Oposición dura de la UDI va contra el sentido común
El filósofo italiano Antonio Gramsci decía que quién parte de premisas falsas llegará siempre a conclusiones falsas. Esto debería ser reflexionado por los dirigentes de la UDI quienes frente a la derrota electoral presidencial han abrazado la idea de que esta se debe al apoyo que este partido habría prestado al gobierno del presidente Lagos en circunstancias complejas y han anunciado una oposición dura a la administración de Michelle Bachelet.
Lo primero es que desde el punto de vista analítico lo aconsejable es partir siempre por las debilidades propias y en este sentido sorprende que la UDI no haya sido capaz de extraer conclusiones más de fondo respecto de las dos derrotas que tuvieron en la última contienda: la derrota de Joaquín Lavín como líder de la derecha -que es la principal para este partido pues marca el deterioro de su hegemonía indiscutida en el sector- y la derrota de Sebastián Piñera como candidato presidencial.
Porque pierde Lavín. Porque la política y los liderazgos cambian muy rápidamente en tiempos de globalización y de revolución comunicacional. Aquello que era una novedad el año 99 frente al liderazgo republicano y más tradicional de Ricardo Lagos ya no lo era en esta contienda y Joaquín Lavín, alcalde de Santiago obligado al día a día y a ejercer roles políticos en el dia a dia se transformó en la imaginaria pública en un político más. Es decir, perdió su atractivo principal sin ser capaz de construir contenidos de fondo en su nuevo rol.
De esta forma la UDI al confirmar a Lavín como el líder natural –al margen de cualquier consideración objetiva y sin colocar ni siquiera el tema en discusión- entregó a Michelle Bachelet, al factor de género y a la profunda renovación de estilos políticos que ella representa, todo el sentido del cambio. Lavín perdió – los cientistas políticos italianos dirían porque se «logoro» -es decir se desgastó, se erosionó, se agotó.
Pero el tema va aún más allá. Pablo Longueira, que seguramente es el político de la oposición de más larga mirada, avizoró después de la derrota con Lagos que la UDI debía convertirse en un partido popular. Para ello no basta situarse, como la UDI lo hizo incluso con anterioridad, en sectores más populares, sino que es necesario construir una imaginaria distinta a aquella que lo vio nacer y de la cual es distante la mayoría de los chilenos.
No se puede generar un Partido Popular, es decir una nueva fuerza con nueva identidad política de centroderecha, si se continúa apoyando a Pinochet o a sus símbolos institucionales, si no se hace una separación tajante y sincera -autocrítica, teniendo certeza de que lo que pasó fue atroz- con el pasado dictatorial que sea percibida por todos los chilenos y no solo por la cúpula del partido, por su «tribu» cultural e incluso por sectores de las elites políticas, como auténtica. Debe pasar la legitimidad del sentido común y situarse en ella. La UDI no ha logrado hacer este proceso.
Es decir, la intuición de Longueira no se realizó y la UDI perdió seis años en una política ambigua : colaborar con el gobierno, con la democracia, en temas importantes, oponerse a temas sentidos por la población defendiendo ideas e intereses no solo minoritarios sino también obsoletos -como ocurrió con el royalty o el 17 bis entre muchos- y todo ello sin separarse del pasado en su matriz cultural. El retraso de 15 años para cambiar a designados, vitalicios y la tutoría de las FFAA sobre las instituciones democráticas ha sido letal para este propósito de la UDI ya que el cambio solo se produce cuando, en la práctica, los enclaves institucionales heredados de Pinochet había perdido sentido para todos. La oportunidad en política marca, es esencial y la UDI no lo ha comprendido en estos temas como en los temas de derechos humanos.
Oponerse a cambiar un sistema electoral en crisis porque te da algunos dividendos es una espada de Damocles que marca a la UDI mucho más de lo que sus dirigentes creen. Transformar en un hecho de persecución política del gobierno, como lo hicieron algunos de sus dirigentes, el que un familiar de Pinochet sea encauzado porque no ha pagado impuestos al estado retrotrae la imagen de la UDI, en una sociedad comunicacional como la que vivimos, mucho más que cualquier otro factor. Porque para afirmarse como nueva una conducta debe ser coherente y continuativa en el tiempo.
Lo real es que la UDI no ha aparecido ante todos los chilenos en condiciones de gobernar el país. No basta tener un apoyo electoral entre los tuyos. Es necesario aminorar los grados de rechazo en la gente que no te vota. Y en verdad la UDI aún suscita mas temor del que debiera en importantes sectores del país y mientras ello no se resuelva, mientras la gente común que piensa distinto a la UDI no perciba que esta derecha puede gobernar sin que sus derechos sean trasgredidos, sin que los poderosos reinen, sin que se vulnere el estado de Derecho en cualquiera de sus formas, sin que el mercado no tenga contrapesos en el estado y en los ciudadanos, probablemente la UDI no gobernará Chile. Este es el tema más de fondo a resolver. Ser un partido como otros, con una tradición por construir, que no inspira miedo.
Estos son aspectos de fondo, entre otros, que la UDI no ha resuelto y que, desde luego, nada tienen que ver con la forma como sus dirigentes se relacinaron con el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos y ejercieron su rol opositor. Por el contrario, los mejores momentos de la UDI en la opinión pública global, los momentos en que los dirigentes de la UDI han suscitado menos rechazo, no solo en las elites contrarias sino en la gente que es consultada en las encuestas, ha sido cuando han colaborado con el gobierno porque la población ha percibido a la UDI como un partido de Estado, capaz de ejercer oposición y, a la vez, de colaborar en temas que el chileno medio percibe como algo importante para el país.
Aún más. Cuando un gobernante como Ricardo Lagos goza de un enorme respaldo ciudadano que se acerca en las encuestas al 70% ello implica que muchos de los votantes UDI y RN, mucha gente de derecha, valora el gobierno de Lagos como positivo para Chile y a muchos les habría gustado que lagos se reeligiera. No será que fue precisamente la política de colaboración de la UDI en determinados momentos del gobierno Lagos lo que ha impedido que se produjera un «lagazo» y con ello una verdadera debacle electoral de la oposición.
Porque sin duda obtener un 46% en las elecciones presidenciales y un resultado parlamentario positivo como el que obtuvo la derecha no puede ser considerado, so temor de equivocarse y mirar una realidad solo subjetivamente, como una derrota estrepitosa ya que este resultado se da en el mejor momento de la Concertación, en medio de un fuerte liderazgo personal del Presidente, con un gobierno concertacionista exitoso, con gran crecimiento económico, tranquilidad interna y prestigio internacional del país.
Sostener que para ganar hay que endurecerse y hacer una oposición frontal al Gobierno de Michelle Bachelet puede ser otro estrepitoso error de análisis de la UDI. Si la tónica UDI será, como lo ha hecho un parlamentario de la UDI en estos días, de acusar a Lagos de ser «cómplice de un golpe de Estado en Haiti» y de abrir un debate anticipado sobre el retiro de las tropas chilenas de este país, justo en los momentos en que la comunidad internacional celebra la difícil elección de Preval y los chilenos miran con orgullo el rol de sus FFAA contribuyendo en el país más misero del continente, entonces la UDI arriesga no solo equivocarse sino caminar contra el sentido común que de nuevo Gramsci indica como el elemento más importante para que una política se abra paso en los ciudadanos.
Ojalá se amplie la reflexión en los dirigentes de la UDI ya que una oposición irreflexiva y ciega, como la que hemos visto en su versión veraniega, no ayuda a nadie y solo perjudica a Chile.
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Antonio Leal, Sociólogo, Diputado del PPD
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