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Ricardo Navarrete, nuevo embajador en Colombia: Los chilenos vienen por más

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Con el desafío de dinamizar aún más las ya cercanas relaciones entre ambas naciones, Ricardo Navarrete acaba de asumir como embajador de Chile en Colombia. Político de vieja data, Navarrete no vacila en destacar que la hermandad binacional tiene ya varios siglos y que incluso desde el siglo XIX Chile prestó relevante contribución para la formación profesional de las instituciones militares de Colombia. De hecho, en el plano militar y policial los dos países siguen cooperando y desarrollan por estos días seis encuentros de intercambio sobre asuntos como terrorismo, narcotráfico, criminalística e investigación científica.

Pero no son esos los temas que Navarrete quiere dinamizar. El mandato de la presidenta Michelle Bachelet se centra en dos grandes puntos: el respaldo al proceso de paz Gobierno-Farc, en el que Chile es país facilitador, y una profundización de las relaciones en materia comercial. Sobre estos temas dialogó con El Espectador.

Mucho se habla sobre los avances, pero ¿cómo anda, en realidad, la balanza comercial entre Chile y Colombia?

Chile es uno de los principales inversores latinoamericanos en Colombia y Colombia es prácticamente el segundo país en el que invertimos, con cerca de US$18.000 millones de 160 empresas chilenas. Las primeras llegaron hace más de 20 años, cuando Colombia presentaba un contexto mucho más riesgoso desde el punto de vista de los negocios y la inversión. El intercambio comercial entre los dos países es interesante. Son, por cierto, muchos más los productos colombianos que van a Chile que los productos chilenos que llegan a Colombia, pero este desbalance se compensa con las inversiones que acabo de mencionar.

¿Quiénes fueron esos pioneros de la inversión chilena en el país?

Sodimac y algunas empresas del sector eléctrico.

Sabemos que el sector servicios es uno de los de mayor presencia chilena en Colombia, que son fuertes en ‘retail’ y tiendas por departamentos. ¿En dónde más tienen participación?

Tenemos presencia en el sector forestal. Diría que lo más relevante de la inversión chilena son los servicios, y agrego la inversión en gas, en combustible, eléctrica y de transporte (donde hay empresas muy importantes, como LAN y Copec). A veces, cuando transito por Bogotá, Cali o Medellín, en determinadas calles me siento como en Chile, porque veo Corpbanca, Falabella, Cruz Verde, Cencosud, Jumbo, Homecenter y Sodimac.

El éxito de la economía chilena pasa por su condición de país minero, pero también por la diversificación de mercados con los TLC. ¿Qué otros ingredientes tiene esa receta?

No hay más receta que el trabajo constante para desarrollar, en los últimos 25 años, una estrategia exitosa que nos llevó del séptimo al primer lugar en las economías de A. Latina.

Pero les ayudó bastante el hecho de ser un país minero…

Más que ser mineros, es haber sabido aprovechar ese potencial en la minería. En ese aspecto hay una experiencia acumulada que puede servirle a Colombia para desarrollar la institucionalidad en esa área, en la cual, dicho sea de paso, todavía queda mucho por hacer.

Dos décadas después de que los pioneros chilenos se arriesgaran a venir, ¿cómo evalúan la salud de la economía colombiana?

Camina bien. Probablemente sea la economía que más crezca en América Latina este año, pero lo hace en un contexto difícil y complejo por el conflicto. Ni imaginar lo que sería sin conflicto. Y hay desafíos complementarios, en la minería, en la política forestal. En estos temas, Chile también puede aportar su experiencia a Colombia.

¿Cuáles son esos temas diferentes a la minería en los cuales Colombia podría nutrirse más de la experiencia de su país?

Colombia tiene una riqueza en materia de tierras y de clima que le permitiría producir determinados productos agroindustriales prácticamente todo el año, a diferencia de países como el nuestro, que están limitados por razones estacionales a cuatro o cinco meses como máximo durante el año. Uno no se explica como un país tan pequeño en tamaño como Costa Rica es el principal productor de piña y no lo es Colombia, que tiene todas las oportunidades para favorecer esos cultivos. Tienen tantos otros productos hortofrutícolas que podrían traducir a Colombia en una potencia significativa, no sólo a nivel latinoamericano sino de mercados mundiales.

¿Y cuál es el punto medio cuando la explotación de recursos implica deterioro ambiental?

Una buena autoridad pública que tenga un buen soporte técnico con especialistas calificados que hagan las evaluaciones del impacto ambiental con la mayor rapidez y rigor, de modo que se pueda proteger los intereses del país. A veces los estudios medioambientales que tienen que ver con grandes inversiones son lentos y burocráticos y terminan por desalentar la inversión.

Colombia vive un debate inmenso por la expedición de licencias ambientales para la actividad minera. ¿Qué lección aprendió Chile de ese ejercicio y cómo se debe hacer para que salga bien?

Es importante que los países no se concentren sólo en una actividad de la economía como palanca esencial para su desarrollo. Nosotros éramos muy dependientes del cobre y la minería. Prácticamente el 85% de nuestras exportaciones hace 20 años eran de la minería; hoy en día no superan el 50%. Es importante entender la necesidad de diversificar la matriz productiva para los efectos de no depender de las fluctuaciones de precios que en una determinada área de la economía se producen y mucho menos en un solo producto.

¿Y qué acciones emprendieron para lograrlo?

Promover la inversión en el sector de la minería. La producción minera estaba en su mayoría en el sector público. Hoy no. Hemos logrado incorporar capitales privados para el desarrollo de lo que significa la minería en nuestro país, con ventajas arancelarias y con un tratamiento en su primera fase muy favorable para el inversionista en materia de impuestos. Pero una vez que el desarrollo ha alcanzado cierto nivel, el país necesita proteger sus recursos naturales, por tanto es lógico que aplique mayores medidas de control desde el punto de vista de la política fiscal, de los tributos. Son normas para que la alta rentabilidad de la minería no se quede en la inversión privada sino que se traduzca en mayores ingresos públicos destinados a políticas públicas.

Todo el mundo sabe que Chile es el rey de los TLC, pero pocos conocen el origen de esa forma de relacionarse con el mundo. ¿A qué se debe?

Chile es el país latinoamericano que tiene más acuerdos de libre comercio con el resto del mundo. Llevamos 25 acuerdos comerciales con 62 países. A través de estos acuerdos realizamos el 93% de nuestro intercambio comercial. Hace 25 años el nivel de desarrollo de nuestra economía estaba en una suerte de camisa de fuerza: no podíamos crecer más porque teníamos un mercado de 17 millones de consumidores, que son los habitantes de Chile, por eso cambiamos dicho mercado por uno de 4.500 millones de habitantes, que representa el 85% de PIB mundial. Ahí estamos nosotros.

Pero hoy el debate, a diferencia de hace 25 años, ya no es sólo sobre el crecimiento económico, sino sobre el desarrollo y la eliminación de las desigualdades…

Hay países de la región que hoy tienen hasta 70% de pobreza. Esa cifra, en el Chile de los años 90, era de 40% y ahora está en 13,5%, la más baja de América Latina. Pero tenemos que ser capaces de llevarla a cero. No podemos sentirnos satisfechos con la reducción; es un avance. Los logros económicos de Chile, su crecimiento y los indicadores que la ponen como la economía más estable y próspera de América Latina no quieren decir que haya un común disfrute de estos logros por toda la población. Como toda la región, estamos aún marcados por la mala distribución del ingreso. Esa es la parte vacía del vaso.

**Entrevista publicada en www.elespectador.com

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