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La Subtel y los inexplicables cambios en la numeración telefónica

por 10 septiembre, 2012

Mi impresión es que Subtel perdió el rumbo hace muchos años, y que las actuales autoridades de este organismo −conscientes de ello− han tratado de recuperarlo, pero lamentablemente no han tenido éxito, salvo en lo que se refiere a la portabilidad numérica. Prueba de ello es que terminaron por aceptar el confuso aumento a 9 dígitos decidido por las autoridades anteriores, con el pretexto de que se requiere "para eliminar la larga distancia y para aumentar la competencia". Sin embargo, ello no es efectivo, porque ambas cosas se podían lograr perfectamente bien con una numeración de 8 dígitos, en el caso de Chile.
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Chile tenía —y en parte todavía tiene— un sistema de numeración telefónica de 8 dígitos significativos, donde los teléfonos fijos de Santiago se identifican con el código de área 2 más 7 dígitos locales (2 + xxx xxxx), y los de Talca con el código 71 más 6 dígitos locales (71 + xx xxxx). La longitud de esos números es constante, de acuerdo a recomendaciones internacionales (8 dígitos significativos en nuestro caso), y el prefijo cero que se marca antes no se considera porque no incide en la identificación de los teléfonos.

La telefonía móvil se inició en Chile con números que también empleaban 8 dígitos significativos, con el código de área 9 más 7 dígitos locales (9 + xxx xxxx), pero a comienzos de la década pasada se empezaron a producir problemas de agotamiento, ya que esa cantidad de dígitos locales permitía un máximo de 8 millones de teléfonos móviles en todo el país. También se empezaron a vislumbrar problemas de agotamiento en la telefonía fija de Valparaíso y Concepción, cuyos 6 dígitos locales permitían sólo 800 mil teléfonos en cada ciudad.

La solución a lo anterior era muy simple: eliminar gradualmente los códigos de área e integrar los dígitos correspondientes a los números locales, para que la numeración local fuese alargada a 8 dígitos en todo el país. De ese modo se podrían identificar 80 millones de números, que son más que suficientes para un país de 17 millones de habitantes, de los cuales unos 13 millones deben ser hoy usuarios efectivos de la telefonía móvil, y unos 3 millones de la telefonía fija.  Esa solución también facilitaba la futura eliminación del servicio de larga distancia nacional en la telefonía fija.

Mi impresión es que Subtel perdió el rumbo hace muchos años, y que las actuales autoridades de este organismo −conscientes de ello− han tratado de recuperarlo, pero lamentablemente no han tenido éxito, salvo en lo que se refiere a la portabilidad numérica. Prueba de ello es que terminaron por aceptar el confuso aumento a 9 dígitos decidido por las autoridades anteriores, con el pretexto de que se requiere "para eliminar la larga distancia y para aumentar la competencia".  Sin embargo, ello no es efectivo, porque ambas cosas se podían lograr perfectamente bien con una numeración de 8 dígitos, en el caso de Chile.

En 2001 la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) empezó a implementar ese plan en los teléfonos móviles, al eliminar el código de área 9, cuyo dígito pasó a formar parte del número local (9xxx xxxx); este rango se agotó cuando el país alcanzó los 8 millones de teléfonos móviles y entonces se empezó a usar entonces el rango inferior siguiente (8xxx xxxx), y así sucesivamente. Lo bueno de este plan es que resolvió la falta de números y resultó fácil de explicar a los usuarios (porque desde la red de telefonía fija y desde el extranjero prácticamente no se percibían cambios), entre otras ventajas.

Sin embargo, en 2005 Subtel abandonó ese plan y decidió alargar la numeración de los teléfonos móviles a 9 dígitos significativos, por la vía de reponer el 9 como código de área; también anunció lo mismo para la futura numeración de la telefonía fija, al menos de Santiago, Valparaíso y Concepción. Lo anterior —según palabras de Subtel— permitiría tener disponibles 80 millones de números para el servicio de telefonía móvil (sic). También permitiría otros 80 millones de números para el servicio de telefonía fija, tan sólo en Santiago.

En cualquier caso, una numeración con 9 dígitos significativos tiene capacidad para 800 millones de números. ¿Pero para qué necesitábamos 9 dígitos, si tenemos escasos 17 millones de personas en todo el país?  Desconozco la respuesta, pero la Comisión de Telecomunicaciones del Colegio de Ingenieros advirtió a Subtel que el aumento a 9 dígitos era un error —ya que todo cambio de numeración ocasiona costos y trastornos, y ese cambio en particular resultaba innecesario—, pero no fue escuchada.

Se podría pensar que aparte de las personas, en el futuro habrá un creciente número de dispositivos que también necesitarán numeración telefónica, como los actuales módem para banda ancha móvil, y que ello justifica el aumento a 9 dígitos; sin embargo, esos dispositivos emplean esa numeración con otro objeto (facturación, identificación) y no para ser llamados, de modo que sólo a ellos —y no a las personas— se les podría haber creado una numeración especial, más larga.

Mi impresión es que Subtel perdió el rumbo hace muchos años, y que las actuales autoridades de este organismo —conscientes de ello— han tratado de recuperarlo, pero lamentablemente no han tenido éxito, salvo en lo que se refiere a la portabilidad numérica.  Prueba de ello es que terminaron por aceptar el confuso aumento a 9 dígitos decidido por las autoridades anteriores, con el pretexto de que se requiere "para eliminar la larga distancia y para aumentar la competencia".  Sin embargo, ello no es efectivo, porque ambas cosas se podían lograr perfectamente bien con una numeración de 8 dígitos, en el caso de Chile.

La verdad es que el aumento a 9 dígitos se necesita sólo porque Subtel ha administrado mal la numeración en los últimos años, mezclando innecesariamente los rangos de numeración de la telefonía fija y móvil, por no considerar la evidente convergencia entre ambas.  Por ejemplo, los nuevos números 71xx xxxx de la telefonía móvil coinciden ahora con los números 71 + xx xxxx de la telefonía fija de Talca, pese a que había otros rangos de numeración disponibles, y para identificarlos debidamente pareciera ser preciso agregar el noveno dígito.

Lo preocupante es que no se trata de un problema que haya surgido de manera imprevista, ya que a comienzos de la década pasada la propia Subtel encargó un plan para implementar gradualmente una numeración de 8 dígitos locales, tanto en teléfonos fijos como en móviles, previendo incluso una futura portabilidad entre teléfonos fijos y móviles, pero después lo abandonó inexplicablemente, y tampoco consideró la advertencia del Colegio de Ingenieros.

Más aún, la reposición del código de área 9 se implementó en 2006, pero no fue bien explicada a los usuarios, a raíz de lo cual muchas personas todavía no saben cómo publicar números de telefonía móvil, ni cómo dar instrucciones para ser llamadas desde el extranjero. ¡Menos mal que Skype es un paliativo para este problema!

Además, en la actualidad Subtel ha debido reservar alrededor de 30 millones de números para la telefonía móvil, pese a que en el país sólo hay unos 13 millones de usuarios efectivos, porque las compañías de telefonía móvil están sobre utilizando la numeración correspondiente, debido a las injustificadas diferencias de precios entre llamadas "on net" y "off net", que obligan a muchas personas a tener varios teléfonos móviles para llamar por separado a cada compañía. Esas diferencias de precios obedecen a que las tarifas de interconexión están sobrevaluadas en Chile (también por culpa de Subtel), y si aquellas llegaren a abolirse —lo que podría ocurrir, ya que el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia las está investigando, por considerarlas anticompetitivas—, la cantidad de teléfonos móviles en servicio se podría reducir significativamente, tornando más eficientes a las redes correspondientes y sin que se reduzca el tráfico global cursado por ellas.

Otra inconsistencia de la forma en que Subtel pretende implementar el aumento a 9 dígitos es la siguiente. En la zona de Curicó a Talca, por ejemplo, donde las llamadas de la red de telefonía fija ya son consideradas locales, Subtel ordenó agregar un 2 a todos los números locales, pero por un buen tiempo ello no evitará que se sigan repitiendo algunos números en ambas ciudades. En efecto, el número local xx xxxx de Curicó puede estar repetido actualmente en Talca, y ambos pasarán a ser 2xx xxxx, de modo que se seguirán repitiendo, lo que a su vez obligará a seguir marcando los dígitos 071 para llamar desde Curicó a Talca, ó 073 para llamar en sentido inverso, pese a que ahora son llamadas locales.

Si en vez de eso Subtel hubiera eliminado los actuales códigos de área, integrando los dígitos correspondientes con los números locales, éstos se habrían convertido en 73xx xxxx en Curicó, y en 71xx xxxx en Talca, con lo cual habrían dejado de repetirse. La modalidad actualmente en uso, donde es necesario marcar códigos de área para establecer ciertas llamadas locales —que no se modificará con el cambio en curso—, es incómoda y muy confusa para los usuarios, y restringe además la portabilidad numérica en la red de telefonía fija (ya que no permite portar números entre ciudades).

Ahora bien, al país no le va a pasar nada muy grave con un cambio a 9 dígitos programado de ese modo: al principio la gente se va a confundir, es probable que durante los primeros días un par de centrales telefónicas colapsen por exceso de llamadas equivocadas, tendremos que recurrir a las imprentas para rehacer la papelería de las empresas y las tarjetas de visita de las personas, enfrentaremos leves dificultades para memorizar y marcar números más largos, y a quienes llaman desde el extranjero hacia Chile les va a tomar un buen tiempo aprender a marcar de nuevo, pero al final todo va a funcionar más o menos bien. ¿Y qué habrá ganado el país a cambio de esos pequeños sacrificios? Pues nada.

Ojalá que las actuales autoridades le presten atención al cambio de numeración en curso, ya que constituye un nuevo error de Subtel −aunque no muy grave−, y todavía están a tiempo de corregirlo.  No obstante, son los errores históricos de este organismo −que actualmente se reflejan en servicios caros y de calidad decreciente, telecomunicaciones rurales inadecuadas, trabas a la libre competencia y una regulación anacrónica, por citar algunos efectos− los que requieren una preocupación efectiva por parte de aquellas.

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