Los políticos y los jóvenes: una ecuación desbalanceada
Es un grueso error decir que la política no cambia a la sociedad, el problema es: que los actuales políticos no ayudan a cambiar ni la política ni nuestra sociedad.
Ha ocurrido en gran parte del orbe, en especial en Europa, el descontento de la juventud con la clase política. En Chile se notó con fuerza el año 2011, cuando miles de jóvenes protestamos por el tema de la educación. La tónica ha sido la pérdida de espacios ocupados por la juventud y cómo canalizar sus demandas. Amigos míos y conocidos siguen la misma dinámica. “A mí la política no me interesa”, “que se vayan al carajo los políticos ladrones”, “¿para qué votar si el político c…. no me representa?”.
Sin duda debemos hacernos la pregunta: ¿Por qué la Juventud presenta este planteamiento tan nefasto para la democracia?
Debemos remontarnos antes del inicio del periodo democrático. Gracias a decenas de jóvenes que deseaban una mayor apertura política, al estar inmersos en una dictadura, que violaba sistemáticamente los Derechos Humanos, restringiendo la libertad de expresión y de movimiento. Fueron estos jóvenes los que iniciaron el periodo de agitación en contra del Régimen Militar. Lo que desencadenaría posteriormente en el Plebiscito de 1988, donde estos jóvenes, algunos de los cuales no conocían el proceso eleccionario emitieron su preferencia en aras de una apertura política. Al ser electo el Presidente Aylwin, comenzaría el periodo de la Concertación que sin duda sintonizaba con aquella juventud, entregándole luces de esperanza y optimismo. Pero las promesas no cumplidas defraudaron las expectativas juveniles al concluir los 20 años de la coalición de centro izquierda. Los números lo confirman, se redujo drásticamente la participación de los jóvenes en política desde el Plebiscito de 1988, hasta el día de hoy. Inclusive no viéndose una mejoría, según las encuestas recientes desde que se aprobó el voto voluntario e inscripción automática.
Es un grueso error decir que la política no cambia a la sociedad, el problema es: que los actuales políticos no ayudan a cambiar ni la política ni nuestra sociedad.
Muchos jóvenes del periodo del plebiscito, formarían parte de los gobiernos concertacionistas, y a pesar de esta experiencia, no incentivaron la participación política juvenil, no devolviéndole la mano a aquellos que los precedieron.
La participación ciudadana de los jóvenes en los gobiernos concertacionistas, qué duda cabe, tendría que haber sido la lógica y no permitir que el padrón electoral envejeciese, como sucedió.
A mi juicio uno de los principales factores, fue la eliminación de la educación cívica de la malla curricular. Esta no es sólo una derrota en el ámbito de la política, sino social y hasta cultural. Las consecuencias están a la vista. La juventud que no entiende el sistema político e institucional. Menos aún el económico, por lo que están en clara desventaja. A los futuros ciudadanos se les sacó de raíz su principal carta de defensa. Sí antes era un anhelo ser ciudadano y me atrevería decir, un honor, hoy en día es un estorbo y peor aún, un castigo.
La poca representación en los canales institucionales y la casi nula aceptación a las solicitudes de cambio en el ámbito educacional, por parte de las autoridades competentes han permitido que los jóvenes nos autoexcluyéramos de la política y no creamos en el poder de cambio de esta. Nuestros “representantes” al fin y al cabo están enclaustrados en el statu quo y no atendiendo a las nuevas generaciones.
Al parecer a muchos políticos no les interesa la participación de los jóvenes en política. Prefieren mantener el antiguo padrón aunque hayan aprobado la inscripción automática. Mínimas campañas de incentivo al voto, pero ¿Votar por un candidato que no me representa? ¿Dónde están los candidatos de mi generación que entienden las problemáticas actuales? Nos hemos quedado en el pasado con una representatividad añeja, por culpa de los políticos que insisten en mantener esa camisa de fuerza que impide la democracia, que es el sistema binominal.
El día en que los partidos políticos permitan la inclusión de jóvenes en cargos de representación popular, entregándoles la confianza necesaria para realizar cambios en sus localidades, regiones e incluso el país, será un día glorioso.
Ser joven el decir de algunos, es no tener experiencia. Pero la sola experiencia, no significa que haré lo mejor para mi país, como lo demuestran a diario la mayoría de los políticos que nos gobiernan. Lo que sí sabemos los jóvenes de hoy es que no cometeremos los mismos errores de ustedes señores del Parlamento y del Gobierno.
Muchos jóvenes con ideas innovadoras, en regiones distantes de la Región Metropolitana, creen en mejorar las desigualdades de sus zonas. Volvamos a tener espacios de juventud, donde el esparcimiento y la inclusión promuevan su participación. No sería un error fomentar sedes juveniles, mayor creación de áreas deportivas y culturales. La organización de la “Juventud”, el INJUV, no está a la altura de las necesidades de los jóvenes, es una institución totalmente distante a esta. Queremos ser agentes del cambio y no meros espectadores de la debacle a la que nos arrastra la clase política actual.
Promovamos un sistema electoral participativo y no excluyente como el actual. La dinámica no puede ser que el que tiene más fondos sea el que compita con ventaja, lo lógico es que gane el que tiene un mejor programa.
Claramente jóvenes de 18 y más años -los menos- han decidido participar en el actual proceso eleccionario como candidatos a concejales, puesto que quieren ser escuchados y cambiar sus entornos: No por ellos, si no por los jóvenes de sus comunas. Pero según las encuestas sólo un 14% de quienes dijeron que votarían en los comicios de octubre pertenecen a la «camada» de nuevos inscritos que ingresaron al padrón este año, mientras el resto -un mayoritario 86% – se compone de personas del padrón «antiguo» y que han participado en otras elecciones. “Solamente el 43,2 % de los jóvenes entre 18 y 29 años estaría dispuesto a participar en los comicios de octubre próximo.
Espero que el día de mañana, un joven de la misma edad que yo, sepa interpretar el sistema político y económico del país. La clase política debe interesarse por los jóvenes y no hacer oídos sordos, por el bien de Chile y de su gente.
Es un grueso error decir que la política no cambia a la sociedad, el problema es: que los actuales políticos no ayudan a cambiar ni la política ni nuestra sociedad.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.