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Venezuela: los escenarios para el día después

por 7 octubre, 2012

Venezuela: los escenarios para el día después
La elección se da en esta oportunidad en un contexto formado por aristas nacionales y regionales muy distintas a las de hace seis años. Si en el 2006, Chávez enfrentaba un entorno algo hostil en la región, hoy, pese a las derrotas políticas en Honduras y Paraguay, es evidente que ha logrado articular —gracias a la petrodiplomacia o donaciones generosas— un combativo esquema multilateral, curtido en mil batallas, como es el ALBA. Y en el plano nacional, el país vive un ambiente polarizado como nunca antes.
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Los enigmas respecto a Venezuela se acrecientan día a día. Y si la incertidumbre respecto a los resultados de la elección presidencial es enorme, igualmente grandes son las dudas respecto al real estado de salud del líder bolivariano y su impacto en el período que se avecina. De ahí la importancia del día después.

La elección se da en esta oportunidad en un contexto formado por aristas nacionales y regionales muy distintas a las de hace seis años. Si en el 2006, Chávez enfrentaba un entorno algo hostil en la región, hoy, pese a las derrotas políticas en Honduras y Paraguay, es evidente que ha logrado articular —gracias a la petrodiplomacia o donaciones generosas— un combativo esquema multilateral, curtido en mil batallas, como es el ALBA. Y en el plano nacional, el país vive un ambiente polarizado como nunca antes. El teniente-coronel interpretó sus victorias en 1998 y 2006 como si hubiera ganado guerras civiles, calificando a los perdedores como aniquilados en un campo de batalla, lo que terminó exacerbando los antagonismos. Es este contexto plagado de aristas, tan diversas como explosivas, el que hace de esta elección presidencial un evento con grandes repercusiones al interior del país y en toda la región.

Así entonces, en el plano regional son varios los países que se juegan parte de su futuro con esta elección. Otros lo miran literalmente desde el borde del precipicio, como Cuba. Y es que si se corta el cordón umbilical entre ambos podría desencadenarse una verdadera catástrofe en la isla. Muy documentado se encuentra el acceso alcanzado por La Habana al petróleo venezolano a precios tan preferenciales como lo fue en su tiempo su acceso a los hidrocarburos soviéticos.

Cuba consume en la actualidad 147 mil barriles por día y produce sólo 50 mil. Los 100 mil restantes proceden diariamente desde Maracaibo y su pago se ejecuta por medios sumamente irregulares. La Habana contra-presta esta dádiva con asistencia que otorga al amparo de 47 proyectos en defensa, policía, inteligencia, salud, deportes, agricultura, electricidad, manejo de puertos y otros. Son 47 mil profesionales y técnicos cubanos que trabajan en la administración del Estado venezolano incluyendo áreas muy poco habituales, como aduanas, control de fronteras, identificación de ciudadanos y otras. Esta “exportación de servicios” constituye el principal ingreso del presupuesto anual cubano, pues Venezuela paga una cifra cercana a los US$ 6 mil millones por esta extraña importación. El subsidio neto anual se estima en US$ 4 mil millones.

El tercer gran desafío de Capriles es desmantelar las estructuras chavistas, cuya fortaleza constituye otra gran incógnita. No se sabe cuánto sustento real tienen las misiones chavistas, o qué tan profundo es el nexo de las milicias bolivarianas con las bandas armadas pro-chavistas que deambulan por Caracas sembrando el terror, como la “666” o la “23 de Enero”, dedicadas estos últimas semanas a “ofrecer plomo si pierde Chávez”, una amenazante perspectiva alimentada por el propio titular de Defensa, Henry Rangel, quien aseguró haber detectado planes violentistas en caso de una derrota de Chávez.

Dada la incertidumbre en torno al resultado de la elección presidencial, y a que la posibilidad de que Chávez pierda es real, como lo aseguran varias encuestas, el gobierno cubano y la comunidad cubana residente en Venezuela, han esperado estos comicios con una fuerte sobrecarga adrenalínica. Incluso, entre septiembre y octubre, ochenta de estos profesionales y técnicos han optado por la tranquilidad de nuevos horizontes en EE.UU., Colombia y México. El infalible “instinto de clase media” es el mejor indicador de que el fantasma del colapso ha vuelto a rondar por La Habana como cuando se desintegró la URSS a inicios de los 90.

Por otro lado, en el plano interno, Venezuela no será la misma después de este evento electoral. Sin embargo, los escenarios que se abren, dependiendo de quién y por cuánto gane, son muy distintos.

Por ejemplo, en caso que Capriles se alce con la victoria, es posible distinguir tres grandes desafíos.

Al heredar un país sumamente polarizado, su primer gran desafío estará dado por la forma en que Chávez asuma su derrota. Si el resultado es estrecho, es probable que en Venezuela se perfile un escenario muy turbulento marcado por los esfuerzos del líder bolivariano por introducir grandes y acelerados cambios durante los tres meses de transición, hasta la entrega del poder, para transformar la Presidencia de la República en una especie de cascarón sin atribuciones. En cambio, si el triunfo de Capriles es contundente y el teniente-coronel empieza a sentir que “huele a peligro” dado las numerosas cuentas pendientes por pagar, es probable que busque desestabilizar a la nueva administración utilizando sus vestigios en el Congreso y en los tribunales de Justicia; y, obvio, si fracasa en ese intento, terminará sus días en una soleada playa cubana.

Por lo mismo, el segundo gran desafío de Capriles es afianzar un núcleo de poder que aglutine a las heterogéneas fuerzas anti-chavistas y le colaboren en reinstaurar el Estado de derecho así como reinstitucionalizar el país. El modelo que se ha trazado Capriles para recuperar la senda democrática es el de la Concertación chilena, que en 1989 logró ensamblar a partidos históricamente enfrentados entre sí y construir un proyecto político nuevo, de largo aliento.

Engarzado a esto, el tercer gran desafío de Capriles es desmantelar las estructuras chavistas, cuya fortaleza constituye otra gran incógnita. No se sabe cuánto sustento real tienen las misiones chavistas, o qué tan profundo es el nexo de las milicias bolivarianas con las bandas armadas pro-chavistas que deambulan por Caracas sembrando el terror, como la “666” o la “23 de Enero”, dedicadas estos últimas semanas a “ofrecer plomo si pierde Chávez”, una amenazante perspectiva alimentada por el propio titular de Defensa, Henry Rangel, quien aseguró haber detectado planes violentistas en caso de una derrota de Chávez. Tampoco se sabe cuánta conexión emocional efectiva ha logrado alcanzar el líder bolivariano con los sectores más pobres de Venezuela. Por último, tampoco se sabe cómo reaccionará la población, y la propia elite chavista, sin la omnipresencia del teniente-coronel. Este último desafío es de suma importancia, pues tiene que ver, finalmente, con la pacificación de los ánimos en un país que soporta en la actualidad elevadas tasas de criminalidad; 19 mil asesinatos por año. Según organismos ONU, Venezuela es el octavo país con más secuestros en el mundo.

En tanto, y por otro lado, una eventual victoria de Chávez dependerá también del margen de diferencia que alcance. Si gana de forma estrecha, el eje del debate futuro serán preferentemente las cuestiones económicas. Por ejemplo, si el modelo resiste o no el ritmo desbocado de deuda externa, alza de precios al consumidor, gasto público y asignaciones clientelares, que han marcado los últimos años. Recordemos que la Venezuela chavista ocupa el lugar 172, entre 182, en el Índice de Percepción de Corrupción, elaborado por Transparencia Internacional, una ONG que nadie podría acusar de ser proclive a “sectores conservadores”. También arreciarán las críticas a la gestión de las empresas públicas, poniendo atención especialmente en las refinadoras de petróleo, afectadas por una serie de incendios en los últimos meses, así como en las razones de los sucesivos blackouts eléctricos que afectan a varias ciudades del país, incluyendo Caracas. Una victoria por margen estrecho dará pie además a las dudas sobre la efectiva transparencia del proceso de conteo de votos y más de algún analista recordará las fascinantes prácticas del viejo PRI mexicano, en torno a la alquimia electoral, que el gran Luis Echeverría explicó en un arrebato de franqueza: “¡Seríamos muy pendejos si perdemos; somos nosotros los que contamos los votos”.

Por el contrario, si Hugo Raúl obtiene un triunfo holgado, proyectará una figura incombustible y quedará claro que los sectores opositores sencillamente no logran sintonizar con las preocupaciones cotidianas, especialmente aquellas de los venezolanos más desposeídos. Si eso ocurre, Chávez acrecentará su perfil épico y buscará consolidar la idea del mito fundacional. En ese escenario, cobrará actualidad el artículo 233 de la Constitución, pues el único gran desafío que surgirá será el de la sucesión, dado que el probable recrudecimiento de su enfermedad sería la única eventualidad que abandone el poder.

Finalmente, la enorme incertidumbre venezolana está dada por la cantidad de elecciones que se avecinan en el país. O sea, un resultado estrecho podría desembocar en una polarización aún mayor. El 16 de diciembre habrá elecciones para gobernadores y en abril del 2013 las municipales. En 2015 las parlamentarias. Además, la Constitución permite en 2016 un referéndum revocatorio, por lo que un resultado estrecho podría llevar a la ya polarizada situación a un límite de impredecibles consecuencias.

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