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Piñera: días de claudicación

por 2 febrero, 2012

Piñera: días de claudicación
Pero ahí, en nuestro final griego, aparece con la cara que nunca debimos olvidar, el carcelero de todos los sueños de la democracia chilena: el puñado de seguidores de Guzmán que, con fervor religioso, han decidido defender hasta el último el modelo político de la dictadura.
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No son días corrientes. Lo parecen en medio del sol abrazador de un verano más, pero no lo son.

Y es que la tragedia chilena vive sus días decisivos. La mediocre transición a la democracia chilena —“todo en la medida de lo posible”— parece agotada: no tiene más de veintitantos años y parece irremediablemente vieja y con olor a funeral.

¿Qué hizo que un camino a la democracia que hace poco se presentaba como ejemplar hoy se muestre cómo un remedo de miedo y componenda que permitió al modelo de la dictadura vivir más allá de la vida del dictador?

Sin proponérselo, Piñera podría pasar a los libros como un político fundamental para darle un giro a la alicaída democracia chilena. Nadie recordará en años más, las ridiculeces de todo tipo que han caracterizado a su gobierno y sus pírricas obras. Ni menos el color rojo de sus chaquetas.

Difícil pregunta que habrá que responder tarde o temprano.

La explosiva presión del movimiento social y la fuerza política inusitada con que ha irrumpido -con las más variadas y heterogéneas demandas anestesiadas por los años felices de la Concertación- tiene al sistema político chileno por las cuerdas: nadie cree que tamaña olla pueda seguir aguantando sin evacuar, de algún modo, tanta presión.

O se modifican las reglas del juego o quizás no haya juego que jugar.

Así, casi sin darnos cuenta hemos llegado, cual tragedia griega, al final. A ese momento en que los actores, caídas las máscaras, juegan su papel definitivo. Al instante en que, apariencias derruidas e intereses develados, cada uno vuelve a ser quien siempre fue.

Pero ahí, en nuestro final griego, aparece con la cara que nunca debimos olvidar, el carcelero de todos los sueños de la democracia chilena: el puñado de seguidores de Guzmán que, con fervor religioso, han decidido defender hasta el último el modelo político de la dictadura.

¿Cómo es que unos pocos que no representan a más del 30 por ciento de los chilenos tiene la capacidad única de bloquear los cambios exigidos por buena parte de la sociedad en estos años en que la democracia chilena ha quedado desnuda?

Nadie parece tener la respuesta a ese detalle de la democracia chilena.

No es que Novoa y sus secuaces defiendan reglas jurídicas ni legales como el binominal o los quórum supra-mayoritarios, por ser un grupo de adherente irreflexivo al orden establecido. Unos fanáticos del orden por así decirlo.

Es que la UDI no es sólo un grupo de conservadores ni de fanáticos. Mucho antes que eso —muchísimo antes— se trata de un formidable grupo de defensa de intereses, que aceitados desde la pequeña elite empresarial de nuestro país, tiene como misión la tutela de una reglas que dan como resultado una de las sociedades más desiguales del planeta.

Detrás de la cruz, late la bolsa. Detrás del binominal late un modelo social y económico que, como se ha dicho hasta la saciedad en estos días, hace que un mínimo porcentaje de los chilenos viva en el primer mundo y el resto, donde quepa.

A todo esto ¿podrá Piñera jugar un rol en este final de tragedia de la democracia chilena?

Piñera debe ser por mucho el gobernante más mediocre que recordemos. Pero mediocridad no equivale a intrascendencia. Vaya a saber porque, la historia —siempre indócil e irónica— le podría reservar un papel relevante: la de articulador de un gran cambio al sistema político, partiendo por la modificación del sistema binominal y la sobre-representación de la minoría.

Sin proponérselo, Piñera podría pasar a los libros como un político fundamental para darle un giro a la alicaída democracia chilena. Nadie recordará en años más, las ridiculeces de todo tipo que han caracterizado a su gobierno y sus pírricas obras. Ni menos el color rojo de sus chaquetas.

Pero para ser un político fundamental, deberá, como es obvio, enfrentarse a la UDI y toda su presión, que a fin de cuentas, es la presión de toda la elite beneficiada por este modelo.

El problema es que quizás en Piñera —hombre de especulación y poco más— no esté representar tamaño papel. La claudicación ante tan formidable enemigo, como Novoa y Cia., parece rondar en estos días su espíritu más acostumbrado al cálculo del banquero que al arrojo del héroe.

Parece claro que estos son días de claudicación.

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