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Carta abierta: los 679 pesos que paga Jumbo de patente

por 12 julio, 2012

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Señor Presidente de la República, Sebastián Piñera

Señor Presidente del Senado, Camilo Escalona

Señor Presidente de la Cámara de Diputados, Nicolás Monckeberg

Señores ministros de Hacienda y Economía, Felipe Larraín y Pablo Longueira

A la clase política y al país en general:

Es viernes, de madrugada. En Lonquimay, una de las comunas más pobres de la Región de La Araucanía, un hombre pasa frío pues los cartones que forran su casa por dentro están mojados. Los perros son la única compañía que tiene en la noche para conversar. En Talca, un cajero de multitienda llega a la casa con ganas de sacarse los zapatos y regalonear algunos momentos con su familia, después de haber trabajado con las fuerzas que no tenía para ganar un sueldo decente para pagar las cuentas del mes. En Iquique, una periodista se entera de lo que pasa en su país por las redes sociales, pues no confía en lo que muestra la televisión. En Temuco, este ciudadano improvisa un brasero con carbón prendido sobre una sartén para capear el frío, con la compañía de una taza de té.

¿Qué tienen en común todos ellos? Que, en un país que camina hacia el desarrollo, trabajan todos los días y se esfuerzan por rendir al máximo. Pero, principalmente, pagan sus cuentas y no se aprovechan del resto.

Como un ciudadano más, sin influencia, poder o redes que permitan cambiar las cosas, como tantos otros, escribo formalmente por los canales que puedo a nuestras autoridades, que gobiernan para todos los chilenos sin distinción, por una situación que a Chile le produce rabia: los seiscientos ochenta pesos de patente anual que paga una conocida gran cadena de supermercados. Temuco y Peñalolén han sido testigos estupefactos del abuso que se ha cometido a costa de un resquicio legal.

Eso, señores, es reírse de quienes día con día pagan sus impuestos bajo amenaza de ese poderoso garrote que es el Servicio de Impuestos Internos.

Las excusas son muchas: que dejan millones en las arcas municipales, que aportan al desarrollo regional, que desembolsan recursos inimaginables para el progreso económico, social y territorial del país. Esto no deja de ser una evidencia más del aprovechamiento con el que se está construyendo el camino al desarrollo. Chile se está convirtiendo en un país aberrantemente desigual. A costa de diecisiete millones de personas, unos cuántos se toman de lo que pueden y dan paso a una acumulación sin límites.

Estimadas autoridades: urge cambiar las cosas. Es verdad, tienen culpa los anteriores y los actuales, los que concesivamente permitieron que esto pasara y quienes hoy gobiernan. Es una responsabilidad transversal que hay que asumir. Pero más que buscar responsabilidades, no hay tiempo que perder en convertir esta situación que conduce a la rabia colectiva en una oportunidad para aprender. Este es el momento de dar una señal clara al país de que se trabaja por y con la gente, elaborando una legislación que escuche a la ciudadanía.

Esta es una prueba de fuego para ver de qué lado se encuentra nuestra clase política, y quiénes reciben presiones o sobornos de los involucrados. ¿Se debe seguir sosteniendo una carga tributaria que permita que un establecimiento comercial mediano pague noventa mil pesos semestrales y una gran tienda menos de quinientos pesos anuales? ¿Se debe seguir jugando con la paciencia de las personas y tolerar vicios del sistema imperante como este? La respuesta es más que obvia.

En este minuto, gran parte del país, como este ciudadano, siente impotencia de ver cómo no puede hacer nada para cambiar las cosas. Desde aquí, en muchas formas, se puede contribuir a la presión para que desde el Gobierno y el Parlamento se legisle al respecto. Chile está esperando una señal de todos ustedes, un pronunciamiento de nuestra clase política para que no se alimente nuestra rabia. Esto debe ser una lección más para no ser reactivos frente a la noticia del momento y prever situaciones como estas.

Esto, señores, se llama detener el robo legal.

Mientras el equipo de asesoría legal y comunicacional de Cencosud debe estar reunido con muchos litros de café y buena calefacción; este columnista se despide esperando que estas palabras no caigan en el vacío, como tantas leyes que duermen en un sistema político que se aleja cada vez más de la ciudadanía.

Muy atentamente,

Diego Vrsalovic Huenumilla, estudiante, columnista de medios.

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