Einstein le llamó a eso una estupidez.

Pronto se nos viene el aniversario de la Independencia y propongo que, en un acto de Desobediencia Civil a lo Thoreau, nuestros corazones difieran del escudo patrio y apelemos a la Fuerza de la Razón,  porque hasta ahora eso de la Razón o la Fuerza no nos ha hecho ni mejores ni más libres.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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