La agenda de la innovación política
La innovación se ha instalado como necesidad, estilo e idea fuerza cruzando transversalmente a las actividades económicas y productivas y crecientemente a otras actividades humanas. La política, por su parte, empieza a recibir esta tendencia e inevitablemente comenzará a internalizarla en sus mecanismos de decisiones, deliberación y formas de integrar a la ciudadanía con claves de participación.
En un afán descriptivo, dicha innovación se puede materializar tanto en cosas de orden practico para el ejercicio de la tarea política y de servicio público, como desde un ámbito decisorio, en el campo de los símbolos o del ejercicio del poder.
En la primera línea hemos observado, entre otros, una agenda de inclusión de nuevas tecnologías para la comunicación política; inclusión de las técnicas de la comunicación estratégica para afinar y enfatizar el mensaje, como para pulir lenguaje; fortalecimiento de aspectos técnicos vinculados al ejercicio mediático (como por ejemplo, vencer el pánico escénico a las cámaras); disposición de nuevas formas electrónicas de difusión y contacto ciudadano; plena integración de las encuestas a la toma de decisiones en el nivel alto del Estado.
Todas estas inclusiones innovativas se suman a pequeños recursos de gestión asociados a un denominador creciente que es el reclutamiento de jóvenes profesionales que se integran a cargos medios en el servicio público y que sus formaciones profesionales y metodológicas permiten un ejercicio de apertura en las formas que es naturalmente sano para la vida de las instituciones y permiten una renovación sobre la marcha.
En la política dura, la de los partidos y de los liderazgos y no ya necesariamente en la del Gobierno en su expresión amplia, la innovación es sustantivamente menor, porque la administración del poder -así tan directamente- inhibe, probablemente, la experimentación dado el riesgo que ello conlleva. La agenda de la innovación política al interior de dichos núcleos duros es altamente compleja y dificultosa pues se asocia invariablemente a la distribución del poder y a nuevas formas de comunicación, curiosamente contrario a los nuevos símbolos.
Innovar en la política dura, supone una cierta horizontalidad y flujo de información que va en contra, justamente, de las leyes que aparentemente gobiernan ese cuerpo de influencia y decisiones. Quienes pretenden la innovación en ese campo viven en un extenso escenario de contradicción con el medio y se arriesgan a un ejercicio de contracultura evidente, lo que también puede ser muy sugerente.
Innovar proviene de Innovare y refiere genéricamente a la introducción de algo nuevo. Tiene significados distintos, aunque su aplicación mantiene una usanza que no se escapa de su origen. En la política actual y local la verdadera innovación está llegando desde el nuevo gobierno, pues se está introduciendo algo nuevo.
Presidenta mujer, gabinete paritario, deliberadas decisiones de integración de mujeres talentosas, jóvenes, los viejos y nuevos tecnopol, modernos y gente con «carrete de vida» más que carrete político, ejes liberales en lo económico y progresistas en lo social y político. La Concertación es una rara alianza de gobierno. Su éxito radica en su alternancia interna, en la generación transversal de nuevas mayorías o estilos que innovan respecto de lo instalado. De ahí parte de su éxito y su gran cantidad y diversidad de cuadros de excelencia técnica y política.
Siempre se ha señalado que la Concertación IV no debía existir y si una nueva Concertación. Tiendo a pensar que el nuevo Gabinete es la expresión de un nuevo liderazgo y que las próximas definiciones profundizarán en general ese objetivo. La agenda de la innovación política se encamina hacia allá muy tranquila; la noto segura, distante hasta donde corresponde, con guiños precisos y fortalecida en su espíritu. La agenda de innovación política tiene ganas de ser, tiene ganas de introducir cosas nuevas, tiene ganas que los ejes cambien y el gobierno y los sellos institucionales pueden impregnar un nuevo aroma al ejercicio de la política.
A no dudarlo, nos encontramos frente a una referencia realmente interesante. La innovación que muchos esperamos como fortaleza de las políticas públicas, no ya tenue y sí vigorosa y fuerte, está llegando en este verano con la mayor sorpresa y por donde menos se esperaba. Aquel es el hito principal de la etapa que viene y serán los más conservadores y los menos innovadores los que deberán subirse al carro de la libertad que brinda introducir cosas nuevas sobre la marcha evitando que la sombra del gatopardo se instale como símbolo. Aquello se aprecia de manera transversal.
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Gonzalo Cowley es Director Adjunto del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, ICHEH.
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