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Venezuela: a la espera de dar el gran salto

Venezuela: a la espera de dar el gran salto

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Cumplió una década dando sorpresas cada vez más frecuentes y desagradables a sus ex verdugos, pero aún no puede obtener un logro definitivo, como ganar un torneo o clasificar a un mundial. La Vinotinto viene a la Copa América a defender su cuarto lugar conseguido en Argentina 2011 y, en lo posible, trepar más arriba.


Hasta los años 90 poco sabían de goles, sí mucho de jonrones y nocaut.

Y las goleadas que encajaban frecuentemente no les herían ni una pizca del orgullo patrio, porque el balón de 32 cascos estaba en las antípodas de sus fervores.

Deportivamente, Venezuela era hasta entonces un país más bien caribeño o norteamericano. De sudamericano, nada.

Por ejemplo, si bien tuvo una selección de fútbol en los años 30, recién se afilió a la FIFA en 1952, cuando ya se habían disputado cuatro mundiales. Su primera clasificatoria fue para Inglaterra 66 y su primera Copa América, la jugada en 1967. Se trataba más bien de esbozos que a veces se desdibujaban, como cuando para las clasificatorias de Alemania 74 declinó participar y dejó a su grupo reducido a un duelo entre Chile y Perú.

Pero paulatinamente la afición deportiva fue sucumbiendo a la magia del fútbol, al punto que hoy en esas tierras calientes y húmedas se vibra como en cualquier parte con clasificatorias mundialistas o copas continentales. Chávez alcanzó a vibrar con el equipo nacional y a alabarlo en sus floridos discursos. Maduro también lo sigue de cerca.

La reconversión empezó lentamente a comienzos de esos años 90 y se consolidó con la organización de continuos torneos infantiles y juveniles, como la Copa Ciudad de Carabobo, a la que solían ir nuestras selecciones sub 17 y otras de primer nivel mundial. Fue en esos campeonatos sin resonancia que los visitantes pudieron percatarse de que los venezolanos estaban aprendiendo con rapidez.

Chile lo sufrió primero a nivel juvenil. Fue en el Sudamericano Sub 20 de 1997, disputado en nuestro país. Los dos duelos jugados en ese torneo los ganaron los venezolanos 4-3 y 4-1, comandados por un imparable Daniel “Cari-Cari” Noriega, que puso de cabeza a David Henríquez y Rafael Olarra.

Y aunque ese mismo año, en abril, la Roja pondría las cosas en su lugar con un 6-0 por las clasificatorias para Francia 98 en el Estadio Monumental, ese tipo de goleadas no se repetiría después. Al revés, las confrontaciones son cada vez más estrechas, con un par de dolorosas derrotas chilenas por ahí.

Así ha pasado también con el resto. Sudamérica ya tomó nota de que la Vinotinto es una selección complicada, anhelante de clasificar por primera vez a un Mundial.

UN PATO, UN DOCTOR Y UN MOURINHO CARIBEÑO

Aunque ha tenido dos entrenadores nativos de gran influencia en este progreso, como Richard Paéz y César Farías, lo cierto es que todo el mundo le asigna el mérito iniciático al argentino José Omar Pastoriza.

El “Pato” dirigió a la selección en 1998 y 2000 y supo aprovechar muy bien la materia prima forjada en las selecciones menores.

«Con él comenzó esto, quiso cambiar el ritmo de juego y la mentalidad del venezolano», dijo Miguel Mea Vitali, un volante que creció bajo el mando de Pastoriza.

Hasta su llegada, Venezuela solo había ganado dos partidos clasificatorios en toda su historia. Con él no le fue estadísticamente mejor en partidos oficiales, aunque en los amistosos la Vinotinto sí cosechó resultados alentadores.

Fue en las clasificatorias para Corea-Japón 2002 cuando se produjo el destape. Tras la salida de Pastoriza por tres derrotas consecutivas, tomó el timón el médico y ex futbolista Richard Páez, apodado “el doctor” y hasta entonces adiestrador de la Sub 20.

Páez hizo lo lógico: tomó a jugadores ya fogueados en esos torneos internacionales menores y que sabían que la pelota servía para algo más que despejarla desesperadamente a la tribuna.

En esas clasificatorias Venezuela ganó 5 de los 18 partidos disputados. Por primera vez en la historia, escapó del último lugar. Entre las victorias, algunas descollantes. Como el 1-0 a Uruguay en Maracaibo, en lo que fue su primer triunfo ante un rival de fuste. Y luego una racha increíble con las victoria 2-0 a Chile en Santiago, 3-0 a Perú y 3-1 a Paraguay.

En apenas ocho fechas al mando de la selección, Páez logró más victorias oficiales que en 34 años anteriores.

De allí en adelante solo progresos que lamentablemente no han culminado con una clasificación mundialista. Especialmente para Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 los venezolanos han estado en zona de repechaje pero a último momento han dejado escapar la oportunidad.

Aun así no es despreciable que ex beisbolistas hayan vencido 1-0 a Colombia, en Barranquilla, y 3-0 a Uruguay, en Montevideo, partido conocido ahora como el Centenariazo.

Su mejor desempeño lo consiguieron en la Copa América de 2011, cuando tras empatar con Brasil y Paraguay, y doblegar a Ecuador, eliminaron a Chile 2-1 en la siguiente ronda para luego caer por penales con Paraguay y terminar cuarta en el torneo al caer en la definición contra Perú.

En las clasificatorias para Brasil 2014 lograron otra hazaña, al vencer a Argentina 1-0.

Hasta hace dos años el estratega fue César Farías, seguidor del desagradable José Mourinho. Justamente a él lo apodan con el apellido del portugués. Y hasta lo ha imitado en su forma de ser, pronunciando frases que buscan borrar de raíz aquellos apodos de “patito feo”, “cenicienta” y otros de igual intención menospreciativa para la Vinotinto. Con Chile fue especialmente áspero, sin haber razones lógicas para ello.

Pero Farías es historia. Doblegado por haberlo perdido todo a última hora en las clasificatorias, terminó por renunciar.

Ahora el mandamás es Noel San Vicente, un morocho ex volante internacional de fines de los 70 y comienzos de los 80. De esos que se comían las goleadas.

Su objetivo es el de toda Venezuela. Buscando el modo de dar el gran salto. Al menos la Vinotinto ya no es la víctima de todos. Por rendimiento, en la última década pasó por encima de Bolivia y Perú y se ha igualado con Paraguay. Le puede ganar a cualquiera, es cierto, pero para lograr algo más le falta sumar a estas sucesivas generaciones de muy buenos futbolistas algunos delanteros y creadores auténticamente desequilibrantes. De aquellos que les permitan ganar los partidos decisivos.

Tal como van, esa aspiración se ve cada vez más cercana.

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