Ana María Stuven y las mujeres en prisión: “Requiere un foco especial desde el feminismo”
La historiadora enfrenta su segunda nominación al Premio Nacional de Historia con una trayectoria marcada por su interés en rescatar la agencia de las mujeres en el espacio público. En un nuevo capítulo de Pensando Chile, defiende la vigencia del feminismos como un concepto en disputa.
Ana María Stuven es periodista, licenciada en Historia de la Universidad Católica y doctora en Historia de Stanford University, además de profesora titular de las universidades Católica de Chile y Diego Portales. Ha destacado por su trabajo en la historia de las ideas políticas, el rol de las mujeres en la historia, la relación entre religión y política.
Asimismo, una de las áreas que ha investigado durante años es el sistema carcelario y las condiciones de encierro de las mujeres privadas de libertad. Realidad sobre la que ha buscado incidir a través de la Corporación Abriendo Puertas.
Actualmente, Stuven enfrenta su segunda nominación al Premio Nacional de Historia con una trayectoria que también está marcada por su interés en rescatar la agencia de las mujeres en el espacio público. En su último libro, Feminismo, aborda el concepto desde una perspectiva histórica y plantea que más que una definición rígida, permite comprender las distintas formas en que las mujeres han intervenido y producido cambios a lo largo del tiempo.
En una nueva conversación de Pensando Chile, la historiadora defiende la vigencia del feminismo como un concepto en disputa y advierte sobre los riesgos de retroceso en derechos, al tiempo que identifica desafíos pendientes, como los cuidados, la corresponsabilidad parental y la igualdad sustantiva. Su reflexión se extiende también a las mujeres privadas de libertad, ámbito que estudia desde hace 25 años, y a las dificultades que enfrentan para reinsertarse tras cumplir sus condenas. Desde allí, cuestiona un sistema penitenciario que no fue diseñado considerando las particularidades femeninas y llama a comprender la reinserción como un problema social, académico y político.
-¿Cómo recibe la candidatura y qué significa para su trayectoria esta segunda nominación?
-Siempre es un orgullo que, en este caso, el rector de la Universidad Católica y el rector de la Universidad Diego Portales consideren que uno podría obtenerlo, pero eso no necesariamente significa que uno vaya a ganar y, además, yo creo que todos los candidatos siempre se lo merecen.
-¿Qué connotación le daría respecto al rol de la historiadoras y su reconocimiento en el contexto actual?
-Me parece interesante que se considere el rol de las historiadoras, porque la historia -como tú bien sabes- desde siempre fue escrita por hombres y para hombres, y las pocas mujeres que aparecían en la historia eran reinas o prostitutas o santas.
Entonces, que se reconozca el rol académico de las mujeres en la historia me parece súper bien. Pero no soy partidaria de que el premio se otorgue porque sería la segunda mujer. A mí me parece que si es que me lo merezco, me lo debería merecer por mi obra y no por ser mujer.
-Si nos centramos en la obra, el protagonismo de las mujeres en la historia toma una relevancia muy particular en su trabajo. Hablar de feminismo como concepto, tal como usted lo plantea en el libro, es relevante para entender cómo las dinámicas han cambiado en función de ese concepto a lo largo de la historia ¿Cómo poder interpretarlo a partir del recorrido historiográfico que usted hace?
-Yo fui de las primeras o la primera que dio un curso de historia de mujeres en Chile, en la Universidad Católica. Y en realidad lo que siempre digo es que yo me interesé en la historia de las mujeres, no porque yo lo pensara a priori, sino porque las mujeres se me asomaron en la historia.
En realidad, mi interés, como tú bien dijiste, ha sido siempre la historia política, la historia cultural, la historia intelectual. Y escribiendo sobre las décadas de 1840 en adelante, me encontré con que había muchas mujeres que efectivamente habían actuado en el espacio público desde lugares no reconocidos formalmente, sin derechos explícitos, pero que efectivamente habían realizado acciones que habían tenido consecuencias políticas.
Siempre menciono el mismo caso, cuando el ministro Varas tuvo un altercado con el primer arzobispo Santiago, con Rafael Valentín Valdivieso, y estuvo a punto de amenazarlo con el exilio. Bueno, las mujeres dijeron que ellas iban a tirarse a las ruedas del carruaje que llevara a Monseñor al exilio. Eso tuvo una presión, efectivamente, sobre el presidente Montt.
O luego, cuando Manuel António Matta presentó un proyecto para terminar con el exclusivismo católico en el Estado, las mujeres fueron al Congreso y las mujeres escribieron un periódico que se llamó El eco de las señoras de Santiago. Actuaron de nuevo en el espacio público desde ese lugar que era, obviamente, mujeres de élite, mujeres que eran señoras de algún personaje probablemente importante de la élite chilena, pero que -sin embargo- tuvieron una cierta repercusión y una presencia que fue gradualmente presentando las demandas femeninas en el espacio público.
-Pensar el concepto de feminismo desde la acción nos invita a salir un poco de la rigidez de la definición. ¿Cuál es la importancia de relevar momentos históricos donde mujeres fueron agentes importantes de cambio?
-El concepto de feminismo me parece muy necesario porque es la manera que tenemos nosotros de nombrar esta agencia femenina en la historia. Además es interesante porque las primeras mujeres que se declararon feministas fueron lo que hoy día parecería casi una paradoja, mujeres muy tradicionales y muy católicas.
Entonces, es un concepto que además está en el uso en la historia y que además permite nombrar esta agencia y no definirla. Lo interesante del concepto de feminismo y de todos los conceptos -yo en parte me dedicaba a la historia conceptual- es que los conceptos no se definen, los conceptos se interpretan como actúan en la historia. Entonces, el feminismo católico actuó en la historia de una manera distinta que el feminismo laico, distinta, por supuesto, que el feminismo anarquista o que el feminismo de los derechos políticos. Ese mismo concepto permite que nosotros vayamos explicando la gradualidad de esta agencia femenina en la historia.
-¿Cuáles son los elementos más relevantes que quedan sobre la mesa para pensar en el horizonte de los feminismos que coexisten hoy día?
-Me parece muy bien lo que tú dices, los feminismos, porque es una manera también de nombrar que el feminismo puede tener distintas interpretaciones. Es fundamental seguir utilizando el concepto en el sentido que yo lo postulo, que es un concepto que habla de la agencia femenina y que tiene hoy día, sobre todo, un concepto que está sometido a mucha crítica.
Entonces, creo que relevarlo y seguirlo utilizando, resemantizándolo y poniéndolo como un concepto en disputa, me parece interesante, porque releva también las otras concepciones del feminismo que están actuando hoy día y que debieran ser sometidas a una crítica intelectual y política.
-¿Qué nos enseña la historia con respecto a estos temores que existen en la actualidad sobre eventuales riesgos de retroceso en los derechos?
-El temor es perfectamente válido, no solamente en términos de los derechos de las mujeres, sino que también en términos de otros derechos que han sido conquistas importantes en la historia. Parte de mi inspiración fue esa, relevar la importancia de que estas agencias de actores en el espacio público puedan ser sometidas a la crítica y puedan, por lo tanto, instalarse de manera que actúen contra eventuales retrocesos o contra interpretaciones que pueden desprestigiar el concepto en su uso público.
Me refiero, por ejemplo, a lo que sucedió con el mayo feminista, que muchas personas hoy día te dicen feminismo no, ¿por qué escribiste un libro que se llame feminismo? ¿En qué postura estás tú? Yo justamente lo defiendo, porque entiendo que es una postura arriesgada, probablemente personas de sectores ultratradicionalistas, ultraconservadores, no van a entender el hecho de que yo lo esté usando. Pero por eso me preocupo en el libro específicamente de definirlo, de explicar cómo hay que comprenderlo, de manera que actúe en el espacio público para que promocione y promueva la igualdad de género en las brechas que ahora están pendientes.
-¿Cuáles son los principales desafíos en esa línea, pensando en la contrarreacción que hoy día existe?
-Existe, sin duda, y yo la he recibido. Pero defiendo la postura porque creo que hay muchos desafíos todavía, entre ellos el tema de los cuidados. Ha sido un avance importante, la inclusión de las mujeres en los derechos civiles, en los derechos políticos, la inclusión de las mujeres en el trabajo, las acciones afirmativas que desde 2015 avanzan a que las mujeres podamos ocupar espacios que antes estaban vedados o difíciles de acceso.
Pero todavía, por supuesto, está el tema de los cuidados, el tema de la corresponsabilidad parental, el tema de las mismas posturas de género respecto a la prisión que a mí también me ocupan especialmente. Es ir más allá de los temas laborales hacia temas de igualdad sustantiva, a mí me parece que son temas que están pendientes y que en la medida que nosotros los hagamos interactuar con una comprensión del concepto de feminismo que incluya una agencia en pos de el avance de los derechos, a mí me parece que es importante.
-¿Esa comprensión está ligada primero a un cambio cultural antes que a un cambio en materia de políticas públicas? ¿Van de la mano?
-Van absolutamente de la mano. Uno de los conceptos que yo tomo de una escritora que se llama Joan Scott, dice que lo personal es político. Es entender que la esfera privada en la cual el liberalismo dejó a la mujer, lo doméstico dentro de la esfera privada, es un espacio que también es político, porque consagra y consigna lugares donde las mujeres quedan recluidas con mucha dificultad de pasar al espacio público.
Entonces, tomar en consideración ese espacio doméstico, privado, las labores de cuidado que todavía las mujeres ejercemos en mucho mayor medida que los hombres, considerar que esos son problemas políticos, me parece que es relevante.
-Su reflexión en el libro también dialoga con un área que ha investigado durante años, el sistema carcelario, las condiciones de las mujeres privadas de libertad, la reinserción a través de su trabajo en la Corporación Abriendo Puertas. ¿Qué lugar ocupan hoy día estas mujeres en la reflexión desde el feminismo?
-Un lugar importante para mí, porque no es muy reciente mi preocupación. La verdad, llevo 25 años interviniendo y estudiando el tema de la prisión femenina. Me parece que de los espacios de exclusión y de invisibilización de los temas de género, este es un espacio muy relevante, porque son personas que no es que pierdan sus derechos, pero desaparecen de la visión social y de la visión de la política.
Además, insertas en un sistema penitenciario y penal que no fue pensado para las mujeres. Entonces, hay una serie ahí de discriminaciones, tanto en la aplicación de las penas como en la ejecución de las condenas, que requiere de una participación y de un foco especial también desde el feminismo.
-Usted ha dicho que el problema social deriva en el problema penal y luego el problema penal pasa a ser nuevamente un problema social, una secuencia que se comprende poco respecto a la relevancia del problema social cuando las mujeres egresan del sistema carcelario.
-Indudable, porque una de las diferencias de género obvias entre la prisión masculina y la femenina es que más del 80 por ciento de las mujeres son madres y tienen un promedio de 2,8 hijos por mujer. El cálculo que hice recientemente con la cifra de mujeres privadas de libertad, es que esa prisión femenina impacta aproximadamente 9.800 niños y adolescentes.
¿Qué significa eso? Si nosotros nos preguntamos por qué hay un aumento en los delitos que cometen los jóvenes, mucho de eso tiene que ver con que sus padres y sus madres están en el sistema penitenciario. Además, me parece súper importante tomar en consideración que la misma cárcel es un espacio que no ha estado pensado para las enfermedades de las mujeres, para las angustias de las mujeres, para la culpabilidad que asume una mujer cuando entra en un penal por el hecho de haber abandonado sus hijos. Porque incluso aunque no haya sido la mejor madre mientras estaba delinquiendo, cuando una mujer ingresa a la cárcel, tú le preguntas cuál es tu identidad y te dice ser la mamá de tal persona.
En esa situación, en ese tránsito hacia la prisión, ellas refuerzan una identidad muy asociada a la maternidad. Y la maternidad tiene, por supuesto, una replicabilidad social enorme.
-¿Cuál es la relevancia de ocuparnos socialmente de la vulnerabilidad de las mujeres privadas de libertad?
-Si tú sacas una foto de cuáles son los marcadores de marginalidad y de vulnerabilidad en la sociedad chilena hoy día, están todos concentrados en el perfil de una mujer privada de libertad. Es decir, violencia familiar, abuso sexual o abuso de autoridad, abandono escolar, abandono del hogar, situación de calle, droga, porque la situación de calle de alguna manera te vincula con eso.Maternidad muy temprana, mujeres que tienen su primer hijo a los 15 o 16 años y que, por lo tanto, son expulsadas muchas veces del hogar.
Es importante recalcar, hay muchas personas que tienen situaciones de mucha vulnerabilidad y no terminan en el delito. Eso es algo que permanentemente a mí me lo enrostran. Sin embargo, cuando tú reúnes todos esos marcadores de vulnerabilidad, es muy posible que termines cometiendo un delito y luego ingresando a una cárcel, luego saliendo de la cárcel y reproduciendo el proceso de nuevo. Porque cuando una persona sale de la cárcel tiene que acceder al mercado laboral, tiene que recuperar a los hijos que probablemente están en el exsename o a manos de un custodio no necesariamente el más adecuado, tienen que encontrar una vivienda. Todo eso te hace muy difícil no reincidir. Y por eso la reincidencia de mujeres es mayor que la reincidencia de hombres, levemente, pero mayor. Entonces es un problema social.
-Pensando en las reinterpretaciones que existen desde el feminismo, desde ese lugar, cómo mirar lo relevante en el trayecto de reinserción de las mujeres privadas de libertad.
-El esfuerzo que yo hago es entender que la vida académica y nuestra inserción social no son dos procesos independientes. Entonces, me ha motivado este tema justamente porque yo creo que la reinserción social es un problema que tiene que involucrar a las políticas públicas, pero también tiene que involucrar a la academia, porque en la medida en que nosotros negamos la existencia de ciertos problemas sociales, no hacemos más que consagrarlos. Me parece que ocuparnos de la reinserción es una labor que es social, que es académica y que es política también.
Y que en la medida en que nosotros, desde nuestros espacios de inserción en el espacio público, lo hagamos visible, vamos a contribuir, yo creo, a una mayor cohesión social.
-¿Cómo ves a Chile en ese sentido?
-Se ha logrado instalar en el país una sensación de inseguridad muy grande que, por lo demás, te voy a decir que las estadísticas no lo confirman. O sea, los delitos han bajado en los últimos años. Lo que pasa es que lo que es efectivo es que los delitos son cada vez más violentos por la presencia del crimen organizado y del narcotráfico.
Pero la percepción de inseguridad que vive la ciudadanía es peligrosa en la medida en que puede incitar el apoyo hacia políticas punitivas que yo creo que no son la solución para el problema de la inseguridad. A mayor punitividad -y eso lo demuestra la literatura- no necesariamente decrecen los delitos.