Paridad, ¿sólo un sueño en Chile o una realidad?
¿Que es la paridad? Es un concepto a mi juicio de difícil definición, considerando su contrapeso con la igualdad y con la equidad. A mi juicio tiene un significado positivo y otro negativo. Se dice que la paridad es un término que han introducido las mujeres en el lenguaje y en los foros políticos, en su lucha por los equilibrios en las cuotas de poder político y en sectores a los que jamás accederían por méritos propios, que además están colapsados de varones.
En Chile, con orgullo, podemos decir que hemos dado un importante paso. Tenemos una Presidenta electa mujer, que ha tenido el coraje y la valentía de nombrar un gabinete compuesto por 10 mujeres. Este sentimiento trasciende las convicciones políticas y religiosas.
No obstante eso, no todo es oro, ya que la primera pregunta que surge es ¿cuántas mujeres en Chile podrán tener la posibilidad de acceder a esos espacios económicos y políticos llenos de varones, que muchas veces, desperfilan a las mujeres profesionales?
Recordemos que Chile es un país con importantes brechas en materia de acceso a la educación, de calidad en la educación, de acceso a las nuevas tecnologías y servicios convergentes. ¿Cómo podrá una niña pobre, que probablemente tuvo que abandonar sus estudios para asumir la responsabilidad del hogar, para que sus padres pudieran trabajar y producir el sustento del hogar, acceder a una cuota reservada para un varón?
Normalmente, además, la opción en los hogares más pobres es que el hijo varón termine sus estudios y la niña se haga cargo de los quehaceres de la casa. ¿Hay equidad en esa decisión? Por supuesto que no, pero la inequidad no proviene de esos padres, sino que proviene del sistema que valora más la inserción de un varón con educación en el mercado laboral que la de una mujer, que además, hoy por hoy y en todos los estratos, es considerada un costo para el sistema, dado fundamentalmente por la maternidad.
El sistema educacional tampoco genera importantes incentivos para aumentar la incorporación de las mujeres al sistema educacional, muchas veces las castra brutalmente al impedirles terminar los estudios a las niñas embarazadas, por ejemplo.
Ahora el problema no es sólo del sistema, hasta hoy, dirigido fundamentalmente por varones, sino de nosotras mismas como madres, que muchas veces nos olvidamos de criar con criterios de igualdad y equidad a nuestros hijos e hijas, privilegiando a ese niño, sobre el que queremos volcar todos nuestros sueños y esperanzas. Somos nosotras mismas las que nos olvidamos que debemos luchar porque nuestras hijas puedan acceder por sus méritos a los espacios políticos y económicos negados a las mujeres hasta ahora.
Desde aquí, en Chile, es difícil que logremos el sueño de la paridad con equidad, ya que, por ahora, sólo algunas, que han tenido el privilegio de estudiar en colegios pagados y han logrado acceder a la universidad, puedan ocupar lugares o ejercer funciones en el ámbito económico y político. Sin embargo, ello es aún peor, cuando ese pequeña luz, que nos permite empezar a ver a mujeres en la toma de decisiones de nuestro país y, por tanto, tener esperanzas en las oportunidades que pueden abrirse para otras mujeres, se ve apagada por aquellos que ponen en tela de juicio la capacidad o el talento de dichas mujeres para acceder a los cargos, en función de la paridad. No son pocos los comentarios que se escuchan del tipo «se habían obligado a tener igual número de mujeres que hombres», «debía cumplirse la cuota de mujeres», con lo cual, con una injusticia atroz, se pone en tela de juicio la capacidad o el talento de las mujeres que han logrado posicionarse en el ámbito político o económico. Mujeres, que, creo no equivocarme en esto, han tenido que trabajar el doble o el triple que los varones de condiciones similares a las suyas para lograr acceder a los lugares a los que han llegado, muchas veces teniendo que, incluso, renunciar a su fuero más íntimo.
Pero, ¿cuánto nos ayuda a nosotras las mujeres que existan reglas de paridad? Parece que en los formal mucho, porque, al menos, nos permite acceder, pero con un enorme costo, ya que se las juzgará el doble que a un varón. Es mujer… decide sobre lo emocional , dirán …cuando se cuestione una decisión suya, sin reparar en que a veces esos comentarios obedecen a la falta de coraje o valentía de los varones para enfrentar los temas.
El desafío entonces está en trabajar el doble, no sólo en aumentar la igualdad, la equidad y la justicia social en materia de educación, sino que en esforzarnos especialmente porque nuestras pequeñas hijas tengan iguales oportunidades que los varones, tanto en lo educacional, como en el hogar.
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Ximena Rojas Prosser, abogado especialista en mercados regulados.
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