El arquero de Jamaica se llevó el premio de consuelo
Dwayne Miller tuvo un par de tapadas de otro partido. Suficiente para destacar sobre sus esforzados compañeros y los fantasmas argentinos.
Vaya uno saber cómo este mocetón de 28 años fue a dar a la liga sueca. La cosa es que luce sus cualidades en el Syrianska y fue llamado por el entrenador Winfried Schaefer a la Copa América.
Vino como suplente de su tocayo Dwayne Kerr, que también eligió suelos nórdicos para ganarse la vida. En Noruega Kerr hizo méritos para la titularidad en su selección, la que le duró hasta que cometió la chambonada de cabeza que significó el gol de la derrota 1-0 contra Paraguay.
Así le llegó la oportunidad de su vida a Miller. Por porte no tenía por qué temer a Messi y compañía, con su metro y 92 centímetros de altura y 86 kilos. Por miedo escénico, tal vez sí.
Pero Miller se mostró seguro. No cometió errores, cortando centros y barriéndose con tino. Incluso a los 41′ desvió un misil salido del botín de Ángel di María, y a los 56′ aprovechó su estatura para volar hacia atrás y contener un globito de Messi, que con su metro 69 seguramente calculó mal las posibilidades de que Miller frustrara su lujo.