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Todos contra Irán

por 6 febrero, 2012

Todos contra Irán
Si bien existen declaraciones, resoluciones e informes que podrían probar el real peligro que pueda ser Irán, es posible ver una maximización de todo aquello que estereotipe negativamente a dicho país. Pero además, y en una perspectiva más general, es posible vislumbrar que el modo de observar y analizar los problemas internacionales, se encuentra concientizado por una forma occidental de ver las cosas.
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La agenda de los medios de comunicación de corte occidental, cubren de buena forma su segmento internacional con noticias relativas al país de moda (punto seguido) por estos días (el turno) en el sistema internacional: Irán. Los titulares señalan las acciones que puede tomar el país persa como consecuencia de las sanciones impuestas por una serie de países occidentales, “informan” sobre las matanzas y represiones que el gobierno de Mahmud Ahmadinejad mantiene sobre sus ciudadanos, las reiteradas y sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos, las declaraciones en contra de determinados Estados, y los viajes que dicho Presidente realiza por el mundo, generando alianzas y buscando los apoyos que el país requiere en el sistema internacional con regímenes “relativamente similares”, acusándolo de paso de intromisión.

Pero lo cierto es que todo lo anterior descansa sobre las bases de que el régimen de Ahmadinejad busca desarrollar la energía nuclear para, según el discurso oficial, fines pacíficos; mientras que en el discurso occidental es con fines bélicos. Y al mismo tiempo, las acciones que los gobiernos occidentales realizan para “frenar” las iniciativas iraníes, también ocupan un lugar de relevancia en la agenda mediática.

Pero, ¿por qué el anterior esquema se aplica hoy por hoy, solamente a dicho país? ¿acaso no hay otros países donde se vulneren de una forma más descarnada los Derechos Fundamentales? ¿los discursos en contra de otros Estados o países son únicamente propios de Ahmadinejad? ¿acaso el representante de un gobierno no es libre de realizar viajes que, según su visión programática, considera que traerán un beneficio a su país? ¿es Irán el único país que tiene problemas en desarrollar la energía nuclear? ¿Irán es el único Estado que vulnera una parte del Derecho Internacional?

¿Dónde queda la soberanía y la autodeterminación de los pueblos? Cierto, hay acontecimientos que sobrepasan los anteriores preceptos, pero ¿acaso los países occidentales no violan los Derechos Humanos? ¿no intervienen ni apoyan militarmente a gobiernos que no son necesariamente “democráticos”, en un sentido amplio del término, de diversas formas?

En este contexto y considerando las eventuales respuestas, resulta necesario poner todo en perspectiva.

La visión occidental sobre el mundo musulmán, fundamentalmente como consecuencia del 11-S, es altamente negativa y subjetiva, y las excepciones a lo anterior confirman la regla. En el escenario internacional, tanto las guerras de Afganistán e Irak, así como la “primavera árabe” a los ojos occidentales, son una muestra de que aquella zona del mundo debe cambiar hacia una forma “más democrática” de hacer las cosas, ya sea por la fuerza de potencias extranjeras, o por sus ciudadanos que demandan cambios, pero siempre bajo el común denominador en el eventual uso de la fuerza. La exposición mediática de ésta zona del mundo indica una preocupación que no es menor. ¿Y cuál sería entonces la visión del resto mundo frente a esta forma de percepción occidental? Probablemente, las declaraciones de personeros rusos y chinos en las discusiones del Consejo de Seguridad, puedan dar algún atisbo de respuesta.

Al parecer, todo el mundo occidental se encuentra con la voluntad y la necesidad de sancionar a Irán por sus actos, y de intervenir para que esto se detenga. Y pese a que muchos de aquellos hechos son repulsivos a los ojos occidentales, ¿dónde queda la soberanía y la autodeterminación de los pueblos? Cierto, hay acontecimientos que sobrepasan los anteriores preceptos, ¿pero acaso los países occidentales no violan los Derechos Humanos? ¿no intervienen ni apoyan militarmente a gobiernos que no son necesariamente “democráticos”, en un sentido amplio del término, de diversas formas?

Cuando se habla sobre la temática de estrategia, en la acepción correcta del concepto, se establece en primer lugar que cualquier acontecimiento o suceso en el cual haya algún tipo de intereses contrapuestos, llámese conflicto, no puede analizarse desde la perspectiva reduccionista de “buenos y malos”, o “amigos y enemigos”. Esta premisa es básica a la hora de efectuar algún tipo de consideración analítica objetiva, dentro de los límites propios de cada persona, en el sistema internacional o en cualquier situación conflictiva. Por lo tanto, considero que más allá de los fondos estratégicos que se pueden extraer del conflicto, resulta relevante la falta de objetividad y seriedad con que un tema de estas características se establece en los medios de comunicación, los cuales son, de alguna u otra forma, una importante herramienta a la hora de crear opinión pública.

El tema de Irán es una muestra de cómo se “sataniza” a un Estado, por el simple hecho de que la gran mayoría de los medios de comunicación y los principales líderes occidentales así lo establecen, sin ir más allá. Y si bien existen declaraciones, resoluciones e informes que podrían probar el real peligro que pueda ser Irán, es posible ver una maximización de todo aquello que estereotipe negativamente a dicho país. Pero además, y en una perspectiva más general, es posible vislumbrar que el modo de observar y analizar los problemas internacionales, se encuentra concientizado por una forma occidental de ver las cosas, lo cual en reiteradas ocasiones, ha perjudicado a países que poco y nada tienen que ver con el conflicto en sí. La gran mayoría de las interrogantes aquí planteadas son posibles de responder afirmativa o negativamente, pero su fundamentación es lo importante. Tal vez lo más recomendable antes de otorgar alguna clase de respuesta, sea ponerse en la posición “del otro”.

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