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La UDI, Chávez y la naturaleza del Zoo-Populismo

por 9 octubre, 2012

La UDI, Chávez y la naturaleza del Zoo-Populismo
Mientras la revolución bolivariana busca una politización de la sociedad, la gremialista lo era de una despolitización de ella. Tanto la una como la otra serán propuestas fuertemente ideologizadas para generar una hegemonía desde la cual reestructurar la forma política del Estado y de las estructuras económicas. Otra característica del populismo ha sido la existencia de cierto mesianismo casi religioso.
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El populismo es una forma de entender la política que ha tenido su principal (aunque no exclusivo) desarrollo en Latinoamérica. Para entender su naturaleza se requiere eliminar la imagen simplista de “vociferar desde un cajón de manzanas”.

Los han existido tanto de izquierda como de derecha. Basta pensar en Ibáñez y Velasco Alvarado. Algunos han tomado la forma de un populismo basado en liderazgos personales, otros en un movimiento.

Hoy, de aquel que se basa en un líder, su principal figura es Hugo Chávez. De aquel que se sustenta en un movimiento, lo es el MAS de Evo Morales (en la izquierda) y en cierta forma, en su versión derechista, la UDI.

Clásicamente se ha entendido que el populismo implica algún tipo de reivindicación contra una elite. Por eso, nada raro, Chávez y su revolución bolivariana se levantarán contra el sistema del COPEI y Acción Democrática, así como contra los privilegios de las clases dominantes. Guzmán, por su parte, desde un comienzo sostendrá la necesidad de superar primero a una derecha tradicional y luego a una clase política que habría iniciado el camino de la destrucción de una chilenidad de tipo hispánica.

Como lo ha indicado Ernesto Laclau, uno de los teóricos políticos más influyentes de la nueva izquierda latinoamericana y estudioso como pocos del populismo, las condiciones del surgimiento de éste último implicarán: “La condición ineludible es que haya tenido lugar una dicotomización del espacio social, que los actores se vean a sí mismos como partícipes de uno u otro de dos campos enfrentados. Construir al pueblo como actor colectivo significa apelar a «los de abajo», en una oposición frontal con el régimen existente. Esto implica que, de una forma u otra, los canales institucionales existentes para la vehiculización de las demandas sociales han perdido su eficacia y legitimidad, y que la nueva configuración hegemónica —el nuevo «bloque histórico», para usar la expresión gramsciana— supondrá un cambio de régimen y una reestructuración del espacio público”.

Como la retórica populista tiende a exacerbar los antagonismos, no habría discrepancia sino lucha social y política. Sería una suerte de estado de naturaleza donde “buenos” y “malos” pugnarían por el poder. El papel que en uno ha jugado “la oligarquía y el Imperio del Tío Sam” lo jugaron en el otro el “ogro marxista y los señores políticos”.

Mientras la revolución bolivariana busca una politización de la sociedad, la gremialista lo era de una despolitización de ella. Tanto la una como la otra serán propuestas fuertemente ideologizadas para generar una hegemonía desde la cual reestructurar la forma política del Estado y de las estructuras económicas.

Otra característica del populismo ha sido la existencia de cierto mesianismo casi religioso.

En el caso de Chávez unirá a su persona la idea de representación de las instituciones nacionales así como la idea de que él y su movimiento representan para Venezuela una nueva forma escatológica. Solo el líder convertido en héroe podrá aportar la debida redención del “pueblo” de sus enemigos históricos, internos y foráneos.

Guzmán será poseedor de una retórica similar. No solo por adjudicar a Pinochet mucha de las cualidades que los seguidores de Chávez ven en él. Indicará que del gremialismo y la UDI dependerían la sociedad chilena y su futuro. Sumado a su aseveración que la Junta Militar solo debía responder ante Dios y la Historia (sesión 68 de la Comisión Constituyente de 1974). Esa Junta sería representativa del movimiento iniciado por él. Es casi una consecuencia natural del origen populista de la UDI el estado de virtual beatificación de Guzmán. Hoy en él casi se hace necesario distinguir entre su parte humana y divina.

Como la retórica populista tiende a exacerbar los antagonismos, no habría discrepancia sino lucha social y política. Sería una suerte de estado de naturaleza donde “buenos” y “malos” pugnarían por el poder.

El papel que en uno ha jugado “la oligarquía y el Imperio del Tío Sam” lo jugaron en el otro el “ogro marxista y los señores políticos”.

No es de sorprenderse que en la ruptura populista convivan almas reaccionarias y revolucionarias. El fascismo fue ambas cosas y poseía una estructura de tipo populista. De igual forma, convivirá al interior del peronismo tanto una izquierda radical como una derecha nacionalista de igual característica. Igualmente en el talante guzmaniano se encuentra el signo reaccionario y revolucionario.

Se podría esgrimir que la UDI nada tiene hoy de aquella de corte “revolucionario” de Guzmán. Su papel es distinto. Es la defensora de una revolución que consideran propia. Esa tarea la ha acometido primero siendo oposición y luego como partícipe del poder en la administración actual.

Su drama está en que con la desaparición de su líder natural no ha logrado generar uno nuevo. Lo que en Guzmán era un manejo hábil del poder y argumentación articulada, se ha transformado en la UDI en marketing redentor que busca reposicionar la renovación de la política por medio de la venta de simpatía y de una ideología cosista. Esta última, no es más que la continuación del discurso gremialista de atacar la política y buscar su reemplazo por una suerte de “solución técnica de problemas particulares”. Lavín ayer, Golborne hoy, la han encarnado.

Sumado a que todo movimiento, por revolucionario que sea, pierde en algún momento esa condición para pasar a ser reaccionario.

Por último, derecha e izquierda populistas, han tenido el mismo enemigo: el liberalismo en todas sus formas. Desde el centroizquierdista de corte socialdemócrata hasta el centroderechista.

Chantal Mouffe, prestigiosa intelectual belga que defiende las formas populistas de la izquierda latinoamericana como ejemplos de democracia radical, ha criticado a personas como Bachelet por ser simples “good left” gratas al establishment de la democracia occidental.

De igual forma, la UDI ha combatido la posibilidad del surgimiento de una centroderecha de corte liberal.

Quizás sea tiempo de que la UDI vea en los Chávez gente bastante más cercana de lo que ellos creen. Son parte del mismo Zoo-populismo. 

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