Opinión: en Quilín 5635 no llegan buenas señales
Parece increíble que en estos años tecnológicos y de telecomunicaciones tan avanzadas, resulte complicado hacer una programación del campeonato nacional de fútbol de manera eficaz, rápida y oportuna.
El martes, la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) anunció por intermedio de Gustavo Poblete, que el próximo 22 de abril Universidad de Chile y Universidad de Concepción jugarían la Súper Copa, que definirá al “supercampeón” del fútbol chileno.
Al día siguiente, la ANFP borró con el codo lo que su gerente de programaciones había escrito con la mano. Ahora no se sabe cuándo se jugará el encuentro y ni siquiera si los azules se medirán con los penquistas, porque el equipo que enfrente al campeón de la Copa Chile será el que tenga mayor cantidad de puntos acumulados a lo largo de la temporada.
Peor aún, el 22 de abril la U se presentará en Guayaquil por la Copa Libertadores.
Todo apunta a que el funcionario de pomposo cargo “se arrancó con los tarros” y anunció lo que por el momento sólo era una idea en su cabeza y en las de algunos otros que salvaron gracias al anonimato.
Inconcebible, más todavía si se considera que a esos puestos llegan profesionales (ingenieros por lo general, aunque también ha habido hasta técnicos agrícolas en ese cargo).
Se extrañan los tiempos del viejo y cascarrabias Óscar Lihn, de los años en que el organismo se llamaba Asociación Central de Fútbol (ACF) y funcionaba en una igualmente vetusta edificación en la calle Erasmo Escala. Ahí el asunto no era tan complicado, y las programaciones se entregaban el lunes por la noche, y difícilmente se cambiaban.
Las fechas se programaban a mano, en unos paneles construidos por un humilde albañil. Y tan pronto estaba lista, don Óscar llamaba por un pesado y negro teléfono a los representantes de los equipos locales para informarles y hacer los ajustes necesarios para no tener que hacer cambios posteriores.
No había computador ni chat ni videoconferencia; y menos WhatsApp o Twitter.
Era un trabajo delicado, que por lo mismo se hacía con dedicación y rigurosidad.
Era otra época, es verdad. Sin tantos equipos ni tantos intereses involucrados y sin tantos partidos televisados, si los había.
Pero se hacía bien.
En este último suceso, como en muchos otros a través de los últimos años, se nota que hay algo que no funciona.
Esta vez, como en tantas otras, falló la inmediatez comunicacional de la que tanto se ufanan los amantes cibernéticos. Es que parece que en los pasillos del edificio de Quilín 5635, sede de la ANFP, no llega una buena señal…