Bachelet: Un triunfo que desafía al establishment
Luego de elegida Michelle Bachelet, los analistas han hecho todo tipo de elucubraciones acerca del resultado de la contienda electoral del 15 de enero recién pasado. Y en particular, los dirigentes de la Concertación han insistido en que el triunfo de su candidata se debe a la fortaleza y éxito de la coalición durante tres administraciones; a la buena gestión y evaluación del presidente Lagos; a la bondades del modelo económico y una economía pujante; a que se ha producido un cambio cultural en el país encarnado en la figura de Bachelet; a las cualidades de la presidenta electa; etcétera.
Pero entre tanto optimismo, han olvidado un hecho importante: en primera vuelta Bachelet obtuvo casi el 46% de los votos válidamente emitidos, por debajo de su coalición, que en la elección de diputados obtuvo el 51,8%. Es decir, logró 5,8% menos que los candidatos a diputados de su coalición y, en términos de votos, 207 mil menos (1).
Si a lo anterior agregamos el hecho no mencionado por los analistas de que 110 mil votos del Juntos Podemos Más (JPM) en la elección de diputados habrían votado por Bachelet en la primera vuelta, cabe pensar que Bachelet se presentó ya subsidiada por la izquierda a la segunda vuelta en el 3,5% de su votación. Todo indica que hubo gente del JPM que apoyó a la candidata el 11 de diciembre. Si no, ¿cómo se explica que Hirsch obtuvo 373 mil votos (5,4%) y los candidatos a diputados del JPM 483 mil (7,4%)? Lo que a todas luces parece haber ocurrido en primera vuelta es que 69 mil mujeres de izquierda votaron por Bachelet, y también lo hicieron 41 mil hombres. La votación de JPM en diputados muestra un apoyo de 8,8% en hombres y de 6,2% en mujeres. En cambio, Hirsch obtuvo 7% en varones y 4% en damas. También 4% de la votación femenina de Bachelet en primera vuelta provendría de mujeres de izquierda no concertacionistas; en el caso de los hombres este aporte habría sido del 2,8%.
Bachelet, en consecuencia, habría obtenido de votantes de su coalición en primera vuelta 317 mil votos menos que la Concertación en las parlamentarias de diputados. La lógica indica que se trató de una fuga de votos hacia Piñera. En efecto, el empresario logró 831 mil votos más que RN en diputados (2). Este sería el impacto visible de la maniobra del «humanismo cristiano» del empresario sobre la DC (3).
En términos porcentuales, Piñera le habría restado 4,6% a Bachelet en primera vuelta o, dicho de otra forma, al menos un 23%,4 del voto democratacristiano se habría inclinado por el candidato de RN (4). Este fenómeno parece no haberse acentuado en segunda vuelta. La táctica de contención de la DC post 11 de diciembre surtiría efecto en la recta final. Pero el daño ya estaba hecho desde la primera vuelta (5).
Piñera había logrado su doble objetivo: derrotar a Lavín y forzar una segunda vuelta. Y Bachelet partiría a la nueva contienda con 44,4% de votos propios y 1,6% de votos «prestados» por gente de izquierda atraída por la candidata desde el comienzo, o bien debido a que no se sintió cautivada por Hirsch o, por último, porque no quiso votar a perdedor (el llamado «voto útil»). Pero cualquiera haya sido el motivo que condujo a parte de la gente del JPM a apoyarla en diciembre (algo más de un quinto de su electorado), o a pesar de este comportamiento, permanece una realidad indesmentible: Bachelet amaneció el 12 de diciembre como la candidata presidencial menos votada que había tenido la Concertación, incluso por debajo de Lagos en primera vuelta. En efecto, el actual presidente obtuvo 48% en dicha instancia, 3.383 mil votos, 215 mil más que Bachelet (6).
Pero hoy ya sabemos los resultados finales: Bachelet ganó ampliamente con un 53,5% en segunda vuelta. Aumentó su votación en 7,5% y 545 mil votos. ¿De dónde obtuvo esta votación extra? Todo los resultados indican que provino básicamente de tres fuentes: i) los votos de Hirsch; ii) votos de Lavín que no se traspasaron a Piñera; y iii) nuevos votos válidamente emitidos en segunda vuelta. Dicho en números, el 7,5% de incremento de Bachelet tiene su origen sobre todo en el 5,4% de Hirsch, en una parte del 2,1% que votó por Lavín y que, aparentemente, después sufragó por ella, o en votos nuevos (menos del 1%).
Si fuese cierto lo que decíamos previamente, que Bachelet ya había obtenido 1,6% de la izquierda en primera vuelta, o 3,5% de su votación, entonces el JPM, a fin de cuentas, le habría aportado un 7% (483 mil votos de un total de 6.941 mil votos válidamente emitidos en segunda vuelta, o bien un 13% de su propia votación final). Si suponemos que estos 483 mil votos hubiesen sido anulados (como quería Hirsch), Bachelet le hubiese ganado a Piñera por 2 mil votos. El razonamiento es simple: Bachelet superó a Piñera por 485 mil votos, de los cuales los mencionados 483 mil provienen con alta probabilidad del JPM. Dicho de otra forma, de la diferencia entre ambos, este último conglomerado le habría aportado el 99,6%. En cambio, si asumimos que el 10% de los votantes del JPM no votaron por Bachelet en segunda vuelta y anularon, siguiendo a Hirsch, o bien porque militantes y simpatizantes comunistas no aceptaron la decisión de su dirección, el aporte del JPM a Bachelet bajaría del 7% al 6,3%, y del 99,6% al 89,7%. Por último, si la mitad de los votos humanistas de la elección de diputados (51 mil) hubiesen sido leales a Hirsch, y además 10% de los comunistas (34 mil) no hubiesen votado por Bachelet (como dijo Luis Corvalán), la contribución de la izquierda sería un 5,7% del 53,5% final que obtuvo Bachelet, y un 82,5% de su diferencia con Piñera.
Pero no olvidemos que parte de los votos de Bachelet en segunda vuelta vienen de la gente de Lavín (no sabemos exactamente cuántos de los 125 mil que no captó Piñera). Fue por tanto una victoria extraña para la Concertación, pues en el margen -donde se decidió la contienda electoral-, el JPM hizo la tarea mayor. Ya se dijo que votantes del candidato de la UDI y nuevos electores habrían aportado algo más. Pero no hemos señalado otra posibilidad menos perceptible: que partidarios de Piñera en la primera vuelta que no se sintieron cómodos en compañía de la UDI, se pasaran a Bachelet en la contienda final. Cualquiera haya sido la fuente y proporción, en conjunto le aportarían 172 mil votos adicionales (7).
No escuché a nadie de los líderes de la Concertación el 15 de enero después de la elección reconocer esta verdad del porte de una catedral. Hasta donde llegan mis conocimientos, sólo José Auth señaló en TV algo que recién se dijo: el aporte porcentual de los hombres y mujeres que votaron por Hirsch, y que le dieron su voto a Bachelet en segunda vuelta (8).
Tuvo que ser la propia presidenta electa quien reconociera este hecho, y saludara la noche del triunfo a la gente del JPM que votó por ella. Unos días después, invitó y recibió a la dirección del Partido Comunista. Recién a una semana de la gesta electoral, Ricardo Núñez y Jorge Arrate reconocieron públicamente el hecho. Este último dijo -según informó El Mostrador- que el gesto de Bachelet había sido un «acto de justicia». Y Eugenio Tironi, en su columna del El Mercurio del 24 de enero, señala con su tinte empresarial el aporte del JPM al triunfo de la carta de la Concertación: «En la elección de Bachelet ha confirmado el valor que tiene un polo a la izquierda de la Concertación. Tiene una cuenta que cobrar al nuevo Gobierno, y pasará por caja».
Es de esperar que los nuevos vientos que soplan incluyan de manera permanente esta actitud considerada y de apertura de Bachelet, y que la elite concertacionista, que se atribuye parte en haber logrado llevar a su candidata a La Moneda, sea de aquí en adelante menos soberbia y más autocrítica.
En efecto, se habló mucho de los errores del comando de Bachelet en primera vuelta, de la falta de coordinación entre la presidencial y la parlamentaria, de que los gatos de chalet de la Concertación no salieron a la calle, de que era «carrera corrida» hasta que la encuesta del CEP de octubre-noviembre prendió la luz amarilla. Ya era tarde, y en segunda vuelta, se ha repetido, habrían llegado los salvadores que ordenaron el comando: Bitar y Zaldívar (Andrés); Lagos le puso pie al acelerador; la coalición, sus partidos y el gobierno en bloque se lanzaron en una cruzada de sobrevivientes para evitar el naufragio. ¿Cuánto fue el rédito de toda esta operación? No está para nada claro: creo que la gran mayoría de la gente de Hirsch y el JPM hubiese votado igual por Bachelet -más aún luego de sus compromisos con la CUT y el PC-, y no sé con que lógica -si uno respeta la conciencia de los electores y no se compra el argumento de la derecha de la intervención electoral- se puede ligar el embate concertacionista de segunda vuelta a los votantes de Lavín que se habrían pasado a la candidata del oficialismo. Y quizá ocurrió al revés: algunos votos de la UDI que hubiesen abandonado al empresario, al final lo habrían apoyado cuando la elección volvió a reposicionarse en buena medida en la dicotomía del Sí y el No, a pesar de los esfuerzos de Piñera por salir de ese pantano.
En síntesis, es muy incierto que el aporte de la Concertación (votantes y dirigentes), de Lagos y del gobierno a Bachelet en la segunda vuelta hubiesen sido suficientes para llegar a la mitad más uno.
Más bien, todo indica que la holgura de su triunfo fue mérito de la presidenta electa -incluido el último debate en televisión- al haber logrado plasmar el apoyo de las cabezas y corazones de izquierda (dijo Tellier que era labor de Bachelet encantarlos, independientemente de la decisión oficial del PC), y de obtener además un plus mixto de votos foráneos a su conglomerado. Por tanto, me atrevo a afirmarlo: otro candidato de la Concertación de sello tradicional hubiese con alta probabilidad perdido contra Piñera (aunque acorde con los tiempos que corren, Alvear, por sus méritos y ser mujer, podría haber sido la única otra excepción).
Pero esa es otra historia y debemos concluir: a pesar del establishment de su coalición, Michelle Bachelet se irguió por sobre todos los fantasmas, abandonos y dudas que la rodearon en una larga y turbulenta contienda de más de un año, y terminó salvando a su coalición. El 11 de marzo se terciará la banda presidencial; mi esperanza está puesta en el cumplimiento de la palabra dada: «diré lo que pienso, y haré lo que digo». Todo lo demás será pura poesía.
1 No obstante, hay que hacer notar que en esta contienda hubo 8,4% de nulos y blancos, mientras que en la presidencial estos alcanzaron 3,7%. Los votos nulos y blancos fueron 335 mil más en la elección de diputados que en la presidencial de primera vuelta. Cabe destacar que en todos los cálculos de este trabajo se han considerado sólo los votos válidamente emitidos. Las cifras base provienen del sitio web oficial http://www.elecciones.gov.cl/.
2 La Alianza por Chile obtuvo en la elección de diputados 146 mil votos de independientes. Es probable que una parte no despreciable haya votado por Piñera. Si hubiesen sido todos -un supuesto extremo- el empresario habría captado 685 mil votos desde fuera de su coalición. Por su parte, Lavín obtuvo 1.601 mil votos y la UDI en diputados 1.456 mil (sin contar los 32 mil de Alberto Cardemil en la comuna de Santiago, quien se presentó como independiente en el pacto de la Alianza por Chile junto a Carmen Ibáñez por RN).
3 Excepto en tres Regiones (I, II y XII), donde hubo listas de independientes, algunos de cuyos electores podrían haber apoyado a Bachelet en la presidencial, la votación de la candidata en primera vuelta en todas las otras 10 Regiones es inferior a la de la Concertación en diputados. A nivel nacional, Bachelet obtuvo 10% menos votos que su coalición (descontados los 110 mil del JPM). Las Regiones donde perdió más votos porcentualmente (entre 11% y 21%), coinciden con aquellas donde la DC tiene un mayor peso (%) dentro del pacto político oficialista (sobre el 40% en la IV, VI, VIII, IX y X). En las Regiones III, V y XI, donde la representación de la DC al interior de la Concertación es menor, 35-36% comparada con un 40% a nivel nacional, el daño a Bachelet es de 8% o inferior. Se alejan de este patrón la VII y la Metropolitana, ambas con un 36% de voto DC dentro de la colación, y con un perjuicio a Bachelet de 13% y 11%, respectivamente. En los cálculos estoy asumiendo que no hubo fuga de votos hacia Piñera ni del bloque PS-PPD-PRSD ni de los independientes de la Concertación.
4 La DC obtuvo 1.355 mil en diputados, 724 mil en mujeres y 631 mil en hombres. El voto femenino democratacristiano por Bachelet habría sido de 581 mil, y el masculino de 458 mil; es decir, las mujeres que votan por la DC habrían sido menos infieles que los hombres a la candidata de su coalición. Decimos «al menos un 23,4%» puesto que hubo en la elección a la Cámara Baja 138 mil votos a favor de los pactos de independientes en 9 Regiones. En la I y XII alcanzaron 27,3% y 22,6% de la votación, respectivamente. En las otras 7 alcanzaron 7,2% (IX), o menos. Si parte de estos votos fueron a Bachelet, lo más probable, entonces el impacto negativo del voto DC habría sido mayor.
5 Sin esta fuga de votos ni el aporte de parte del JPM, Bachelet hubiese obtenido el 49% el 11 de diciembre.
6 Sin embargo, la composición de género de la votación de ambos candidatos de la Concertación fueron diferentes. Lagos obtuvo en primera vuelta 45,4%% en mujeres y 50,9% en hombres. En cambio, Bachelet logró 47% del voto femenino y 44,8% del masculino.
7 De los 545 mil votos que aumentó Bachelet en segunda vuelta -suponiendo que todos los votos de Hirsch se hubiesen traspasado a la candidata oficialista-, el aporte de la izquierda habría sido del 68,4%, y 31,6% provendría de estas otras tres fuentes. En cambio, en la alternativa de que la mitad de los humanistas y 10% de los comunistas anularan, los porcentajes serían 52,8% y 47,2%, respectivamente, y Bachelet habría obtenido 257 mil votos de este mix.
8 Al final, Bachelet logró 53,3% del voto femenino y 53,7% del masculino. Lagos en segunda vuelta, en cambio, obtuvo 48,7% en mujeres y 54,3% en hombres. Hubo sin duda lo que podemos llamar un «efecto de género» en la victoria de Bachelet, el que se manifestó desde la primera vuelta.
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* Jorge Scherman Filer. Economista y escritor.
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