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En qué creen los que no creen

por 3 abril, 2013

Por ejemplo, usted ruega a Dios, que la Roja gane, pero por si acaso, usted llevará su trébol de 4 hojas al partido. Los estudios demuestran que cuanto más educada es una persona, más probable es que se cuestione respecto a las religiones, pero al mismo tiempo tampoco las descarta.
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La renuncia inesperada de un Papa y la elección del primer Pontífice latinoamericano, argentino, está impulsando a mucha gente en Chile y el resto del mundo a analizar sus creencias religiosas o la ausencia de éstas. Los resultados pueden sorprender.

Sin conocerlos, puedo garantizar que casi todos los que lean esta columna creen en Dios o al menos en una intervención divina. Puede que no practique una religión en un sentido tradicional, pero cree que hay algo que controla e impacta a diario en su vida.

¿Por qué estoy tan seguro? Es la naturaleza humana, un instinto primario, entender nuestro papel en el cosmos y querer controlar nuestro destino. Por definición, el instinto primario significa seguir algo que no es tangible. Inmediatamente, de manera innata, necesitamos a algo para tener esperanza o alguien a quien culpar cuando las cosas van mal.

Por ejemplo, usted ruega a Dios, que la Roja gane, pero por si acaso, usted llevará su trébol de 4 hojas al partido. Los estudios demuestran que cuanto más educada es una persona, más probable es que se cuestione respecto a las religiones, pero al mismo tiempo tampoco las descarta.

Por ejemplo, usted ruega a Dios, que la Roja gane, pero por si acaso, usted llevará su trébol de 4 hojas al partido.
Los estudios demuestran que cuanto más educada es una persona, más probable es que se cuestione respecto a las religiones, pero al mismo tiempo tampoco las descarta.

Albert Einstein dijo: “Tengo una convicción profundamente emocional… de la presencia de un poder sobrenatural de razonamiento que se revela en este incomprensible universo… Eso forma mi idea de Dios”.

Una reciente encuesta realizada por el Instituto Pew y reporteada por CNN, habla sobre un rápido crecimiento de un grupo "religioso" en Estados Unidos, compuesto por personas que no tienen religión alguna. Uno de cada cinco estadounidenses no está afiliado a ninguna religión.

Los índices de los no afiliados, están creciendo incluso más rápido entre los estadounidenses más jóvenes en particular de 18 a 29 años de edad. Treinta y tres millones de estadounidenses no tienen ninguna afiliación religiosa, son 13 millones de personas en este grupo, que se identifican como ateos o agnósticos.

Hoy en día, es socialmente aceptable admitir que no practicas una religión.

Julis Hare un teólogo británico escribió en 1827 que “la vida es un guión entre la materia y el espíritu”, lo que continúa siendo cierto hoy.

Según CNN, Pew encontró que el 68 % de los no afiliados religiosamente dicen que creen en Dios, mientras que el 37 % se describe como "espiritual", pero no "religioso”. Uno de cada cinco personas, reconoció que incluso rezaba todos los días.

En Chile tenemos algo similar. Según la Encuesta Bicentenario Adimark-UC, un 19 % de la población encuestada no se identifica con ninguna religión, aumentado 7 puntos entre el 2006 y el 2012. Y, lo que es más grave, pensando en el futuro Papa, los que se declaran Católicos cayeron del 70 % de los chilenos el año 2006, al 59 % el 2012.

Con estas cifras, está claro que el Papa Francisco, debe encargarse de reencantar a una juventud que —como refleja la encuesta Pew— el 88 % no está buscando una religión con la que identificarse y que además da cuenta de un cambio cultural que nos debe competer a todos, no solo a quien es la máxima autoridad de la Iglesia Católica, pues estas cifras son síntomas de un cambio mayor, que requiere tener un cauce.

Actualmente, es aceptable admitir públicamente que uno no es religioso pero, esto no cambia nuestra necesidad humana de creer en la intervención divina.

En 1553, en su lecho de muerte, Francois Rabelais —escritor renacentista francés y erudito griego— expresó: “I seek the Great Perhaps”, “voy en busca del Gran Quizás”. Y al fin del día, ¿no es esto lo que todos buscamos?

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