Opinión: Panamericanos y el reality de la polémica
¿Qué criterio debe usarse para elegir al abanderado chileno en los Juegos de Toronto 2015? ¿Belleza, simpatía, popularidad? ¿Debe ser de un deporte masivo o elitista? ¿Tiene que tener opción de conseguir una medalla o solo va a competir?
La de Chile no es una historia plagada de éxitos en los Juegos Panamericanos. Aunque el país ha participado en las 16 ediciones, solamente ha conseguido 39 medallas de oro, a una media que no alcanza las 2,5 preseas por certamen. En total (oro, plata, bronce) sumamos 257, con un promedio de 16 medallas por evento.
Si tomamos en consideración los últimos cinco Juegos, las cifras suben respectivamente a 2,8 y 23,2. Poco para una polémica tan grande y loca para un país de medianía de medallero.
Pero cuando falta menos de un mes para la ceremonia inaugural de Toronto 2015, la discusión está que arde, y con justa razón.
El Comité Olímpico de Chile (COCH) es el culpable, porque el organismo dilató la elección del abanderado y, cuando no fue capaz de elegir, determinó efectuar una elección popular para determinarlo.
Así, a través del sitio emol.com la gente ha estado votando por sus preferidos y el resultado final se conocerá el próximo 26 de junio.
Los 10 candidatos, además de un destacado rendimiento deportivo, deben tener liderazgo y calidad humana, y además no pueden haber sido abanderados en competencias pasadas del ciclo olímpico.
La pregunta obvia es, ¿por qué los votantes deben saber más que los expertos del COCH?
¿Cuál es el criterio de selección? ¿La simpatía? ¿La belleza?
De acuerdo al cómputo parcial, los primeros en la lista son la velocista Isidora Jiménez (35 por ciento, con más de 55 mil votos), el esquiador náutico Felipe Miranda (cerca de 34 mil) y la lanzadora de bala Natalia Duco (22 mil).
Los otros siete están bastante lejos: Paula Silva (esgrima), Marco Grimalt (vóleibol playa), María José Moya (patinaje), Francisca Crovetto (tiro skeet), Felipe Aguilar (golf), Nicolás Jarry (tenis) y Marco Oneto (hándbol).
Los tres primeros irán a un “balotaje”, y el ganador desfilará el 10 de julio con la bandera chilena en el estadio Olímpico de Toronto.
El inconveniente surge, evidentemente, por la forma y por los criterios de selección. Tal como ha quedado en evidencia en múltiples encuestas vía internet, las personas que tienen acceso a la web pertenecen a un rango etáreo bajo, juvenil, y se dejan llevar inevitablemente por razones que no resisten la lógica.
La chica Jiménez es una promesa del atletismo chileno, pero tiene nulas opciones de conseguir una medalla en Canadá. ¿Cuál es, entonces, su mayor mérito? La belleza. Es una muchacha encantadora, con resultados discretos a nivel sudamericano (hablamos de marcas y no de medallas).
Felipe Miranda puede subirse al podio en Toronto, pero compite en un deporte que practica apenas un puñado de especialistas.
Y ahí surge la siguiente interrogante: ¿Nuestro abanderado (a) debe tener opción de conseguir una medalla o sólo puede ir a competir y, eventualmente, a superar sus marcas?
No somos un país que pueda regodearse para elegir. No somos potencia ni tenemos deportistas de gran nivel. Y si seguimos eligiendo por popularidad, podemos caer en un juego riesgoso, porque ser abanderado es un honor que debe estar reservado para los mejores y no estar motivado por votaciones en masa o por campañas en las redes sociales.
De los 10 candidatos, habría entonces que descartar a todos los que compiten en deportes de élite, cuyos méritos caen por el peso propio de tener pocos cultores y adherentes. Adiós a los grandes Marco Oneto, Marco Grimalt, Paula Silva, María José Moya, Francisca Crovetto, Felipe Aguilar y Felipe Miranda.
Adiós, por falta de méritos deportivos, a Isidora Jiménez y a Nicolás Jarry.
O sea que en un descarte sumario (como el que debió hacer el COCH y prefirió lavarse las manos), Natalia Duco es la única en condiciones de ser la abanderada, una distinción que necesariamente debería premiar sus logros, expectativas y trascendencia y no responder al resultado de un triste reality de mal gusto.