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Un ‘déjí  vu’ de sabor amargo

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Suspendiendo las exportaciones de carne y granos por seis días, el poderoso campo argentino se enfrenta de nuevo a un gallito con la Señora K. El Partido Justicialista comandado por Néstor Kirchner, el ex presidente y marido de la presidenta, calificó a la protesta agropecuaria de »golpista» y »antidemocrática».


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Redacción BBC Mundo



Hoy Argentina se despierta para descubrirse en un déjí  vu. Las organizaciones que representan a los diversos sectores del campo argentino han reanudado sus protestas y suspendieron por seis días las exportaciones de carne y granos tras acusar al gobierno de dilatar la búsqueda de una solución.



Las acusaciones cruzadas han llevado, de nuevo, a un punto muerto en las negociaciones entre el gobierno y los dirigentes agropecuarios sobre el aumento de las retenciones impositivas a las exportaciones de granos. Parece un círculo vicioso: hace más de dos meses, a cada atisbo de acuerdo, lo sucede una batalla verbal entre dos jugadores que no están dispuestos a ceder.



Y todo vuelve a comenzar desde cero. Ahora, el campo -como se denomina en Argentina al sector agrícola- culpa al gobierno por el estancamiento, aduciendo que su decisión de relanzar un plan de protestas se debe a la medida unilateral del gobierno de Cristina Fernández de cancelar las negociaciones a principios de esta semana y las nuevas acusaciones que les llovieron desde el oficialismo.



Entre las medidas de protesta del campo no sólo están decisiones económicas -como la suspensión temporaria de las exportaciones- sino también una colecta de firmas de apoyo, campamentos en localidades rurales y una protesta frente al congreso en Buenos Aires.



Golpistas



Por su parte, el gobierno -a través de un comunicado durísimo del Partido Justicialista comandado por Néstor Kirchner, el ex presidente y marido de la presidenta- calificó a la protesta agropecuaria de «golpista» y «antidemocrática».



Según ellos, algunas frases de los dirigentes rurales -como cuando uno dijo que el matrimonio Kirchner es un «obstáculo para el desarrollo del país»- esconden lo que el PJ calificó de «ataque antidemocrático con ánimo destituyente».



Cada lado está jugando sus cartas más fuertes, y el ambiente está intensificado por las manifestaciones rivales y multitudinarias del fin de semana pasado. Con marchas simultáneas en Rosario y Salta, cada uno fijó posición pública e hizo una demostración de fuerza de su apoyo popular.



Por estas horas parece que cada uno de los sectores está más preocupado por mostrarse sólido e intransigente con sus reclamos que por verdaderamente alcanzar una solución a una disputa que, para muchos argentinos, está llegando demasiado lejos.

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