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Funcionario clave de la Fed quiere más rigor para bancos extranjeros que operan en EEUU

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Los bancos más grandes del mundo tienen un amplio margen de acción. Muchos operan con un solo balance general global, recaudan dinero donde éste es más barato y lo invierten donde obtienen el retorno más grande.

De modo que en ciertos países, los bancos pueden tener más pasivos que activos. Los reguladores les dan carta blanca suponiendo que si una de sus empresas nacionales se mete en problemas, la oficina local rápidamente le girará todos los fondos que necesite.

Daniel Tarullo no cree que sea una buena idea. Y por ser clave para la regulación en la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, ejerce influencia cuando dice no. Tarullo forma parte de una oleada de reguladores nacionales que tratan de “proteger” las operaciones bancarias nacionales –insistiendo en que tengan un abultado colchón de capital localmente. La Fed no quiere verse obligada a pedir ayuda a otros bancos centrales si un banco extranjero en los Estados Unidos sufre una crisis de financiación. Adiós, globalización. Hola, Balcanización.

En diciembre, la Fed propuso una norma, elaborada por Tarullo, que exigiría a las unidades estadounidenses de bancos comerciales y de inversión extranjeros tener activos en sus libros que excedan ampliamente sus deudas como salvaguarda contra pérdidas. Pueden seguir prestando e invirtiendo en el exterior. Pero el valor de los activos de todas sus subsidiarias, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos, debe ser superior a sus pasivos tales como bonos, sus operaciones con acuerdo de recompra (Repo), o los depósitos bancarios que han tomado.

Mercado vital

Si bien Estados Unidos no es el primer país que propone la delimitación, la medida desató oposición porque se trata de un mercado vital para los bancos globales y, tradicionalmente, ha sido un defensor del flujo libre de dinero a través de las fronteras. Michel Barnier, miembro de la Comisión Europea que supervisa los servicios bancarios, escribió este año al presidente de la Fed, Ben S. Bernanke, que el proyecto podría generar una reacción internacional negativa y una “fragmentación de los mercados bancarios globales”. Lo que pareció molestarle más fue que la Fed no confiara en sus homólogos extranjeros. “La confianza entre los reguladores es esencial”, escribió.

La Fed, que está revisando los comentarios públicos sobre el plan, no ha dado ninguna señal de retroceder. “Estoy un poco perplejo ante las quejas de que estamos haciendo, en cierto modo, algo que contraviene lo que se ha hecho antes”, dijo Tarullo en una sesión de preguntas y respuestas después de un discurso que pronunció en mayo en el Instituto Peterson de Economía Internacional.

Tarullo, de 60 años, no es amigo de los bancos grandes. Nacido y criado en Boston, dice que el fallecido senador demócrata Edward Kennedy fue “mi primer verdadero mentor político”. Fue profesor en el Centro de Derecho de la Universidad de Georgetown, ocupó varios cargos en la administración Clinton y es un estudioso apasionado de la regulación financiera internacional.

En un libro publicado en septiembre de 2008, criticó Basilea II, el acuerdo internacional que permitió a los bancos utilizar sus propios modelos de riesgo para decidir cuánto capital necesitaban. La crisis financiera y sus repercusiones no hicieron más que aumentar sus preocupaciones.

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