¡Michelle, Que Se Nos Va Febrero!
Y además tienes al frente a esta niñita que han puesto ahora en la Segegob y que te ha llamado ¡a pedir perdón! Es atrevida. Dicen que tiene mucho arrastre popular y que, ella sola, te puede bajar del pedestal. ¡Calcula su audacia, conminarte a ti, la del «nunca más», con el cual exigías a otros pedir perdón! La vida tiene sus vueltas.
Tú estás de vacaciones en Caburgua, con ocasionales escapadas a Tunquén, y yo lo estoy en uno o más lugares que no voy a revelar por razones de seguridad, porque mis adversarios, a diferencia de los tuyos, «funan», y eso puede significar cualquier cosa. Lo que ambos tenemos en común es que se nos va febrero y tenemos que decidir. Tú, si «vas» o «no vas»; yo, si escribo un «ideario de la derecha». Te explico: acabo de leer el libro de Jovino y de enterarme que es un ideario de la centro-derecha. ¿Y el de la derecha, qué? No es que ella o su ideario no existan, es que nadie se atreve a escribirlo. Bueno, con esto tenemos dos centro-derechas: la de Jovino y, se supone, la UDI (aunque nunca se sabe, porque, por ejemplo, Moreira y Longueira, me parece, no están en esa centro-derecha, sino en la otra, que es la «nueva», la del segundo piso, Piñera, Hinzpeter y otros tipos así). Sobre el ideario de esta última no es necesario que nadie escriba porque es casi igual al de la Concertación, el cual, entre paréntesis, es cada vez más difícil de discernir.
Pero el problema grave es el tuyo, no el mío. Si yo no escribo el ideario de la derecha no pasa nada y nadie se da cuenta de lo frustrado que quedo, porque, además, nadie cree que la derecha a secas tenga ideario. Pero tú tienes que decidir en marzo, y febrero se termina a pasos agigantados. Y está saliendo todo el proceso del 27/F, en el cual todos se quieren «sacar el pillo» contigo, como siempre pasa en Chile. Y tú simplemente no vas a poder, porque estabas al mando y estabas ahí, requetecontra filmada y grabada. Yo recuerdo haberte oído que si le decías a la gente que se iba a salir el mar, la gente se iba a aterrar, aunque no sé si te lo dijo en ese momento la Jupi, pero era obvio que estabas de acuerdo; y como todo el tema es ése, porque si bien la gente no se aterró, hubo muchos que por eso murieron ahogados, entonces ¿qué vas a hacer cuando se te recuerde una y otra vez que no había que decirle a la gente que se iba a salir el mar?
Si «vas» ése será el leit-motiv de la campaña. Y no será lo único. No sé si leíste hoy en «El Mercurio» las pérdidas de 700 millones de dólares anuales del Transantiago, que Piñera las ha podido reducir apenas. Te van a seguir penando. El disparate fue idea de Lagos, todos lo sabemos. También sabemos que a ti «no te tincaba», como dijiste después, pero lo consumaste. Y, más encima, casi todas las cifras de tu gobierno fueron malitas. ¿Leíste la columna de Sergio Mlenick, el otro día en «La Segunda», «Por qué Bachelet No»? Terrible e irrefutable, tanto que nadie, que yo sepa, le replicó.
Y además tienes al frente a esta niñita que han puesto ahora en la Segegob y que te ha llamado ¡a pedir perdón! Es atrevida. Dicen que tiene mucho arrastre popular y que, ella sola, te puede bajar del pedestal. ¡Calcula su audacia, conminarte a ti, la del «nunca más», con el cual exigías a otros pedir perdón! La vida tiene sus vueltas.
Y febrero se nos termina, Michelle. Para ti es más terrible eso que para mí, porque yo otras veces he escrito un libro en veinte días, en cambio si tú «vas», ya entras de lleno al infierno, el 27/F, las platas perdidas, «la cosa chilena», que tiene todo ese trasfondo que tú y yo conocemos; y el recuento del pasado más remoto, la ayudista del MIR, la conviviente del vocero del Frente y tanta otra cosa que «pasó piola» el 2005 sólo porque al otro lado había tejado de vidrio.
Yo, mañana mismo, empiezo a escribir. Tú, supongo, tendrás que seguir pensándolo, para decidir si prefieres ser homenajeada en todo el mundo, posible sucesora de Ban Ki Moon, o vapuleada en Chile sólo para volver a la «casa donde tanto se sufre», como decía el León, y sin certeza de que lo puedas lograr. El reloj nos está corriendo a los dos.