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La política de desarrollo productivo en Chile

por 31 diciembre, 2012

La economía chilena se caracteriza por una enorme heterogeneidad productiva, entre grandes empresas y pequeñas empresas, entre territorios ricos y territorios pobres, entre sectores económicos dinámicos y sectores atrasados. Los resultados de esta heterogeneidad están a la vista y precisamente son la mala distribución del ingreso.
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Desde mediados de los 80' y hasta ahora, el país ha tenido éxitos importantes en abrir la economía a las oportunidades que brinda la globalización de los mercados, disminuir la pobreza en el país, mejorar el bienestar de los habitantes, aplicar políticas sociales focalizadas en los más débiles, así como asegurar derechos mínimos ciudadanos en las áreas de la educación, la salud y las pensiones. No obstante lo anterior, la mala distribución del ingreso se ha transformado en un “nudo gordiano”, de carácter endémico y muy difícil de resolver.

En el largo plazo, existe consenso de que deben mejorarse sustancialmente los niveles de educación de la población, para así generar las condiciones básicas y necesarias para un desarrollo que sea sustentable. Debe ser prioridad nacional dar impulso a una reforma educacional que tenga como pilar básico forjar una educación de calidad para los chilenos. Hay que tener presente que el ciclo educativo puede demorar hasta 20 años, antes de que empiece a dar sus frutos. En consecuencia, resulta importante poder acompañar las políticas educacionales que son de largo plazo con otras políticas de desarrollo, que se construyen a partir del corto plazo y que son consistentes con el objetivo de un desarrollo económico y social  inclusivo.

La economía chilena se caracteriza por una enorme heterogeneidad productiva, entre grandes empresas y pequeñas empresas, entre territorios ricos y territorios pobres, entre sectores económicos dinámicos y sectores atrasados. Los resultados de esta heterogeneidad están a la vista y precisamente son la mala distribución del ingreso.

La productividad del trabajo está en la base de la formación de los salarios y por lo tanto habría que auscultar allí para poder establecer las remuneraciones del factor trabajo. La economía chilena se caracteriza por una enorme heterogeneidad productiva, entre grandes empresas y pequeñas empresas, entre territorios ricos y territorios pobres, entre sectores económicos dinámicos y sectores atrasados. Los resultados de esta heterogeneidad están a la vista y precisamente son la mala distribución del ingreso.

La política de desarrollo nacional debiera apuntar entonces a reducir la heterogeneidad productiva y con ello se aumentará la productividad de las empresas, acrecentarán las remuneraciones laborales y disminuirá la desigualdad entre ricos y pobres.

A continuación, los énfasis que debiera tener una política de desarrollo inclusiva en el país:

Primero, establecer una macroeconomía que tenga como objetivos específicos el desarrollo económico integral, el crecimiento sostenido y la estabilidad macroeconómica del país. Los responsables de la conducción de la política macroeconómica debieran ser el Banco Central, el Ministerio de Hacienda, pero también el Ministerio de Economía.

Segundo, apoyar el desarrollo productivo de las empresas de menor tamaño. La productividad medida por ventas en una empresa “grande” es diez veces mayor que en una PYME. Mejorar la productividad de las empresas de menor tamaño permitirá mejorar las remuneraciones del 80 % de los trabajadores chilenos.

Tercero, impulsar políticas de desarrollo económico local y regional, estableciendo orientaciones y planes estratégicos de desarrollo, en cada caso. También es imperioso poder avanzar en la regionalización,  en la descentralización y en la desconcentración de la economía nacional.

Cuarto, impulsar los emprendimientos basados en el desarrollo tecnológico y la innovación (I+D). El desarrollo de la economía requiere agregar valor a las actuales exportaciones de recursos naturales, así como también de empresas industriales y de servicios que sean líderes a nivel global.

En síntesis, modelar una estrategia de desarrollo económico para los próximos 20 años debiera ser una prioridad nacional, que permita lograr la igualdad de oportunidades y mejorar la distribución de ingresos de los chilenos.

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