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"Esos señores políticos"

por 17 octubre, 2012

Es deprimente, escalofriante, desesperanzador, constatar que a veinte años de haber derrocado a la dictadura pinochetista, no hayamos podido derrocar esa lacerante y troleante frase: “esos señores políticos”.
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Esta frase me retumbó durante 17 años. Cada vez que el dictador se veía puesto en entredicho por los opositores, recurría permanentemente a esta frase lacerante. El terrorismo de Estado necesitaba camuflarse de gesta patriótica y para eso, necesitaba culpar a los miembros y partidarios de la Unidad Popular como los únicos responsables del descalabro nacional y el caos que se agudizó solamente unos meses antes del golpe. Pinochet necesitó recurrentemente estigmatizar y condenar la figura del político, del intelectual y del artista. Eran piedras de tope ante su inopia mental y su burdo espíritu militar. La dictadura necesitaba castigar al político y desacreditar la práctica de la política para evitar todo polo de reorganización social que se opusiera a la transformación capitalista y recuperara prontamente la vida cívica y la democracia.

Fue así, con esta idea central de eliminar el ejercicio de la política como un derecho ciudadano, que la dictadura formó “aparatos de seguridad” (se entienden las comillas) y un cuerpo represor que evitara toda posibilidad de reorganización social a través de los partidos políticos, organizaciones gremiales, juntas de vecinos y cuerpos colegiados. Se prohibieron las elecciones democráticas de centros de alumnos tanto en los liceos como en las universidades. Para ellos había que restaurar, reconstruir el país y extirpar el “cáncer marxista”  a como diera lugar y usando todos los métodos de contención y represión.

En esta domesticación obsecuente al poder total, pronto surgió la figura del censurador que vigilaba, la palabra cuestionadora, la palabra insurgente, la palabra rebelde, la palabra clandestina, la palabra subversiva, la palabra redentora y liberadora. De esta manera la dictadura militar cosificó el lenguaje, las cosas y el espíritu nacional. Cada vez que resurgía un intento de cuestionar su “proyecto redentor” y hacerlo tambalear, emergía la frase: “esos señores políticos”.

Con esta frase Pinochet evitó cargos de conciencia para que la CNI torturara, matara e hiciera desaparecer a dirigentes políticos que despreciaba y era necesaria la complicidad ciudadana de tal desprecio.

Los que se salvaron y partieron al exilio o alcanzaron a arrancar, fueron foliados como los responsables emblemáticos que era necesario condenar y separar de la sociedad chilena. Todos debían apuntarlos con el dedo, como lo peor que botó la ola. Carlos Altamirano, sindicado como el intransigente, el gatillador del clima de tensión social por sus discursos implacables contra la derecha facciosa, gran orador y de una moral revolucionaria apasionante, dijo en el exilio: “Mientras yo sea el gran culpable del fracaso de Allende, todos los demás pueden dormir tranquilos”.

Sin duda, los sentimientos de culpa comenzaban a hacer estragos en el exilio y eso provocaba desánimo, confusión, desconexión con los que dábamos la lucha desde el interior. Muchos de ellos eran jóvenes, como los de ahora, que quisieron cambiar el país para mejor y soñaron y se ilusionaron con la vía pacífica del socialismo chileno. Estos líderes hubieron de soportar el destierro, el desprecio, rearmarse a duras penas en el exilio, con matrimonios desechos e hijos crecidos y nacidos en vientos que resoplan la hojarasca en otros idiomas.

Hoy, sigue en el alma nacional el desprecio por el ejercicio de la política, de la clase política y de los políticos. Este desprecio por la figura del político y la política es el triunfo más potente y simbólico de Pinochet; lo dejó en el ADN del alma nacional.

La derecha está feliz con el troleo y desprecio lacerante hacia los políticos de la Concertación, promulgado principalmente por Gabriel Salazar, Marcel Claude y Alberto Mayol, quienes se han instalado como los referentes e íconos, que con libros, artículos, declaraciones, entrevistas y conferencias, tienen una especial fruición por ver coronados sus pregones de ver a una clase política destruida y desaparecida. Sería una suerte de triunfo intelectual para ellos, con la connivencia histórica del legado pinochetista, terminar de catapultar a la Concertación, con el último bazucazo dado por ellos, ni siquiera por la derecha.

Es deprimente, escalofriante, desesperanzador, constatar que a veinte años de haber derrocado a la dictadura pinochetista, no hayamos podido derrocar esa lacerante y troleante frase: “esos señores políticos”.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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