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«El Último Ajuste de Cuentas»

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Leí el artículo “Montajes”, de Max Colodro, en “La Segunda” anteayer, me entretuve, estimé que le daba palos al gobierno y a la oposición por igual y, cuando lo terminé, pensé que tenía razón en su tesis fundamental de que aquí la oposición quiere la guerra y el gobierno no se ha dado cuenta y sigue impulsando “una agenda de tiempos de paz”. Y de que Colodro está en su trinchera de izquierda, por supuesto. Y di vuelta la hoja.

Entonces ayer, también en “La Segunda”, vi una carta del ex comandante en jefe de la Armada, almirante Miguel Angel Vergara, comentando que Colodro a lo mejor tiene razón, en el sentido de que la reconciliación y el consenso serían meras utopías, pues la oposición lo único que quiere es desalojar al gobierno y éste no se ha dado cuenta de que se mueve en un escenario de trincheras. Pero en seguida viene otra carta, de Edmundo Eluchans, quien dice que dificulta haber leído un artículo más lleno de odio y mala fe que el de Colodro, que es “realmente miserable” y que ilustra cómo piensan y razonan quienes creen estar dando “una lección doctoral de lo que es hacer una oposición eficaz”. Dos lecturas distintas.

¿Por qué Eluchans se irrita tanto? Porque toma algunas ironías de Colodro en serio, cuando éste habla del montaje de Hinzpeter con los bombazos, del montaje de Carabineros en los buses quemados, del montaje regresivo para favorecer a los ricos en la reforma tributaria, del montaje de Lavín y las mentiras del presidente en la encuesta CASEN. Pienso que Colodro tampoco cree en esos montajes. ¿O sí cree en ellos y se justifica la ira de Eluchans? Porque aquél antecede la enumeración con la siguiente frase: “…está sometida la derecha al fantasma de sus propios montajes, como un “plan Z”, devuelto irónicamente contra sus autores intelectuales”.
Pero el “plan Z” no fue un montaje. El historiador Gonzalo Vial, que lo recibió de los militares en 1973, en medio de varios sacos de documentos capturados a la UP; y que tuvo la iniciativa de hacer con ellos un “Libro Blanco”, refiere así lo sucedido, en “La Tercera” del 24 de marzo de 2002:

“Apareció este documento y nos encontramos con nuestro contacto, que era un oficial de la Armada. ‘Esto hay que publicarlo’, le dije. ‘No, esto no se puede publicar, es muy grave e incendiario’, contesta. Tuvimos que movernos mucho, hacer incontables diligencias para que nos permitieran publicar la fotocopia del ‘Plan Z’. Eso para mí es un antecedente de que es auténtico”.

Y basta leerlo para saber que es auténtico. Pero Max Colodro es un izquierdista de tomo y lomo (la única diferencia con la mayoría de los demás es que se expresa en términos civilizados). Y por eso dice civilizadamente que el “Plan Z” fue un montaje. Pero, estoy cierto, íntimamente comulga con su contenido. Y esa condición suya se revela palmariamente en la última frase de su controvertida columna, en la cual habló con elocuencia su subconsciente: “Ahora descubren que no bastaba con prepararse para hacer un buen gobierno, sino que debían estar disponibles para que buena parte del país pudiera finalmente hacer su último ajuste de cuentas”.

¡Ahí está todo! Lo que está teniendo lugar es una revolución de la izquierda buscando “su último ajuste de cuentas”. Vea usted cualquier película y sabrá lo que es un “ajuste de cuentas”.

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