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Una revolución en historia

por 9 octubre, 2012

Una revolución en historia
Pareciera ser que una revolución en historia pasa por ser más inteligente que el sistema imperante y usar sus reglas para quebrarlo. Y para eso no es necesaria una transformación estructural: basta sólo una pregunta que lo cuestione.
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Chile es un país que olvida rápido. Una extensa y densa historia llena de aciertos y errores de nuestras clases gobernantes y la respuesta de sus ciudadanos, parece no ser suficiente para que distintos hechos relevantes, más allá del relato de una historia nacional —y, a veces, nacionalista— no repercutan en los habitantes de nuestro país.

¿Qué hacer, entonces, frente a una población que parece no interesarse en el estudio y análisis de los hechos pasados? ¿Cómo superponerse al relato tradicional basado en fechas y datos que parecen no tener conexión entre sí? ¿De qué manera se puede sobrepasar el mito de que aprender historia es “aburrido” y que “no sirve para nada”?

Es verdad: la profesora o profesor de historia debe entablar un relato cabal del pasado que permita comprender de manera integral el momento presente. Se hace difícil, puesto que ni siquiera existen, en nuestros planes y programas, unidades al principio de cada año lectivo que permitan un aprendizaje con internalización sobre el tiempo y el espacio. Es más, ni siquiera reflexionamos sobre la distinción temporal que hacían los griegos, sobre el cronos y el kairós: mientras que el primero es el tiempo que “se come a sí mismo”, el segundo es el tiempo constructivo, del avance, del aprendizaje. Para muestra, un botón: es cosa de reflexionar sobre el sentido de palabras como cronómetro o cronología.

Más allá de las aulas, pareciera ser que al ciudadano de a pie le fuera indiferente esta materia. Y es paradójico, siendo que la persona que cuenta un relato histórico es escuchada con atención por quienes desconocen algunos hechos pasados o no los manejan totalmente. En parte pasa porque, en una sociedad como la nuestra, donde anda mucha información dando vueltas y es más importante hablar de las Argandoña –asumiendo que es “la realidad”- que de las desigualdades de nuestro Chile, esto no interesa.

Pareciera ser que hay que jugar a ser el mejor distractor entre tantos que andan rondando en el diario vivir, que hay que competir contra el internet y la televisión, que hay que “vender” mejor el producto para hacerlo atractivo e interesante.

¿No será, quizás, que hay que aprovechar las reglas del juego que rigen actualmente, en torno a la publicidad, y hacer atractiva a la reflexión crítica para invitar a la gente a participar de ella? ¿Pasará la solución por llevar las preguntas a la calle, a los ojos de los ciudadanos y en los sitios por los que transita diariamente?

Pensar una revolución en historia es uno de los pasos fundamentales para crear una conciencia crítica del momento presente y de la posición de cada uno en la sociedad actual, en relación con los hechos pasados. Y una de sus bases estructurales debe ser la superación de los demás estímulos del medio jugando con las reglas que nos rigen actualmente.

Pareciera ser que una revolución en historia pasa por ser más inteligente que el sistema imperante y usar sus reglas para quebrarlo. Y para eso no es necesaria una transformación estructural: basta sólo una pregunta que lo cuestione.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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