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Klaus Schmidt-Hebbel: «Alguien que niega efecto de la Reforma Tributaria en inversión, debería devolver su título de ingeniero comercial»

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A una semana de que el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, declarara en PULSO que “quienes enarbolan el slogan de que la reforma tributaria afectará la inversión, no están hablando desde las cifras”, el economista y académico de la Universidad Católica, Klaus Schmidt-Hebbel, advierte sobre la falta de estudios para el debate del proyecto de ley y, aludiendo a informes internacionales, reafirma que habría impactos negativos en crecimiento e inversión tras la iniciativa. También asegura que hay formas alternativas de recaudar lo que pretende el gobierno, “a costos mucho menores en eficiencia y equidad”.

¿Cómo evalúa la reforma tributaria impulsada por el gobierno?
Primero que todo, no quiero  cuestionar la necesidad o el objetivo del gobierno de recaudar 3% del PIB adicional. Y más aún, como el objetivo de la mayor recaudación es aumentar el gasto público en 2% e incrementar el ahorro fiscal en 1% del PIB, quiero subrayar eso como muy positivo, porque es un aporte adicional para el fortalecimiento de nuestras finanzas públicas. Sin embargo, el gran tema tiene que ver con cómo se hace, es decir, cuáles instrumentos tributarios se emplean para elevar la carga tributaria en 3 puntos del PIB, analizando sus efectos. Y aquí hay que decir que en Chile, lamentablemente, carecemos de estudios que ni siquiera parcialmente analizan, como lo hacen los economistas, con un modelo de equilibrio general, los impactos macroeconómicos, sectoriales y distributivos de una reforma de esta enorme envergadura. No hay ningún modelo para evaluar solamente el impacto de subir la carga tributaria en 3% del PIB, y ningún estudio que analice todos los componentes de un documento de 175 páginas, que es el proyecto de ley de reforma tributaria.

¿Por qué no existe?
Porque el gobierno no lo ha encargado y, en caso de tenerlo, no lo ha compartido. Entonces, la única forma seria y responsable para evaluar algunos de los posibles efectos es echar mano a estudios internacionales y a los escasos estudios nacionales que se refieren a reformas pasadas hechas en Chile o que se pueden leer para hacer inferencias indirectas respecto de algunos aspectos de este complejo proyecto de ley. 

¿Qué dicen esos estudios?
Revisé 31 estudios internacionales sobre reformas tributarias realizadas en el mundo; la gran mayoría analiza cambios tributarios en países desarrollados, miembros de la OCDE. De ellos, 29  concluyen que un aumento en la carga tributaria en general, y de aumentos particulares de impuestos, como los impuestos a las empresas, tienen efectos negativos y significativos sobre el ahorro, la inversión, el nivel del PIB y/o la tasa de crecimiento del PIB. Sólo 2 estudios no encuentran efectos significativos. Ahora, todo este análisis es sin mirar el lado del gasto. El gasto público que se financia con dichas reformas puede tener rentabilidad social alta, baja o negativa, depende de qué y cómo se gasta. Entonces, el impacto del alza de impuestos (sin considerar el impacto del gasto) es casi unánimemente y significativamente negativo sobre esas variables.

Sin embargo, el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, señaló que quienes dicen eso no hablan desde las cifras…
Hago mías las palabras de Sebastián Edwards. Alguien que niega esta evidencia, debería devolver su título de ingeniero comercial. Tan simple como eso.

¿Qué dicen los estudios respecto al crecimiento económico? 
De los estudios respecto de los cuales se puede inferir directo el impacto de aumentar la carga tributaria en general, que son 7 de los que revisé, tomé las elasticidades reportadas de las variables afectadas por el aumento de carga y, considerando un alza de 3% en la carga tributaria sobre el PIB, el efecto promedio da un -4,6% en el PIB. Ese es un efecto acumulado sobre el nivel del PIB tras varios años, en un rango de entre -1,1% y -9,0%.

¿Y cuáles son los efectos sobre otras variables macro?
Hay muchos otros efectos. Hay efectos de otros estudios sobre la inversión, que cae en promedio 17,6% al subir la carga tributaria en 3 puntos del PIB, lo que es un efecto enorme y esperable, porque en general los tributos recaen más sobre el capital que sobre el trabajo, y la sensibilidad del capital a alzas tributarias tiende a ser mayor que la del empleo, por lo cual la inversión se afecta más. 

¿Hay evidencia chilena?
Hay, pero no sobre esta reforma tributaria porque, repito, no existe. Pero analicé lo que han escrito mis colegas (como Felipe Larraín, Rodrigo Cerda, Rodrigo Vergara, Rodrigo Valdés, Alex Galetovic, entre otros) hace varios años atrás sobre el comportamiento de las empresas y reformas tributarias previas en Chile. Todos ellos usan datos que en el  mejor de los casos llegan sólo hasta 2006, por lo cual no consideran el comportamiento de las empresas en la última década, ni la estructura tributaria entre 2006 y 2014, ni mucho menos las propuestas concretas del actual proyecto de ley. Sin embargo, 7 de estos 8 estudios muestran resultados negativos y significativos sobre variables macroeconómicas claves del país, en magnitudes y elasticidades que son parecidas a las de los 29 estudios internacionales. 

Usted dice que no cuestiona la recaudación.  ¿Puede haber una reforma alternativa sin estos costos?
Soy un convencido (y estoy trabajando en una alternativa), que otras propuestas de reforma tributaria que recaudan el mismo 3% del PIB que el gobierno pretende recaudar, lo pueden hacer a costos mucho menores en eficiencia y equidad. Si revisamos los objetivos explícitos planteados en el proyecto de ley, se dice que, además de recaudar, se quieren mejorar los incentivos para el ahorro y la inversión. Literalmente. Sin embargo, ese objetivo creo que no solamente se incumple, sino que se hace dominantemente lo contrario a la luz de las inferencias que he citado de la evidencia internacional y nacional. Más bien se dañan los incentivos actuales al ahorro y a la inversión. Asimismo, se menciona como otro objetivo de la reforma avanzar en equidad tributaria, tanto horizontal como vertical. Por ejemplo el alza del impuesto a las empresas de 20% a 35% (todo ello puede ser crédito del impuesto a las personas) se compensa parcialmente con una caída en el impuesto marginal más alto del impuesto las personas desde 40% a 35%. Ello puede ser muy bueno para los incentivos a ahorrar y trabajar para las personas de altos ingresos, pero ello tampoco queda claro, porque la propuesta de reforma incluye elementos altamente regresivos. Para las empresas y para las personas los incentivos cambian mucho. La tasa general de impuestos sube de un 20 a 25% y luego de un 25% a un 35%. Hay un 10% adicional por renta atribuida a los dueños…

Desde el Ejecutivo desestiman ese incremento en la tasa de impuestos de 20% a 35%…
Claro, porque se afirma que el 10% adicional (por encima del 25% de la tasa de primera categoría) es retenido y pagado, correspondiente a un crédito a las personas. Pero este 10% es equivalente al primer 25%, que también es crédito a las personas. Entonces el 35% completo es impuesto a empresas y crédito para las personas dueñas de empresas. Porque el sistema chileno está integrado y seguirá integrado. Entonces yo no veo por qué esto no le pega a las empresas aumentando el costo del capital de 20% a 35%. 

Manuel Marfán planteó desintegrar el sistema.
No, yo creo que una virtud es que sea parcialmente integrado, lamentablemente aún no plenamente integrado.

¿Qué pasará con las Pymes?
Las Pymes tienen hoy una serie de incentivos tributarios y exenciones, y lo que hace esta reforma es que sólo las modifica. Creo que es superior una propuesta alternativa, que simplifica y hace mucho más potentes los incentivos tributarios a empresas pequeñas, pero sin discriminar a las empresas por tamaño. Porque esta maraña ineficiente de tratamiento tributario especial a empresas por tamaño, genera incentivos a dividir las empresas, desaprovechando economías de escala y de ámbito, con lo cual las empresas y la economía pierden productividad. Parece superior una exención tributaria para todas las empresas del país, hasta un monto máximo de utilidades anuales. Además, lo que hace la reforma es que sólo reduce las actuales exenciones a sectores económicos que pagan sobre renta presunta. Acá yo soy radical. Creo que toda tributación sobre renta presunta tiene que cambiarse por renta efectiva, exceptuando sólo a micro empresas.  

¿A su juicio, ha faltado mayor discusión en el Parlamento, tras la rápida aprobación en la Cámara de Diputados? 
Por supuesto que ha faltado ese debate. Se necesita urgentemente para la reforma tributaria más importante de Chile en tiempos de paz y estabilidad, una discusión correspondientemente importante en lo técnico, además de lo político. Porque mientras más técnica, los descalificativos políticos y las acusaciones vacías que vienen por lado y lado disminuyen su intensidad. Primero, no veo hoy en Chile una discusión que tome en consideración la gran experiencia internacional y la modesta experiencia chilena. Segundo, tampoco veo un clamor de los políticos, técnicos y economistas, ni de gobierno ni de oposición, por generar estos estudios y hacer las cosas como debería hacerse.

El gobierno ha mencionado que requiere celeridad.
Sí, pero un estudio serio no toma años, sino 6 meses. Y una reforma que se pretende implementar muy gradualmente, en 4 años, y es de la magnitud de la propuesta, debe tomarse 9 meses para debatir todos sus componentes y evaluarlos contra las mejores alternativas. Esta discusión hoy día está totalmente ausente en Chile. La requerimos con urgencia, porque si queremos subir en 3 puntos del PIB la carga tributaria, tiene que ser de una forma que sea tanto equitativa como eficiente. 

El ex presidente del BC, José De Gregorio, comentó que ojalá el Senado se tome más tiempo.
Lo comparto en un 100%. Hago mías sus palabras, llamando al Senado para que se dé todo el tiempo necesario para discutir todas las aristas y consecuencias del proyecto de reforma y sus alternativas. Ojalá el Senado se tome mucho más de los 2 meses anunciados, para dejar tiempo para que economistas y otros expertos tributarios realicen distintos estudios para medir los impactos tanto de los cambios propuestos a los impuestos a la renta, como los sectoriales y microeconómicos, en donde también se proponen cambios importantes.

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