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U. del Mar, un principio del final

por 5 enero, 2013

Eufemismos más o eufemismos menos, estamos de acuerdo que aquí se han cometido delitos, delitos todos punibles. Hay edificios, inmobiliarias, triangulaciones, depósitos, fortunas personales y otras propiedades que debieran ser el respaldo económico para cubrir el daño financiero a los defraudados.
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Cerca de veinte mil estudiantes y digamos unos cuarenta mil padres -las cifras aún no están claras-  fueron estafados  durante años por un consorcio privado “universitario”, cuyo negocio principal era, entre otros,  el arriendo de los edificios de la propia universidad a la universidad misma en una “cuchufleta” absolutamente burda y delictual.

Si tomamos una media de tercer año para los estudiantes estafados, se tiene un promedio por lo bajo, de nueve millones de pesos de estafa por estudiante, agregando sin cálculo los tres años de vida en la práctica casi perdidos, incluyendo en esto los créditos otorgados por la propia universidad.

Los montos de esos créditos fueron oportuna y astutamente traspasados a una entidad de cobranzas externa independiente. Por favor, ¿nadie puede detener esto?

Eufemismos más o eufemismos menos, estamos de acuerdo que aquí se han cometido delitos, delitos todos punibles. Hay edificios, inmobiliarias, triangulaciones, depósitos, fortunas personales y otras propiedades que debieran ser el respaldo económico para cubrir el daño financiero a los defraudados.

Si calculamos, así en bruto, la estafa alcanzaría del orden de  los 180.000.000.000 de pesos chilenos. Como nos fue mal en la PSU este año, podemos leer: ciento ochenta mil millones de pesos chilenos. Con profesores impagos, laboratorios deplorables, aulas minimalistas y un título enlodado, que ya casi vale nada en el mercado global… las preguntas son muchas. ¿Quién paga todo esto?, ¿donde está toda esa plata?, ¿hay algún tipo de resarcimiento  moral, económico y de justicia para el universo estafado?, ¿hay resarcimiento para la sociedad engañada?, ¿hay alguien en la cárcel por causar y usufructuar de todo este daño?

¿Hay culpa del estado de Chile?, claro que si, la falta de supervisión, la acreditación trucha y el mal e inevitable final, son culpa del Estado de Chile, que debiera garantizar en todo su territorio que las universidades son universidades. Pero la culpa se distribuye también concretamente hacia abajo, aquí hay varios delitos comprobables, miles de millones de pesos,  miles de estafados, millones de dólares en infraestructuras.

Lo que pretendía la supuesta oferta de una iglesia evangélica para “salvar” a la Universidad del Mar, era al final mantener el usufructo de la estructura inmobiliaria, que era a todas vistas uno de los tantos ejes de la estafa, el lucro mal disimulado, todo impresentable hasta el final. El gobierno sólo suspendió  la personería jurídica de la Universidad del Mar.

Obviamente la única vía clara y posible para resarcir la parte profunda  de los daños es la jurídica, ni el Gobierno, ni su Ministerio, ni el Congreso de la República, aparecen hasta hoy día, dos meses después del cierre,  preocupados como corresponde de los delitos cometidos. Aparecen preocupados de la reinserción académica de los miles de estudiantes defraudados, a modo de disolver lo más rápido que sea posible la parte más visible del problema. En eso Chile será solidario y caso a caso, eso se logrará.

Pero, ¿alguien habla de los hasta cinco años que han perdido de su vidas los estudiantes de la Universidad del Mar?, ¿ los títulos enlodados? ¿y los centenares de profesores y paraacadémicos  que perdieron su trabajo, muchos que aun están impagos y que están borrando con ácido de sus currículos el haber sido actores en esta mala historia?.

Su excelencia el Presidente de la República de Chile ha dicho, en el encuentro 2013 con los mejores puntajes PSU,  que la Universidad del Mar había “defraudado” a sus estudiantes, no dijo estafado, pero según la Real Academia de la Lengua Española, RAE,  Defraudar es: “Privar a alguien, con abuso de su confianza o con infidelidad a las obligaciones propias, de lo que le toca de derecho”. Más claro, Fraude en su acepción 3 dice;  m. Der. “Delito que comete el encargado de vigilar la ejecución de contratos públicos, o de algunos privados, confabulándose con la representación de los intereses opuestos”.

Eufemismos más o eufemismos menos, estamos de acuerdo que aquí se han cometido delitos, delitos todos punibles. Hay edificios, inmobiliarias, triangulaciones, depósitos, fortunas personales y otras propiedades que debieran ser el respaldo económico para cubrir el daño financiero a los defraudados. Yo he sido más duro al definir,  he dicho porque me pareció más claro: los estudiantes de la Universidad del Mar fueron “estafados”. La RAE dice: Estafa, definición 2, tr. Der. Cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio“.

Aquí se leen cuatro  palabras clave para no olvidar en la historia de la educación chilena: Delito, Lucro, Engaño y Abuso.

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