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Jamaica progresa en cámara lenta

Jamaica progresa en cámara lenta

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No se espere gran cosa de los isleños en esta Copa América. Los “reggae boys” juegan mejor que antes, pero aún están lejos de ser rivales de temer.


Puede que en un sprint de 100 metros algunos de ellos sigan de cerca a Usain Bolt.

Pero con pelota de por medio la cosa es distinta. Los futbolistas jamaiquinos todavía son comparsas a nivel mundial, incluso dentro de las fronteras de la Concacaf.

Para darse una idea de su nivel basta con recordar a las primeras selecciones africanas asomadas a los mundiales. Veloces, ágiles y dinámicas. Hasta con atisbos de habilidad. Pero técnicamente rudimentarios y tácticamente ineficaces.

Si bien clasificó al Mundial de 2010, lo que revela méritos indudables, sus metas siguen siendo modestas: mandar en la zona del Caribe, donde el único rival a su altura es Trinidad y Tobago. Surinam, que también podría serlo, vive permanentemente anémica por culpa de la emigración de sus jóvenes a Holanda.

Asentada una supremacía en esa zona de arenas, palmeras y aguas cálidas, recién irán por más. Posicionarse a la altura de México, Estados Unidos, Costa Rica y Honduras, lo que mandan en Centroamérica y El Caribe.

Claro que sería injusto exigirle algo más a una nación de muy buenos atletas, pero que recién consiguió su independencia en 1962. Si hasta los años 80 ni siquiera podía sacar provecho de sus mejores saetas negras porque estas emigraban a Inglaterra o Canadá para defender sus colores. Como Linford Christie y Ben Johnson.

Cansadas de este desangramiento, las autoridades deportivas jamaiquinas impulsaron planes de largo plazo para retener a sus talentos. En el atletismo al menos han sido exitosos.

En el fútbol ha costado más.

Su mejor momento lo vivió en la segunda mitad de los años 90, cuando inesperadamente clasificó al Mundial de Francia 98, gracias al ordenamiento dado por su entrenador brasileño René Simoes. Algo tan increíble como meritorio.

Simoes tomó el equipo en 1994. Como lo primero que vio fue velocistas y rastafaris tuvo que rastrear mucho para encontrar a los jugadores adecuados. Incluso rescató a varios de sus empleos en el turismo. De hoteles, bares y restoranes. Como con eso no bastaba, tomó un avión y voló a Inglaterra. Allí rescató a otros tantos que jugaban en distintas divisiones, la mayoría de segundo orden en la liga inglesa. Conseguido el contingente mínimo, convenció a los dirigentes de crear el proyecto “Adopte un jugador”, a través del cual grandes empresas, como Shell, Citibank y Burger King, para que apadrinaran a los seleccionados, financiándolos y permitiéndoles dedicarse por completo al fútbol profesional.

Los resultados fueron notables.

En dos llaves sucesivas se deshizo de Surinam y de Barbados. Hasta ahí, nada fuera de lo común.

Lo insólito vino después. En el cuadrangular de semifinal terminó primera, por delante de México y Honduras. Y en la ronda final, acabó tercera, tras Estados Unidos y México, pero con los pasajes en la mano.

Así llegó al Mundial donde se comió una goleada 5-0 frente a Argentina, perdió dignamente 3-1 con Croacia y tuvo su premio al derrotar en el partido final a Japón por 2-1.

No clasificar a octavos final fue un detalle que no amagó la felicidad jamaiquina de codearse con los mejores y darse el lujo de ganar un partido.

No han podido volver a un mundial, pero se han dado sus gustitos. Uno de ellos es haber sido campeones cinco veces de la Copa del Caribe y haber alcanzado algunos puestos de avanzada en las Copas de Oro (la Copa América de la Concacaf) de los últimos años.

Ahora debutarán en la Copa América, en el Grupo B, donde deberán sacar fuerzas casi divinas para soportar a Argentina, Uruguay y Paraguay.

Sus posibilidades con claramente febles. Tal vez la mano del entrenador alemán Winfried Scháfer, con amplia experiencia en sacarles trotes a países novatos, les permita irse dignamente eliminados.

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