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Patacones cercanos

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Carmen es hija del Generalísimo Franco y por serlo ostenta el título de Duquesa de Franco. Es también viuda del Marqués de Villaverde que en gloria esté. A tan gandul personaje fue dificil desearle un socorrido descanse en paz cuando dejó de existir. En el lenguaje hablado la i de ísimo o ísima, durará el tiempo que dura una redonda en el pentagrama.



Y todos, todos: familiares, amigos, conocidos y esbirros, recibieron inmensas fortunas de su Excelencia el difunto, quien para entonces se había convertido en Rey Midas. Menos mal que era un militar austero, humilde, sencillito, de cuna muy pobre, cuya vida estuvo dedicada al engrandecimiento de España. Ä„Y Olé!

Pues bien, un día se le ocurrió a su díscola y acaudalada hijísima, ya bastante entrada en años, viajar a Suiza de compras. Quería chapotear en la nieve alpina, y como que no quiere la cosa, poner a buen recaudo algunos tapices y una colección antiquísima de relojitos de oro y piedras preciosísimas, todo perteneciente al patrimonio nacional, dijeron las malas lenguas bien informadas.



Y hete aquí que la descendiente directa del elegido por Dios para regir el destino de España en lo universal -que dicho sea de paso era el abracadabra del régimen F-, era detenida en Madrid-Barajas como una vulgar ladrona gracias a un aduanero cabreado de tanto descalabro dictatorial y tanto morro. Qué día tan aciago para Carmen of Spain. Era la primera vez en la vida que alguien le decía ninglas pitinglas, aquí te pillo y aquí te quedas. Dicen que a la hijísima el semblante se le quedó acromático. Ella, operada y estirada más que Michael Jackson, parecía sonreír sin embargo en medio de todo el rifi-rafe, pero la risa era solo una mueca clónica provocada por las sucesivas incursiones del bisturí que deja cara de póquer a su titular, incluso frente al cadalso. Y no pudo por mas que quiso, disimular la camada de la que provenía.



Presa de un sofocón fenomenal, Carmenchu aseguraba entre trinos y lamentaciones no saber cómo estaba pasando lo que estaba pasando y pedía al Altísimo y a la Virgen del Pilar coronada patrona de la Raza por su augusto progenitor, que volvieran a bajar del cielo para defenderla de tamaña injusticia, del complot judeo-masónico que tan de cabeza le había traído a FF. Que la defendieran de los rojos, de la invasión amarilla, del marxismo, de E.T.A, auténticas obsesiones del difunto Caudillo, y por supuesto pedía que la libraran de los lenguaraces periodistas, de los poetas, de los escritores, tan buitres, tan culpables de todo escándalo, porque cuando sacan la lengua a pacer no dejan títere con cabeza. Que volvieran Cisneros y Torquemada. Que los fulminaran a todos.



Y es que la hijísima del Generalísimo cuando llegó a la aduana de Madrid con destino a Suiza disfrazada de incógnito, ni en sueños imaginó que un humilde aduanero iba a abrir la caja de los truenos. Eso no pasaba con papuchi, pensó ella echando mano del abanico a manera de estoque. Garrote Vil. Eso es lo que merece semejante chusma. Help! Help!





Pero nada. Dios y la Virgen del Pilar hicieron oídos sordos. Estaban ambos hasta más arriba de la peineta del Generalísimo y su prole. También lo estaban el aduanero y hasta la policía, quienes además pidieron a Mari Carmenchu serias y contundentes explicaciones sobre tapices, relojes , joyas y patacones.



Y hablando de patacones. Octavio Augusto por ejemplo encontró en Egipto el granero de Roma y las arcas llenas para pagar a un ejército sometido. ¿Y Livia? ¿Qué hizo Livia su egregia esposa? Egipto fue su propiedad particular. ¿Y Carmen metafóricamente hablando?



Hay nombres tan reverberantes. Y escandalosos.



El escándalo tiene la gracia de revelar una parte de la realidad que la normalidad trata de ocultar. El escándalo no es una falacia, es una verdad brutal lanzada de repente que desafía convenciones, evitando así la versión oficial.



Los que ostentan algún tipo de poder o se esconden detrás de él, creen que nada se sabe nunca. Cultivan con mimo una apariencia normal a la hora del escándalo. Hablan de complots, de caza de brujas, de venganza, de acoso y derribo, de crimen político.



Porque no es lo mismo la Inquisición y su onda expansiva, que la detención en Madrid-Barajas de una simple y vulgar usurpadora de lo ajeno que resultó ser la hija del Generalísimo Franco.



Entre nos. Tarde o temprano cuando las arcas del Estado que se preside, se convierten en propias, no hay blindaje que resista la embestida. Ni siquiera los cofres españoles todavía aromatizados del oro robado en la Conquista han aguantado el saqueo. Y es que ciertas desvergüenzas lejanas y cercanas corren por el mismo río de turbulentas aguas color rojo sangre



Y conste que cualquier semejanza con la realidad nacional es pura y simple coincidencia.



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Begoña Zabala es actriz y vive en Montreal, Canadá.


  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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