Opinión: un monumento al “car’errajismo”
Así titula su última columna el periodista Aldo Schiappacasse en la revista El Ágora. Con ese neologismo alude a la vanidad descomunal de Joseph Blatter, quien con dinero de la FIFA, obviamente, financió una película sobre su “trascedente” rol en la historia del organismo. Un bodrio tan grande como el ego del suizo.
Cuando cayó la Unión Soviética, las hordas tumbaron las estatuas de Lenin y lo mismo pasó con las de Sadam en Irak. Cada dictador tiene sus símbolos, sus palacios, sus riquezas escondidas y muchas veces es fácil establecer el simbolismo para reflejar el fin de una era.
¿Qué podemos derribar para festejar la caída de Joseph Blatter? La pregunta es complicada, porque en rigor sigue en la sede de la FIFA en Zurich y seguramente está maquinando junto a sus secuaces más acciones para perpetuar el saqueo desde el poder.
Pero Blatter tiene su obra monumental, su estrafalario palacio donde la ostentación, el desvarío y el frenesí de su gestión se muestran en todo su esplendor. Si algo debería encarnar el fatuo sentido de la posteridad que embargaba al suizo es la película “United Passions”, disponible hasta ahora sólo en video, y que en vista del escándalo ya anuncia estreno en los Estados Unidos para los próximos días.
Se trata de una mesiánica producción que cuenta los orígenes de la FIFA y su evolución en el tiempo. Comienza con la historia de Jules Rimet (encarnado por Gerard Depardieu) y su lucha por convencer al mundo de organizar al fútbol en torno a un organismo que velara por sus reglas y competencias. Los efectos especiales recrean el París de comienzos de siglo y el impresionante Centenario, albergando la final de 1930.
Al comienzo todo es entusiasmo y pobreza. Principios éticos, mucho fair play y romanticismo, encarnado en la entrega de la Copa en el Maracaná, tras el triunfo de Uruguay en 1950. Después la cinta –dirigida por Frederic Auburtin, un francés sin historia cinematográfica- se centra en la relación con los auspiciadores, la masificación del juego y, básicamente, a ensalzar la historia de Blatter, ya devenido en jovencito de la película.
En el borde de la locura, Blatter desembolsó 40 millones de dólares de la FIFA para financiar este bodrio incalificable que lo transforma en un dirigente moderno, visionario, acogedor y simpático. Además supervisó el guión y, se dice, aprobó un casting que puso a Tim Roth a interpretarlo y a Sam Neill como Joao Havelange. Es, para ejemplificar, como contratar a George Clooney para que interpretara a Sergio Jadue en una película financiada por la ANFP.
La bazofia fue estrenada el año pasado en Cannes y provocó más risas que críticas, porque nadie se la tomó en serio. Ahora, después del escándalo, es como una pieza arqueológica, un monstruoso monumento al ego de Blatter y la representación más gráfica y elocuente del desenfreno y el desparpajo en el ejercicio del poder que tenía la FIFA. Hoy por hoy, material imprescindible para comprender la historia. Y una pieza gigante de ese culto que gana adeptos cada día en el mundo del fútbol: el “car’errajismo”.