Un Intento de Balance
Una vez le oí decir a un experto abogado tributarista: «Todo parecido entre un balance y la realidad es mera coincidencia». Es así como a la hora de los balances sobre la situación del país los diagnósticos difieren mucho, según si quien los formula es oficialista u opositor. Es lo mismo que en los tribunales: si te toca una sala de izquierda y eres de derecha, estás embromado; y si te toca una de derecha (a estas alturas eso es virtualmente imposible) te salvaste. Porque todo parecido entre una sentencia judicial chilena y la verdadera justicia es mera coincidencia.
Entonces, veamos algunas partidas del balance: económicamente el país está bien. La regla de oro es que si el PIB crece más que los precios, vamos para arriba, y así es. El desempleo baja, de eso no cabe duda, aunque hayan cambiado la encuesta y eso haya significado que la estadística se «ablandara» y pasara a considerar ocupados a muchos que antes catalogaba como cesantes. Pero el hecho es que hay más ocupaciones.
Sin embargo, el crecimiento actual está fundado en un exceso de gasto. Las últimas cifras de producción manufacturera y minera son exiguas, pero las ventas aumentan fuertemente. El país está gastando más de lo que le ingresa y el déficit en cuenta corriente con el resto del mundo aumentará a 4,6% del PIB en 2013. ¿Recuerdan la «ecuación de Micawber», en David Copperfield?: «Entradas 20 libras; gastos 19 libras 19 chelines 239 peniques, igual Felicidad; Entradas, 20 libras; gastos, 20 libras un penique, igual Miseria». Tarde o temprano la ecuación de Micawber pasa la cuenta. Tendremos que ajustarnos.
Socialmente el país está mal. No hay autoridad. Aquí los violentos consiguen lo que quieren. En la Araucanía hay un clima de terror. El gobierno no quiere, por ningún motivo, que pueda haber una víctima entre los subversivos, porque la izquierda se le vendría encima. Éstos pueden balear y quemar carabineros y pueden matar a civiles no alineados, y a nadie le importa, pero un muerto subversivo puede tener un costo político astronómico y provocar una caída en las encuestas. Y al Presidente lo que más le importa son las encuestas. Agrosuper perdió 400 millones de dólares porque grupos violentos bloquearon su planta de Freirina. Otra planta de cerdos está siendo bloqueada por la fuerza por protestas ambientalistas. Se pierden inversiones y empleos sin más remedio. Las instituciones no funcionan.
Además, el país tiene un problema energético. La primera mala señal la dio el Presidente cuando anuló con un llamado telefónico el proyecto de Barrancones. Es que Amaro Gómez-Pablos tenía una grabación en que el candidato Piñera prometía que no iba a permitir Barrancones, y ese proyecto, que pasó todos los tests ambientales y administrativos y era necesario para el abastecimiento energético, debió sucumbir. Porque Amaro Gómez-Pablos tenía la grabación y eso quizás qué efecto podría haber producido en las encuestas. En fin, después frenaron Castilla y ha quedado empantanado HidroAysén. El futuro energético está en riesgo. Falta autoridad para superarlo, pero no hay autoridad.
Entonces, el presente parece promisorio, pero el futuro no lo es. El político vela por la próxima elección o encuesta, el estadista vela por la próxima generación. Y el país lo preside un político.
Pero Standard & Poor’s subió la clasificación de riesgo de Chile a AA-. Estamos cerca de los EE. UU., que tienen AA+ . Pero ellos tienen «precipicio fiscal» y nosotros no. A todo esto, Standard & Poor’s tuvo en cuenta la reforma tributaria para subir la calificación, cuando habría debido hacer todo lo contrario, pues tal reforma no va a contribuir al crecimiento, dado que sustrae recursos de los particulares, que invierten en general bien, para entregárselos al Estado, que crea entes como la Comisión Nacional de Acreditación, que encarece los servicios de enseñanza sin mejorar su calidad. Donde está el Estado hay ineficiencias y pérdidas. Malgasta recursos y alienta la corrupción. Pregúntenles ustedes a cualquier empresario, con la condición de que sea «off the record». Y las pérdidas de los FF. CC. estatales van en US$1.800 millones, casi dos reformas tributarias. Las de ENAP van en US$4 mil millones, cuatro reformas tributarias. ¿Y Standard & Poor’s dicen que darle más plata al Estado es bueno, sobre todo que ella, en este caso, va a la peor educación, la pública, y no a la mejor, la particular pagada? Yo habría subido de rating a Chile si hubiera sido al revés, si el Estado se hubiera desprendido de mil millones de dólares para financiar la libre lección de establecimientos escolares por las familias pobres, el mejor remedio para la desigualdad de enseñanza y de ingreso.
Última línea del balance, en consecuencia: Chile está bien, pero necesita autoridad para restablecer el orden público y sacar adelante los proyectos energéticos. También necesita un ajuste de su gasto.
En otras palabras, requeriría un verdadero gobierno de derecha. Lo malo es que se avizora todo lo contrario, otro gobierno de izquierda.