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Litio, la alerta al desarrollo

por 14 febrero, 2012

Litio, la alerta al desarrollo
Al parecer la propuesta del gobierno no está siendo ni estratégica ni bien articulada con fomento a la innovación y autonomía, poniendo nuevamente la carreta delante de los bueyes, postergando el verdadero “desarrollo” por debajo de lo que se considera “crecimiento”, el cual al parecer es nuevamente sólo económico.
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El gobierno abrió la polémica sobre un debate que en lo profundo va más allá del uso o no de un recurso mineral, propio de nuestro país: la apertura a la explotación del litio bajo licitación. Tal decisión no es menor, en la medida que sus implicancias van más allá de promover o no una industria en particular, sino más bien que responde a una decisión que debiera ser estratégica y de desarrollo. Según el servicio geológico de los Estados Unidos, en el mundo existen reservas estimadas de 13.000.000 de toneladas. Nuestro país tendría 7.500.000 de ellas.

Lo estratégico de esta decisión viene determinado porque el uso actual de las sales de Litio son el componente central de múltiples desarrollos e innovaciones a nivel mundial en el ámbito ambiental, tales como nuevos sistemas de almacenamiento de energía y baterías que son cada vez más demandadas en los más diversos dispositivos electrónicos, en especial en autos eléctricos, híbridos y sistemas de respaldo de plantas fotovoltaicas. Esto hace al litio un recurso valioso en la medida de reducir los costos de las mismas y por lo tanto a nuestro país, producto de su estabilidad y condiciones macroeconómicas, un Estado atractivo en materia de inversiones. Entonces, ¿cuál es el problema?

Chile en los últimos 30 años ha sido incapaz de salir de su fase de país exportador de commodities hacia una fase exportadora de mayor valor agregado. Esto se ha reflejado en las continuas caídas de los ranking de competitividad globales. Exportamos materias primas para que otros les agreguen valor.

Chile es un país considerado internacionalmente minero, porque ha basado su crecimiento económico sobre la explotación del metal rojo, que hoy representa sobre un 30% de nuestro Producto Interno Bruto en comparación con el 10% de hace una década. La oferta del metal rojo se debió al recordado DL 600 de los ochenta, que favoreció el fomento de las inversiones extranjeras. Tal porcentaje del PIB actualmente se encuentra en franca expansión debido al crecimiento de economías emergentes como China e India que demandan cada vez más a éste como insumo. No obstante hoy, dada la demanda mundial, las mismas se ven beneficiadas por el boom y crecimiento de la demanda proyectada y su precio de mercado. Todo un éxito económico, pero ¿para quién?

Tal éxito económico nos ha comenzado a mostrar su rostro más agresivo, sobre todo sus impactos colaterales a nivel social y ambiental. A nivel social el impacto ha sido en comunidades donde el ansiado desarrollo y prosperidad no ha llegado –como Nueva y Antigua Calama–. A nivel ambiental hace años existen conflictos por consumo y escasez de recursos hídricos en comunidades aledañas de agricultores o presencia de contaminación y sitios contaminados –como Ventanas, Huasco– e incluso por consumos excesivos, donde hasta sobre el 90% de la energía del Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) va para tal actividad impulsada fuertemente por el carbón. ¿Cuánto de este impacto ha sido compensado por los beneficios económicos a través de años? Aún no se determina.

Si se piensa que las sales de litio en Chile se encuentran en los salares, y como es sabido, la relación entre la minería y estos no ha sido de las mejores por las constantes extracciones del recurso hídrico, el panorama del nuevo boom no es alentador. Tomemos en cuenta que los salares que presentarían mayores cantidades de Litio, además del salar de Atacama, son los de Maricunga, Pedernales, La Isla y Quisquiro. Les siguen Punta Negra, Aguas Calientes Centro, Pajonales, Aguilar, Tara, Parinas y Pujsa, en donde ya algunos de ellos presentan problemas, la demanda podría no sólo hacer colapsar al salar sino también a la actividad completa. Sin embargo, esto no termina ahí porque existe algo peor, la proyección.

Chile en los últimos 30 años ha sido incapaz de salir de su fase de país exportador de commodities hacia una fase exportadora de mayor valor agregado reflejado en las continuas caídas de los ranking de competitividad globales. Exportamos materias primas para que otros les agreguen valor.

En relación al cobre, este es principalmente exportado como concentrado de bajo valor en comparación con el cobre refinado; y a pesar que se han incentivado la promoción de nuevos usos, sigue siendo exportado como tal. La Concertación, a pesar de incluir esta visión en sus programas de gobierno, nunca la impulsó tal nueva fase exportadora. Con la llegada de esta nueva administración nada ha cambiado a pesar de invertir año tras año en “estrategias para la innovación” que al final nos siguen dejando donde mismo.

En relación al litio el panorama no es muy distinto y la discusión no existe. Esta discusión no es si se explota o no por una empresa nacional o extranjera, sino cuál es el destino de aquella explotación. Como ocurre con el cobre, ¿vamos a vender el litio chileno a bajo costo para volver a comprarlo en plantas fotovoltaicas, celdas de combustible o baterías en nuevos vehículos, claramente a un mayor valor. ¿Qué estamos haciendo para fomentar la innovación nacional más allá de tener un centro de investigación relacionado al mismo? ¿Cómo creamos un ecosistema de innovación basado en este nuevo recurso? ¿Qué estamos haciendo para ser atractivos en inversiones de investigación y desarrollo en nuevas tecnologías, a partir de un recurso nacional que se quede en Chile y no en otros países que se ven beneficiados no sólo económicamente sino colateralmente con nuevos profesionales, ingenieros y no sólo mineros? ¿Qué estamos haciendo para construir un Chile más sustentable y menos dependiente de otras economías?

Al parecer la propuesta del gobierno no está siendo ni estratégica ni bien articulada con fomento a la innovación y autonomía, poniendo nuevamente la carreta delante de los bueyes, postergando el verdadero “desarrollo” por debajo de lo que se considera “crecimiento”, el cual al parecer es nuevamente sólo económico.

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