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La Haya y Ley de Pesca: ¿Ese mar que tranquilo te baña?

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Muchos han dicho que en La Haya se está defendiendo el mar para que esas siete familias no pierdan su patrimonio- antes fue peor, se defendió a los ingleses en el asunto del guano y el salitre en la sangrienta Guerra del Pacífico que hasta ahora tiene coletazos en un tribunal holadés- en un ya tradicional colaboracionismo a ultranza con los inversores.


La Haya tensiona el tema de la soberanía marítima frente a un otro «usurpador» y se cruza haciendo evidente reflejo de lo que sucede amparado por ley dentro de nuestras mismas fronteras.

Ya hemos visto una serie de excentricidades. Y es que todo lo que llega a instancias legales, parece tenerlas. La Ley de Pesca ha dado más trabajo que la Ley de Divorcio. Y si le sumamos el tema «marítimo» de la Haya quizás tengamos una problemática histórica, de esas que son evidencia de un proceso.

Pobres peces. Todo por sacarlos y hacerlos harina para que coman los cerditos de Freirina, en el mayor campo de concentración de L.A, ya que la población total terminado el proyecto será de 2 millones de puerquitos,  o de otra faenadora de Agrosuper  u otra empresa de la industria de la carne del mundo. Porque convengamos. No somos consumidores de pescado.

Pues bien. Quien se dedicó a ver las largas horas de discusión en el Senado, sabe del parecido que tuvo el honorable debate,  a gag de Medio Mundo con Andrés Rillón incluido. La afición política tiene que ver con la exposición pública, con el discurseo de lo que se «debe» hacer por el bien «público», ¿pero cual es ese bien público cuando está privatizado? Y de ahí esa imagen de verdadero teatro del absurdo.

Si se dan cuenta, el bien mayor es el crecimiento al 6,7% sin sopesar las «externalidades», por intereses que por consiguiente, no apelan al derecho al buen vivir que deberían ser resguardado por el Parlamento, nuestros representantes en el Estado de Derecho.

Pero toda creación de una ley guarda una trastienda realizada territorialmente, en este caso, en cada pueblo costero por una ONG y operadores políticos financiados por las pesqueras en otras esferas, por ejemplo El Congreso, como acusa el rumor del Blog  la vieja copuchenta. Podríamos darle crédito ante la evidencia de que el lobby no está regulado en Chile.

Y no podemos decir que no despierta suspicacia el fundamento de la Ley Longueira para concentrar el mercado en siete «actores»: La sustentabilidad,  criterio técnico, por lo tanto irrefutable en su categoría de ciencia. Es por eso que consignó el apoyo de Greenpeace internacional, en la persona de Cat Domey, experta en sustentabilidad en pesca mundial que «apoyó la sustentabilidad que garantiza el proyecto de la Ley de Pesca».

También lo hizo Oceana  mediante su director, Alex Muñoz, que subrayó la importancia de esta reforma: “Proteger el fondo marino de actividades destructivas como la pesca de arrastre, especialmente en los montes submarinos y otros ecosistemas marinos vulnerables, es una medida fundamental para tener una pesca responsable. Se trata de la limitación más fuerte que se ha visto en Chile a la pesca de arrastre”.

Pero a pesar de estas medidas, los pescadores artesanales por razones que atienden principalmente a que son extractores pyme del viejo océano, no la valoran ni un poco. Conocen las argucias y saben que otra cosa es con guitarra o espolón. Las redes del sistema permiten que finalmente la «multa» o «sanción» por sobrepesca sea perfectamente redituable y aparte, que la ley no siempre funciona mar adentro.

Los criterios científicos, son un aporte, qué duda cabe. Aunque no podemos  negar la experiencia de cómo son las cosas a la chilean way.

Con una Institucionalidad Ambiental inconsistente y para nada institucional por los vaivenes e intromisiones dado a una puerta batiente entre sector público y privado; es imposible fiarse. Vemos en la generalidad situaciones indignantes a causa del criterio de «progreso por sobre la salud de los habitats y de los habitantes» lideradas por el mismo gobierno, solicitada por los empresarios y aplaudida por las Ongs, institutos, universidades y todo quien venda estudios de criterio técnico y de sostén ético en el caso de las  fundaciones.

Recordemos que la Ley de Pesca es «buena» dado a que las mil indicaciones han sido debatidas y amononadas. Pero las leyes se hacen para romperlas como dijo Diego Portales. Por lo cual sabemos desde la misma Constitución de Chile, que en algunos aspectos hasta puede ir empeorando, en la práctica digamos.

Como sea, los 4 mil kilómetros de costa no parecen ser tener voluntad de ser un «mar que tranquilo te baña» y menos de prometer «futuro esplendor», no por lo menos para todos. La Guerra del Pacífico marcó nuestros límites como nación y dentro de este límite ha sido capturado por la industria pesquera.

La Haya  tensiona el tema de la soberanía marítima frente a un otro y se cruza haciendo evidente reflejo de lo que sucede amparado por ley dentro de nuestras mismas fronteras. Angelini, Sarkis, Stengel, Cifuentes, Jiménez, Izquierdo y Cruz,  se han fusionado en tres grandes conglomerados controlando el 76% de  la  capacidad pesquera industrial del país.

Muchos han dicho que en La Haya se está defendiendo el mar para que esas siete familias no pierdan su patrimonio- antes fue peor, se defendió a los ingleses en el asunto del guano y el salitre en la sangrienta Guerra del Pacífico que hasta ahora tiene coletazos en un tribunal holadés- en un ya tradicional colaboracionismo a ultranza con los inversores.

Ante esta verdadera red de poder no es mucho lo que podemos hacer en cuando a la Ley de Pesca, o Freirina. Es cándido y no ayuda quizás mucho, pero es un intento. ¡Coma más pescado! Los restauranes peruanos los preparan muy bien. Compra a los pequeños locatarios. No compres envasado. Informate. Mantente alerta y comienza a plantearte estos problemas con ánimos de reflexión y no de chovinismo. Algo es algo. Aunque sea una gotita en un mar que quizás nunca nos ha pertenecido más que como simbólica promesa.

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