La Concertación y el cambio de gobierno
Una coalición más profundamente estructurada que consolide el proceso de desarrollo de Chile con mayor innovación, lo aventure hacia un progreso mejor distribuido en bienes y oportunidades para la ciudadanía e instituciones y asuma responsabilidades internacionales, es uno de los objetivos de la Concertación en la etapa que viene.
No se conoce en la historia del país, una alianza que haya dado mayor profundidad, continuidad y eficacia a un proceso político, a la implementación de políticas públicas y que cuente con una vastísima calidad técnica y política entre sus adherentes. Estos cuentan con capacidad para conducir los múltiples procesos que se dan en todos los niveles de la administración pública, de la gestión política y de la ocupación de espacios sociales y forman parte de una cultura concertacionista que está intensamente arraigada, más allá de los partidos, con fuerte presencia y adhesión de independientes.
La Concertación como expresión cultural
En su seno, la Concertación es más que cuatro partidos. Es la multiplicidad de miradas, de micro y macro culturas nacionales, de énfasis, modos y estéticas, de distintas visiones filosóficas, expresiones y experiencias históricas. La Concertación es básicamente dinámica y tiene la flexibilidad de un movimiento que le permite oscilar en su interior hacia liderazgos distintos, múltiples y trabajar sobre la marcha hacia la constitución de nuevas agendas que le den sentido al desarrollo.
Parte del liderazgo de la Concertación se ha jugado en la idea del suprapartidismo, del buen gobierno y de contar con un Parlamento que en términos generales, ha dado grandes respaldos a los tres gobernantes que nos han representado. Parte del liderazgo de la Concertación se ha jugado, también, en el fortalecimiento de todas sus partes. Si bien la Concertación es más que la suma de ellas, sus integrantes formales están claramente perfilados y merecen la atención debida como parte integrante de una estructura mayor que a todos cobija. En general, los porcentajes de adhesión son similares a 1990 cuando la Concertación era la federación de 17 expresiones, hoy consolidadas en cuatro miradas institucionales y millones de miradas sobre éstas.
La inquietud del cambio de Gobierno
En la época de cambios de Gobierno se produce la inquietud propia de la incertidumbre y de la ansiedad por saber con rapidez como viene la mano. Es una época de adolescentes intensidades, sanas, donde se expresan las vocaciones de servicio y algunos pequeños atentados a las buenas maneras, pero nada que sea considerado como gravísimo. Todos esperan que no disminuya la justicia y esto tiene directa relación con que nadie espera disminuir culturalmente una representación, una mirada o una expresión que ha sido legitimada histórica, social y políticamente.
Los partidos políticos suelen caer a ratos en observaciones acríticas de los escenarios llevando a números las representaciones. Una de las fortalezas, más allá de la presencia gubernamental, parlamentaria o municipal, es la presencia cultural que las ideas de los grupos políticos tienen en la sociedad. La Concertación es la suma de ellas, luego, su naturaleza diversa se nutre de partidos que estén en el debate de fondo, que estén en el debate de las políticas públicas, que estén en la formación de nuevos cuadros y de la inserción en las entidades que dan cuerpo a la sociedad civil y si no lo están adecuadamente deben estarlo y es responsabilidad del conjunto procurarlo por alguna vía.
La Concertación no es invencible. Desde luego, ha estado a un paso de ser derrotada en elecciones presidenciales. Sin embargo, posee en lo sustantivo un profundo vínculo con la historia de Chile que garantiza transversalidades sanas, necesarias y atentas a los nuevos códigos de la política actual. Su arranque proviene de a lo menos hace veinte años y es la consecuencia lógica de la unión en la base que los movimientos sociales, universitarios, poblacionales y de derechos humanos forjaron durante los años oscuros del régimen. Luego, las transversalidades son propias a su naturaleza como coalición y se expresan en personas más que en grupos. En una alianza que se funda en la tolerancia y ha crecido en el ejercicio del respeto entre sus miembros. Afortunadamente, su ejercicio interno se mantiene profundo y no se aventura alguna peregrina tesis sobre la modificación de sus bases.
Las nuevas claves
Ha sido la propia Presidente Electa, en clave actual, quien nos ha anunciado un nuevo estilo y de la mano, nuevos códigos. Ello importa una significación ciudadana distinta del ejercicio de la política que naturalmente permeará a la sociedad. Ello es valioso.
Estamos en la puerta de algo más profundo. Cuando Soledad Alvear renunciaba al gobierno del Presidente Frei Ruiz Tagle para ser generalísima de la campaña del Presidente Lagos, la opinión pública y los círculos políticos advirtieron que algo cambiaba y así ella pavimentaba la idea de los liderazgos de mujer. Contribuyó a abrir las puertas para que la Presidenta Bachelet ingresara a la historia. De esas claves se hablan en la Concertación y recuerdan las expresiones culturales que significaban Patricio Aylwin y Clodomiro Almeyda, Ricardo Lagos y Eduardo Frei, Andrés Zaldivar y el propio Lagos. Se comienza a estructurar una nueva forma y un nuevo equipo. De ahí vendrán nuevos liderazgos, nuevos énfasis y nuevos sueños. La gran tarea es mantener el camino, respetar las miradas y consolidar un conjunto que sólo tiene sentido como conjunto.
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Gonzalo Cowley P. Director Adjunto del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, ICHEH.
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