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Expansiones de Último Año

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Me sometí anoche (domingo) a la «cadena voluntaria» de TV desde la cual se nos comunicó a los chilenos el feliz tercer aniversario de este «V Gobierno de la Concertación». Corroboré que su «relato» sigue siendo centroizquierdista. Sin duda, dejará bien preparado el camino para que el VI profundice.

Por supuesto, todos nos alegramos del buen pie económico en que, se nos reveló, está el país. Pero los que formamos la oposición de derecha advertimos, una vez más, que no se está satisficiendo la «ecuación de Micawber» (Dickens), tan representativa de nuestro conservantismo económico: «Renta: 20 libras al año; gastos: 19 libras 19 chelines y 6 peniques = Felicidad. Renta: 20 libras al año; gastos: 20 libras y seis peniques = Miseria». Pues tenemos a Chile en la segunda parte de esta ecuación: gastando más de lo que genera. El «Financial Times», siguiendo una advertencia que he reiterado en este blog (solemos coincidir), en su edición del 5 de marzo titula: «¡Chilenos, paren de comprar cosas!». Y cita a Michael Henderson, de «Capital Economics», según el cual «el crecimiento de dos dígitos en el gasto de los consumidores (chilenos) es insostenible y debe ser moderado, si es que la economía quiere evitar almacenar problemas para el futuro».

Pues, en efecto, si bien en apariencia todo marcha bien, como no podía menos de ocurrir estando tan alto el precio de nuestra principal exportación, el cobre, no nos estamos comportando como la Biblia enseña que debe hacerse en los años de vacas gordas y como Nicolás Eyzaguirre impuso en su tiempo, al instituir el superávit estructural de 1%. Ahora, y ya por cinco años, tenemos déficit estructural, es decir, nos estamos gastando parte del sobreprecio del cobre, en lugar de guardarlo todo para los años de «vacas flacas». Éstas, tarde o temprano sobrevienen, ya fuere por crisis asiática, por burbuja de las punto.com o por la idea socialista de Clinton de venderles casas a los «ninjas» («No Income, No Job or Assets»), lo que generó la crisis subprime. Entonces, deberíamos destinar todos los ingresos extraordinarios a reservas. Gracias a que las había, salimos bien parados del apuro en 2009. Ahora ellas se están reconstruyendo, pero sólo en parte, pues no se cumple la regla vigente de superávit estructural, pese a haberse «ablandado» la de Eyzaguirre y bajado a 0,5% del PIB.

En consecuencia, este año nos encaminamos a un déficit de nuestra cuenta corriente con el exterior de 4,6% del PIB, desequilibrio que ha crecido año a año. Nos estamos enviciando con gastar más de lo que nos ingresa.

Por supuesto, a todos nos da felicidad el bono de 40 mil pesos a personas necesitadas, más $7.500 por cada hijo, anunciado anoche. La derecha opositora siempre ha simpatizado con la idea de que el Estado –que es el chileno más rico de todos– le devuelva plata a la gente pobre. Por eso hemos abogado por el voucher para pagar la educación, donde cada familia pobre elija el mejor colegio; y también por similar sistema libre y privado en la salud, en vez de las enormes sumas que el Estado dilapida en esos fines y que este gobierno ha incrementado.

Además, no olvidemos que el bono de 40 mil pesos va directo al consumo, cuyo exceso es la causa del déficit de la cuenta corriente.

Por último, el aumento anticipado del salario mínimo obligatorio es otra medida típica de izquierda. Los de la oposición de derecha sostenemos que dicho salario obligatorio, (1) Excluye del mercado formal del trabajo a la gente de menos calificación, que es la más pobre; y (2) Por tanto, la lanza a la informalidad e incrementa allí la oferta de mano de obra, lo que tiende a bajar las remuneraciones en el mercado informal, que es el que da trabajo a los desplazados del mercado formal, es decir, a los más pobres. En otras palabras, es regresivo.

Pero estas cosas no se ven a primera vista. Luego, subir el salario mínimo obligatorio es una típica medida socialmente negativa, pero muy popular y apropiada para remontar en las encuestas. Y como ni siquiera la tiene que financiar el Gobierno, era obvio que, para un régimen de centroizquierda, la tentación era irresistible, no había dónde perderse y convenía decretarla.

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