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Michelle y Sus Tres Transantiagos Más

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Michelle Bachelet instituyó para los santiaguinos el Plan Transantiago, que significó reemplazar un sistema de transporte colectivo bastante libre, con 13 mil empresarios, que generaba excedentes de 63 millones de dólares anuales y trasladaba a los peatones desde donde estaban hasta donde querían ir, por otro sistema discurrido por algunos genios socialistas, que en siete años ha generado pérdidas de seis mil millones de dólares («and counting»), pagadas gracias al cobre; que eliminó a 9 mil pequeños empresarios y no lleva a los pasajeros desde donde están hasta donde quieren ir o lo hace en más tiempo, con más transbordos y a más costo. Entonces los chilenos, habitantes de un país que muchas veces ha sido llamado «Tontilandia», han decidido premiar a Michelle Bachelet por su genialidad , ratificada la noche del 27/F, con un gran apoyo para que vuelva a gobernar. Y ella ha tomado todas las ideas para hacerlo de la única parte que se le ha ocurrido, es decir, de las consignas que gritan quienes desfilan por las calles. De lo cual resulta que debemos prepararnos para, al menos y para comenzar, tres Transantiagos más, si ella gana la elección presidencial, asume el poder y hace lo que ha prometido.

Se viven tiempos parecidos a los de nuestro peor período del siglo pasado, si se exceptúan los mil días de la UP, que fue cuando hubo nueve gobiernos, entre 1931 y 1932. Uno de esos gobiernos fue la «República Socialista», cuyo «deus ex machina» era Marmaduke Grove, un coronel de la Fuerza Aérea que hacía todo lo que pedía la gente que lo vivaba en las calles. Una de cuyas cosas fue que los bancos le dieran crédito a casi todo el mundo y la otra fue que la Caja de Crédito Prendario les devolviera, a todos los que le habían pedido plata prestada, las cosas que habían empeñado, sin pagar. El resultado fue fantástico, pues la gente desfilaba entonces por las calles nada más que para vivar a Marmaduke. Lástima que un coronel Lagos, obedeciendo a un miembro de la Junta gobernante, Carlos Dávila, también socialista, pusiera término a la República de Grove, que entonces duró en total doce días. El gobierno de Dávila la sucedió y fue mucho más estable, pues duró noventa días.

Son cosas que hacen habitualmente los socialistas y si ustedes leen las declaraciones de los presidentes del PS y del PPD en «El Mercurio» de hoy, pueden estar ciertos de que las van a volver a hacer.

Michelle ya ha anunciado tres Transantiagos más, que pueden denominarse así en cuanto al desastre que van a provocar. El primero es el de la educación gratis para todos y el fin del lucro. Eso significa el término de toda la educación particular en Chile, porque «fin al lucro» envuelve prohibir que alguien se gane la vida fundando un colegio, un instituto o una universidad. Ya con la limitada persecución contra el lucro en las universidades, a la cual se ha sumado el actual gobierno (que toma los disparates de la Concertación al vuelo y cree que con eso va a subir en las encuestas), se ha producido un «pequeño Transantiago», porque cualquier cálculo al ojo de la pérdida de valor que eso implica para las universidades privadas arrojaría centenares de millones de dólares. Sin duda, viene una debacle parecida a la que habría tenido lugar si se hubiera impuesto la ENU de Salvador Allende, pues el resultado de concentrar toda la enseñanza en manos del Estado (única manera de que no haya lucro, salvo el de los burócratas) es el mismo que el de la ENU.

Un segundo Transantiago tendrá lugar cuando se descarte aplicar la Ley de Seguridad del Estado en la Araucanía, según ha prometido Michelle, porque eso significará «carta blanca» para tomarse tierras. Y como tomándose tierras la genial CONADI, ideada por Aylwin, las compra a buen precio a sus dueños y se las da a los tomadores, va a venir una avalancha, peor a la que ya ha tenido lugar, de ventas de fundos por parte de quienes saben hacerlos producir y tienen capital para ello (más ninguna gana de ser quemados dentro de sus casas) y entrega de los mismos a quienes no saben ni tienen capital para hacerlos producir. Métale papel y lápiz y le van a salir varios miles de millones de dólares de pérdida de valor en la agricultura del sur.

Un tercer Transantiago vendrá cuando el Estado se haga cargo de la salud. Ya la doctora Vivienne Bachelet, que seguramente interpreta muy bien a su pariente y colega Michelle, ha escrito a «El Mercurio» que el 3,5% del PIB se dedica a dar salud a 13 millones de chilenos, mientras el 4% del PIB se destina a 2 millones de chilenos, los cotizantes de isapres. Sus cifras están malas, porque sólo el 1% del PIB es para los cotizantes de isapres y ese 1% lo pagan ellos con sus cotizaciones y copagos, y no el Estado. Pero en Chile las cifras correctas no garantizan nada, así es que la doctora Vivienne Bachelet concluye: «Es preciso juntar voluntades para llevar a cabo la reforma del sistema de financiamiento de la salud en Chile, reponiendo la solidaridad como principio ordenador de captación y distribución de los recursos en el sector, en vez de insistir majaderamente en proyectos de ley cuyo único propósito es salvar el negocio de las isapres». Traducción: el negocio de las isapres no se va a salvar. Métale papel y lápiz y le va a resultar una destrucción de valor mayor que la del Transantiago original.

Aprontémonos, entonces. Andrade (PS) dijo: «nos faltó coraje y voluntad para enfrentar los abusos, y a veces nos pusimos del lado de los abusadores». ¿Quiénes son «los abusadores»? Los privados, obvio, porque «lucran». Eso ya lo ha establecido el «lenguaje de la calle». Quintana (PPD) ha dicho: «la sociedad chilena se hastió de seguir justificando las cosas que no hemos sido capaces de hacer». ¿Cuáles han sido «las cosas que no hemos sido capaces de hacer»? Yo les voy a decir: completar el legado de Allende. Y, para empezar, cuatro Transantiagos, en lugar de uno solo.

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