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Eugenio Tironi: «En la Cámara, la Reforma Tributaria tuvo una tramitación como las comisiones legislativas del tiempo de Pinochet»

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A casi cuatro meses de iniciado el segundo gobierno de Michelle Bachelet, el sociólogo Eugenio Tironi analiza paso por paso la marcha y el tono que la mandataria y la Nueva Mayoría imprimen a la actual administración. 

Hay quienes dicen que los primeros 100 días muestran cómo va a ser el desarrollo de un gobierno. ¿Cuál es el corazón de esta administración y qué marcará la gestión final?

Sí, concuerdo con esa premisa. Estos 100 días han mostrado un gobierno con voluntad, con deseo de cambiar cuestiones de fondo y además ha mostrado la idea de que sea un cambio holístico, o sea, sistémico, que tiene que abarcar distintas dimensiones simultáneamente, es decir, una visión orgánica de los cambios, lo que a mí me parece extraordinariamente acertado.

¿Pero no es arriesgado discutir tres grandes reformas de forma simultánea?

Este gobierno está mirando la sociedad en su conjunto y ha generado una dinámica que es de un valor extraordinario, yo creo que no hay hoy día en el planeta, en el mundo, una sociedad que esté debatiendo cuestiones tan de fondo, que van a marcar su convivencia a futuro, como son la estructura tributaria, de su educación o de incluso de su Constitución política y que lo haga en forma tan civilizada como lo estamos haciendo, tan rigurosa y yo creo que ese es un gran mérito de la Presidenta Bachelet.

En un momento se pensó en que la Nueva Mayoría pasaría la aplanadora en el Congreso y que las reformas serían aprobadas de forma express, pero en las propias filas del oficialismo se resisten algunos aspectos de estas. ¿Le sorprendió?

No me ha sorprendido, porque esta resistencia no ha provenido únicamente de sectores de la Nueva Mayoría, sino de la sociedad, lo que pasa es que esta es una sociedad mucho más compleja, que no acepta modelos, ni programas de transformación impuestos de arriba hacia abajo, es una sociedad que quiere que se la consulte, quiere participar.

Pero la queja es que en el caso de la reforma tributaria, por ejemplo, prácticamente no hubo derecho a voz en su tramitación.

No hay nada más indicativo que el contraste entre lo que fue la tramitación de la reforma tributaria en la Cámara de Diputados y lo que está siendo ahora en el Senado. En la Cámara, la reforma tributaria tuvo una tramitación propia de los viejos tiempos, un poquito como las comisiones legislativas bajo el tiempo de Pinochet, en que venían los expertos y decían ‘la cosa es así’ y quien no lo entienda o acepte está desinformado o es mal intencionado o está defendiendo a los poderosos, por lo tanto, aquí, no hay discusión, se aprobó, o blanco, o negro. Ahora la sociedad dijo ‘perdóneme, yo ya estoy demasiado grande para aceptarlo, esto se lo rechacé a Pinochet y se lo voy a rechazar a cualquiera que me lo plantee’. Ahora es impresionante lo que ha hecho el Senado, que ha abierto una discusión ejemplar.

¿A quiénes identifica en el Senado como los que han abierto el debate?

Yo creo que claramente Ricardo Lagos Weber, que es el presidente de la comisión de Hacienda, creó las condiciones en forma muy inteligente. También Andrés Zaldívar ha sido muy importante y otros como el senador García Ruminot, que ha tenido una postura de apertura, y el ministro Arenas, que ha mostrado que es una persona que aprende, que no está dominada por la obcecación y que ha tenido, por lo tanto, la disposición a ser más flexible, a acoger las propuestas de los otros.

¿Queda con la sensación que en el último tiempo hubo un cambio en el gobierno? Primero se reclamaba falta de diálogo y ahora reciben a la Alianza en La Moneda.

Sí, creo que el punto de quiebre fue el video del gobierno por la reforma tributaria, eso dejó en evidencia que seguir por ese camino iba a provocar un rechazo muy grande de la población, porque era infantilizarla, tratar a la población como si fueran niños.

¿Qué le pareció el tono de ese video, su confección y todo lo que lo rodeó?

Me pareció que es la manera exacta de cómo no hay que encarar controversias complejas como es la de reforma tributaria, una forma de caricatura en que le imputa a todo aquel que discrepe una intención perversa, mezquina o, lo que es incluso peor, ignorancia.

La reforma tributaria se convirtió en el eje de la discusión ideológica. En la derecha dicen que polariza el país, en el oficialismo la defienden, pero con matices. ¿Es buena o mala esta reforma?

Yo defiendo la ideología, creo que si hay una ideología perversa es aquella de los que creen no tener ideología. No tener ideología es no tener creencias, no tener valores, y todos tenemos creencias y valores nos movemos por ellas. Me sorprende que haya quienes dicen que los otros son ideológicos y lo suyo es propiamente técnico, tenemos una especie de idolatría por la técnica y por la ciencia, pero esas son tonterías, todos nos movemos por ideología.

¿Y cómo ha operado la ideología en la discusión de la reforma tributaria?

La reforma tributaria del gobierno logró un triunfo ideológico gigantesco y esto más allá del problema que ha tenido su tramitación y cómo se planteó. Este triunfo consiste en haber provocado consenso nacional en torno a que se necesita recaudar este 3% del PIB para aplicarlo a políticas sociales y que la nueva estructura tributaria tiene que tener un efecto redistributivo, tiene que incrementar la tasa impositiva de grupos que tenemos más recursos, y hoy día esto es compartido por el mundo empresarial y político sin matices, obviamente por la Nueva Mayoría, por la población y lo que se está discutiendo es cómo se hace, en ese sentido el gobierno logró correr un cerco ideológico y es un logro, como dije, extraordinario.

¿Se lo atribuye propiamente al gobierno este triunfo ideológico?

Sí, porque fueron los que levantaron la bandera, la levantó la Presidenta ya en la campaña. Este debe ser uno de los pocos países en el mundo en que se gana una campaña electoral diciendo que se van a subir los impuestos. Ella corrió ese riesgo y ganó. Yo le reconozco un mérito a la reforma tributaria, por el mismo hecho que fue tan brusca, logró correr el cerco ideológico y producir una aceptación respecto a sus fines, a sus propósitos, y ha permitido que la discusión se centre en las herramientas, en los mecanismos.

¿Es adecuada la velocidad que el gobierno le ha puesto a sus grandes reformas?

A mí me gusta esta visión orgánica de cambio, no mecanicista, que hace un primer cambio, un segundo cambio, después un tercer cambio, pero el problema es que al tercero o cuarto, el primer cambio ya se alteró, entonces me gusta la visión organicista de iniciar todos los cambios al mismo tiempo, todos pero gradualmente.

¿No se corre el riesgo de quedar sin agenda legislativa después de presentar tal cantidad de grandes proyectos en poco tiempo?

Aquí se lanza un proyecto, y a partir de eso hay que abrirse a ver qué olas va a provocar, qué resistencia va a generar, qué controversias va a producir y es mucho más útil mirar eso que quedarse encerrado en la defensa del proyecto.

Bachelet dijo hace unas semanas: “no quiero que la reforma en educación sea el Transantiago de mi gobierno”. ¿Puede esta reforma tener los mismos efectos que el cambio al sistema de transporte público?

No, porque yo creo que el gobierno respecto de la reforma educacional ha hecho lo mismo que con la reforma tributaria, se ha abierto a escuchar opiniones y no ha tenido la misma soberbia y la misma miopía que se tuvo respecto al Transantiago, en ese sentido claramente la Presidenta está aplicando lo que aprendió del Transantiago. Yo no tengo ninguna evidencia, pero mi intuición me indica que ha sido ella la que al ver las olas, las atmósfera que se creó y la discusión que se armó cuando estos brillantes e iluminados economistas de su gobierno plantearon estas reformas ella recordó el Transantiago y dijo ‘no, aquí mi intuición me dice que hay que ir piano, piano’, que hay que abrirse a la discusión, que hay que escuchar a quienes tienen críticas, a los apoderados, a los pequeños y medianos empresarios, así que le debe haber dicho a sus ministros ‘señores, vamos cambiando el ritmo’, y eso se ha notado.

El factor DC

¿Está aislada la DC en la Nueva Mayoría?

Yo creo que hay grupos en la Nueva Mayoría o figuras que han convertido en hábito el estigmatizar, el atacar, el diferenciar a la DC y culparla de falta de lealtad, fidelidad, todas esas palabras que son tan propias de regímenes totalitarios.

¿A quién identifica entre esas figuras?

Al senador Rossi o el senador Quintana, entre otros, y yo creo que la presencia de la DC es completamente fundamental para la Nueva Mayoría y esta política de cambios que quiere emprender la Presidenta.

¿Sin DC no hay Nueva Mayoría?

Obviamente. Si algo se puede aprender de la historia de Chile, y esto se aprendió tanto de Frei Montalva como de Allende, es que emprender grandes cambios sin una sólida mayoría y una mayoría que vaya desde el centro a la izquierda es una tarea imposible, una tarea que puede tener efectos catastróficos y desde punto de vista la protección de esta alianza entre el centro que representa un poco la cultura católica chilena y la izquierda laica, la protección de esa alianza es fundamental.

¿Le ha sorprendido el desempeño de Peñailillo como ministro del Interior? Partió siendo resistido por algunos sectores y ahora aparece como el hombre fuerte de Palacio.

Sí, yo creo que el ministro Peñailillo ha mostrado templanza, capacidad para enfrentar crisis como el terremoto y el incendio. Ha mostrado un grado de equilibrio, de moderación, de sentido de la gradualidad, del timing, realmente extraordinario, lo que lo convierte en el gran punto de articulación y moderación de gobierno. La Presidenta hizo una gran elección y se debe sentir muy tranquila de tener al ministro Peñailillo y la sociedad chilena en su conjunto también.

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