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La lección británica: cuando la agenda social es más fuerte que el tema Irak

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Analistas de prestigio como Polly Toynbee, del diario inglés The Guardian, señalan que la salida de Tony Blair del cargo de Primer Ministro puede salvar al Parido Laborista de futuras derrotas antes que sea demasiado tarde. Para ella, el país fue engañado por él, al apoyar »la guerra de Bush en Irak con un expediente falso».


La reciente elección general en Gran Bretaña es la primera después de la invasión a Irak, por lo tanto era casi un referendum de la performance del Gobierno laborista. El laborismo ganó en un aspecto, el de la agenda social, y perdió en otro, como es el referido a la guerra de Irak. Si se sumaran los votos de los demócratas liberales y los descontentos laboristas que aún a regañadientes votaron por el Labour Party, Blair no estaría en el poder.



Las primeras reacciones de las elecciones del día 5 de mayo indican que el gran derrotado ha sido Tony Blair. También se habla de un retroceso electoral del laborismo (pérdida de 45 miembros del parlamento, con un 35,8% de adhesión general), la relativa mantención de su caudal electoral de parte de los "tories" o conservadores (que subieron de un 30,7% en la elección anterior a un 32,9% en esta última) y un ascenso significativo del partido Liberal Demócrata de un 16,8% su votación en 1997, a un 22,4 %.



Analistas de prestigio como Polly Toynbee (The Guardian), señalan que la salida de Tony Blair del cargo de Primer Ministro puede salvar al Parido Laborista de futuras derrotas antes que sea demasiado tarde. Para ella, el país fue engañado por él, al apoyar "la guerra de Bush en Irak con un expediente falso",. Enfatiza que el descenso de la votación laborista demuestra que los británicos reaccionaron frente a este engaño.



Un paneo en editoriales de periódicos de Inglaterra, Escocia y el País de Gales, indica claramente que la gravitación de este error histórico en la política británica de apoyar la invasión a Irak, se mantendrá mientras no se adopte la decisión de retirar las tropas británicas de ese país. El voto rebelde laborista que se inclinó por la opción liberal demócrata, apunta a que se hace urgente enmendar el rumbo de la política exterior de Gran Bretaña y hacerla más independiente de una administración -la republicana de Bush- que responde a una visión circunstancial, de corto plazo, y sin claridad estratégica para resolver los grandes temas en el mundo.



Sin embargo, en un análisis menos personalizado en la figura del Primer Ministro Blair, los resultados muestran tendencias no menos importantes. Estaban en juego temas candentes del desarrollo social y que cruzan de alguna forma la política no solamente de Gran Bretaña, sino que en el mundo y especialmente en los EEUU. Áreas como la reforma al sistema de salud, la educación, el sistema de pensiones para la tercera edad y los jubilados, el gasto social y las políticas de privatización de estos servicios ocuparon un papel central en el debate previo a la elección.



Estaba en cuestionamiento quizás la misma noción de modernidad en política y se mantenían los temas no resueltos por siglos en materia de desigualdades y desprotección social. Según Polly Toynbee, la posición conservadora fue la gran derrotada en cuanto a disminuir el gasto social, e insistir con la euforia privatizadora de los servicios de salud y educación de los 80, bajo el influjo de Margaret Thatcher.



La agenda social y el triunfo de Brown



El gran triunfador en esta elección es Gordon Brown, que le dio sustento a los logros sociales y económicos del gobierno laborista. La agenda social del ministro de Hacienda laborista debe ser una de las más agresivas entre sus pares en el globo. En muchos de ellos, la agenda social ni siquiera existe. Y es el sello de su forma de hacer política.



Según su biógrafo Paul Routledge, Brown no concibe la política como no sea una forma de reducir las desigualdades y la pobreza, sobre todo la pobreza en los niños. "La prosperidad no es el comienzo y el fin; es un medio para una vida plena y esta se consigue a través de una ética del trabajo y sin desempleo", dijo Brown en una entrevista a Paul Routledge.



Muchos piensan que Gordon Brown es el arquitecto de esta victoria del laborismo y para que el factor Blair no haya perjudicado aún más a la votación de su partido. Considerado como el "eterno" sucesor de Blair, se ha caracterizado por una gran lealtad, aunque algunos analistas, sostienen que ese exceso de lealtad le juega en contra para sucederlo. Durante todo el proceso de audiencias para explicar por qué Gran Bretaña se aliaba a los EEUU para invadir a Irak, la consistencia de Gordon Brown para apoyar al Primer Ministro fue fundamental mientras otros miembros del Gabinete renunciaban.



Blair mismo ha dicho que Brown es el mejor ministro de Hacienda que ha tenido Gran Bretaña en 100 años. Existen antecedentes de que esos elogios funcionan como el beso de la mujer araña, del encanto al atolladero terminal. Una situación que refleja los límites y las contradicciones de la incondicionalidad, en una paradoja más de la política.



Si bien la decisión de apoyar a los EEUU en la invasión a Irak fue la que le causó a los laboristas la deserción de votos hacia los liberales demócratas, esa divergencia mayor no fue suficiente para provocar una derrota más insostenible en estos comicios. El capital electoral de dos elecciones anteriores, con una mayoría aplastante que le permitía al laborismo prácticamente usar el Parlamento como una oficina de "timbrar decisiones del Gobierno" (Jonathan Freeland, The Guardian), funcionó esta vez, aunque ese capital acumulado entró ya en una cuenta regresiva.



En el laborismo ha quedado claro que no es una estructura monolítica y tal vez allí se encuentra la razón de sus tres triunfos electorales al hilo. Los temas que más concitaron la atención parecen una agenda de país del Tercer Mundo, con la excepción de la discusión sobre adherirse o no al euro y la Constitución europea.



Gasto e inversión social, salud, educación, disminución del desempleo y el optar por una ética laboral con salarios justos, fueron el caballo de batalla en el triunfo laborista. También estuvieron presentes los temas de la energía nuclear con fines pacíficos y el proyecto nuclear Tridente de disuasión en el campo de la defensa.



Al analizar la cobertura de la BBC, un articulista del Washington Post señalaba que con esta elección los británicos demostraban que "amaban la política". Su ombliguismo no le alcanzó para decir que amaban el debate sobre temas importantes, cosa que le falta a muchos países.

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